Octubre 21, 2003

LA REVOLUCIÓN ILEGÍTIMA Y LA DEFENSA DE NUESTRA LIBERTAD

Es menester reconocer la diferencia que existe entre los ideales genuinos y los ficticios, distinción tan fundamental como la que se da entre lo verdadero y lo falso. Todos los ideales genuinos expresan el deseo de algo que todavía no se ha realizado, pero que es necesario para el desarrollo y el bienestar de la sociedad. Sabemos que la pobreza, el hambre, la intimidación y el aislamiento están dirigidos contra ese bienestar. La revolución de Chávez no es genuina porque sus ideales son ficticios y sus resultados nefastos para ese bienestar.

A medida que el presidente se confronta con el fracaso de su proyecto político (según él, revolución), se ve cada vez más aislado, abrumado por las dudas y por sentimientos de soledad e impotencia; le surgen entonces impulsos de destrucción y un anhelo de poder desmesurado. Se abusa de la palabra para
ocultar la verdad. Se juega con la ingenuidad e inocencia de nuestro pueblo para encubrir los devaneos y delirios de un enfermo de soberbia. Se pretende
subordinarnos y manipularnos con la incontinencia del verbo populista y falso.

¿Y entonces porque no reaccionamos? ¿Tenemos temor?

El miedo a la libertad es la manifestación de una crisis profunda que abarca los cimientos mismos de nuestra nación. Para fortalecer nuestro espirito democrático debemos reemplazar la manipulación impune y el enfrentamiento
permanente, dinamos de la anarquía, por la cooperación activa e inteligente
extendiendo el principio del gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo involucrando a todas las esferas sociales para de esa forma tener condiciones políticas, sociales y económicas dirigidas al desarrollo pleno de nuestra nación. Debemos unirnos, solidificando la conciencia colectiva para marchar como un ente único contra el despotismo.

Para quien carece de poder, la justicia y la fortaleza moral que deriva de la
defensa de la verdad constituyen las armas más importantes en la rebelión
dirigida a defender la democracia y la libertad.

La victoria sobre todas las formas de sistemas autoritarios será únicamente
posible si la democracia no retrocede, asume la ofensiva y avanza para realizar
su propio fin, tal como lo concibieron aquellos que lucharon por nuestra libertad.


Democracia y Revolución en Venezuela: ¿Un fraude?

No existen sistemas de gobierno que necesiten tanto de grandes líderes
como la democracia, básicamente porque esta no se ejecuta por sí misma; es
necesario el liderazgo para hacerla nacer y desenvolverla. Los grandes líderes
democráticos son visionarios. Poseen un instinto para el futuro de sus naciones, un rumbo a seguir e un puerto a alcanzar.

La Venezuela democrática ha sufrido en carne propia esa ausencia de liderazgo
viendo como frecuentemente ese papel ha sido asumido por seudo-líderes , muchas veces con falta de preparación y conocimientos para la tarea de gobernación y otras veces por caudillos populistas que se enquistan como un tumor carcomiendo los pilares morales y políticos de la nación jugando con sus sueños y esperanzas.

Desde Páez hasta Chávez este país ha sido cubierto por la maldición de la incapacidad de sus dirigentes políticos. Nos han vendido ilusiones y nos han timado. Se ha jugado con la ignorancia e ingenuidad de nuestro pueblo. Hoy,
solo quedan frustraciones y rencores. Una nación astillada y sumergida en la
mas profunda crisis moral y financiera que jamás haya conocido.

Por eso no se entiende que el pueblo no acabe de despertar: Hombres como Chávez se encaraman al poder con el objetivo de satisfacer sus deseos de poder y sus proyectos megalómanos. Hay que apearlo del caballito de su seudo revolución. Una revolución que no pasa de un gigantesco fraude: mas hambre, mas pobreza, mas injusticia, menos desarrollo, castas sociales (los militares) privilegiados por encima del resto de la sociedad civil: ¿son estos los predicados de la revolución?

Debemos despertar nuestras conciencias. Cuando nuestro pueblo asuma intrínsicamente su lucha por la libertad y el verdadero espirito democrático, a ese pueblo, no lo parará nadie. Y nuestro primer grito de rebelión debe ser lanzado para luchar por nuestros derechos y nuestras libertades.

Los déspotas no sobreviven a la férrea voluntad democrática de los
pueblos. Pero esa voluntad solo se construye con conciencias limpias y libres;
con hombres que crean y luchen por sus principios. Que defiendan sus derechos
practicando sus deberes. Así, seremos verdaderamente libres e iguales
fortaleciéndonos como nación cumpliendo con él autentico sueño de Bolívar.

El pueblo aguarda con serenidad. La serenidad es, sin dudar, el primer
paso para suprimir toda forma de miedo.

Publicado por Nelson Amaral Duarte em Octubre 21, 2003 06:54 PM
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