Mi vivencia en treinta y tres años de servicio por la noble Institución Guardia Nacional, me obliga a asegurar a la nación venezolana mediante estas líneas, que eso que vimos en Los Semerucos, en Anaco, en la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, en la redoma de Petare, en la Plaza de la Meritocracia, en otras escaramuzas ventajistas y desagradables, y específicamente la ocurrida en las primeras horas del 11 de abril de 2002, cuando se utilizó a Guardias Nacionales del Comando Regional N° 5, contra un pueblo pacífico con banderas patrias, pitos y consignas requiriendo la destitución de la directiva de P.D.V.S.A., no es la esencia, no es el sentimiento, no es la doctrina recibida, de la mayoría de los oficiales, suboficiales y tropa profesional que integran la Guardia Nacional.
Martes, 25 de noviembre de 2003
Mi vivencia en treinta y tres años nte del Petróleo" y a la juventud de la Guardia Nacional
de servicio por la noble Institución Guardia Nacional, me obliga a asegurar a la nación venezolana mediante estas líneas, que eso que vimos en Los Semerucos, en Anaco, en la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, en la redoma de Petare, en la Plaza de la Meritocracia, en otras escaramuzas ventajistas y desagradables, y específicamente la ocurrida en las primeras horas del 11 de abril de 2002, cuando se utilizó a Guardias Nacionales del Comando Regional N° 5, contra un pueblo pacífico con banderas patrias, pitos y consignas requiriendo la destitución de la directiva de P.D.V.S.A., no es la esencia, no es el sentimiento, no es la doctrina recibida, de la mayoría de los oficiales, suboficiales y tropa profesional que integran la Guardia Nacional.
El Comandante General de la Guardia Nacional General de División, Jesús Villegas Solarte, en escrito publicado en la prensa nacional, trató de dar justificación legal ante la opinión pública, a la actuación nada decorosa y fuera de doctrina de los contingentes de la Guardia Nacional, que cumpliendo órdenes superiores, actuaron en los desalojos efectuados en los Semerucos, península de Paraguaná y en Anaco.
Según este General, exigencias legales en materia de orden público, obligan a la Guardia Nacional a proceder en forma no ética, contraria a los derechos humanos y sobre todo a los derechos de los niños y ancianos. Lo sucedido quedó grabado en imágenes difundidas tanto a nivel nacional como internacional. En la oscuridad de la madrugada, los residentes salieron aterrados, presurosos, en procura de resguardar la vida, cargando con sus hijos y abuelos, abandonando sus moradas y enseres, para evitar un posible ahogo o sofocación, causado por los gases repelentes, expedidos por bombas lacrimógenas accionadas en profusión por los Guardias Nacionales protegidos con máscaras antigás y bien apertrechados. Ello por la simple negativa de los residentes a desalojar viviendas otorgadas por la industria petrolera como parte de una relación laboral, que aún no ha cesado legalmente.
Resalta el escrito justificatorio de tal grado de violencia, que una orden judicial los obligaba a actuar ya que un desacato podía traer a la institución y a sus mandos, consecuencias legales, se escudan también en que en días previos, las comisiones de la Guardia Nacional, habrían recibido agresiones de los ocupantes de esas residencias. Ante una Guardia Nacional bien equipada, con implementos antimotines, con cascos, chalecos antibalas, escudos, escopetas, bombas lacrimógenas, peinillas, vehículos especiales, etc, ¿qué agresión previa podía argüirse? Y sobre todo, con entrenamiento teórico-práctico, impartido en la escuela de formación de Guardias Nacionales, durante casi dos años en materia de “Doctrina de Empleo de la Guardia Nacional en Orden Público”, como parte de la formación que le da el carácter profesional a la institución.
No señores Generales, no hay justificación posible, contra esa agresión que han realizado en perjuicio de venezolanos valientes, contra Gente del Petróleo, desprotegidos por parte de los poderes públicos, despedidos ilegalmente, sin haber cobrado sus prestaciones, sin tener dónde reclamar, que perseveran en su disposición de aportar a las generaciones futuras de la patria una industria sólida, progresista y abierta a las exigencias del mundo del petróleo.
Las tropas de la Guardia Nacional utilizadas no son las que normalmente trabajan en esos destacamentos, sino que fueron traídas de otras regiones para evitar que la relación humana afable y la resistencia pasiva de los guardias de la localidad, siguieran retardando e imposibilitando el abusivo desalojo. Estos Guardias Nacionales, recién llegados a la zona, la mayoría jóvenes, sin experiencia profesional, comandados por Oficiales, transformados a conveniencia en Comisarios Políticos, han vuelto sus armas contra el pueblo, indefenso, en ventaja y en forma cobarde. No hay justificación de derecho ni de hecho para esta acción canalla.
No hay en la Constitución de la República, en la Ley Orgánica de Seguridad y Defensa, en la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas Nacionales, en el Reglamento de Servicio de Guarnición, en la doctrina de empleo de la Guardia Nacional, ningún artículo que pueda ser esgrimido para justificar tal abuso, ensañamiento y ventajismo, contra un grupo de venezolanos que se cree en su derecho de permanecer en esas residencias, en función de que la relación laboral no se ha extinguido.
La Guardia Nacional debe brindar protección al tribunal que ejecuta la medida, a fin de que éste no sea objeto de agresiones físicas que pudieran lesionar su integridad, pero para concretar la medida, para materializarla, el mismo tribunal debe procurarse los medios necesarios y dispone para ello de la autoridad que le otorga la propia ley ¿Acaso el tribunal ordenó por escrito, proceder al desalojo con todos los medios de que dispone la Guardia Nacional?, estoy seguro que no fue de esa forma ya que el tribunal no va a expedir una orden ilegal, sin basamento jurídico, no se va a exponer a la actitud contraria a la asumida por el actual Comandante General.
El comandante militar que recibiere una orden judicial ilegal de ir contra el pueblo indefenso tendría el recurso de negarse a cumplirla pero el militar que, en las actuales circunstancias, adopte esa posición valiente y ajustada a la Constitución y al respeto de los derechos humanos, sabe que sería removido de inmediato con un consejo de investigación, que lo conducirá irremisiblemente a la expulsión de la Fuerza Armada, por medida disciplinaria.
Ante este panorama se impone recordar que una de las principales virtudes del militar es el desprendimiento, arriesgarlo todo, en función del bienestar de su pueblo, a quien en primer término se debe, colocando esta máxima por encima de su estabilidad personal y familiar. El militar deber saber administrar el temor, debe saber administrar la cobardía, debe ser el primero en arriesgar, en función de dar vigencia al artículo 329 constitucional, donde se establece que la Fuerza Armada, en el cumplimiento de sus funciones está al servicio exclusivo de la nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política. El himno de la Guardia Nacional, cuando menciona “las garantías que se brindan al niño, el anciano, al inválido, al buen ciudadano, en función de justicia social” nos lo recuerda permanentemente, como parámetros controladores de nuestra actuación diaria.
Para el General Villegas y para los Generales que conforman su alto mando y que lo secundan en la conducción de la Guardia Nacional, hubiera sido más decoroso, más ético de cara a la nación e incluso de sus comandos, que intentara reducir el acelerado desprestigio de la Institución por ante el pueblo venezolano y que asumiera en forma responsable y pública, que su participación se limitó a cumplir una orden emanada del Jefe del régimen, en su carácter de Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional, y no buscar una justificación legal que no existe.
El prestigio acumulado y cincelado en la mente de los venezolanos, de la Guardia Nacional, como Institución al servicio de su pueblo permanece, en diferentes magnitudes, en esa inmensa cantidad de venezolanos que han laborado en sus filas, durante sus últimos 66 años de existencia. La propiedad y potestad sobre ese prestigio, no recae exclusivamente en el General Villegas y en los Generales que lo acompañan. Tengo la convicción de que todos los hombres que la integran, tienen un grado de responsabilidad y participación protagónica en mantener y fortalecer ese prestigio.
La responsabilidad de incrementar el prestigio institucional, es inversamente proporcional a las más altas jerarquías que se alcanzan en la carrera militar. Le duele y afecta más a un clase, a un sargento de tropa, a un suboficial, a un subteniente, a un teniente, a un capitán, a un mayor, a un teniente coronel, a los militares retirados, etc., la mala decisión y cobardía de un Comandante General, que actuando al margen de la ley, satisfaciendo órdenes superiores ilegales para apuntalar su estabilidad en el cargo, recibido de paso, cuando ya debería estar en retiro, ordena una actuación como la del 11 de abril 2002, los Semerucos, Anaco, etc., que erosiona gravemente el sagrado prestigio de la Guardia Nacional.
Las fatales consecuencias de esa pérdida de querencia, por parte del pueblo, la pagará con mayor proporción las generaciones jóvenes que hacen vida activa dentro de la Guardia Nacional y no los Generales que se han plegado y que hacen comparsa con el líder de la revolución viciada, en quienes priva su bienestar personal y familiar y no el prestigio y vigencia de la Institución Guardia Nacional. Algunos de estos Generales estarán lejos, disfrutando de una estabilidad económica relativa, perseguidos por la justicia nacional e internacional, sin poder regresar a su patria, a darles una explicación a sus hijos y a la nación venezolana, de su conducción errada y contraria al ordenamiento legal. Pero ¿qué futuro espera a los alumnos, cadetes, suboficiales y oficialidad joven, responsables en mayor proporción del mantenimiento de ese prestigio institucional? Ellos tienen la mayor carga y años por delante dentro de la institución en medio de las consecuencias de la conducción por generales que sirven a los intereses de una revolución ficticia y no a los intereses de la nación venezolana, descritos en la Constitución.
Juventud activa, dentro de la amplia escalera ocupacional de la Guardia Nacional, ustedes como principales responsables de recibir, mantener y fortalecer el prestigio y vigencia de la Institución deben asumir la posición valiente de no cumplir órdenes que vayan en contra de las leyes y de agresión a la integridad humana de un pueblo, del cual ustedes provienen y que superada la crisis que padecemos, sabrá recompensar a la Guardia Nacional, con su permanencia en el tiempo como Institución prestadora de servicio y ustedes jóvenes, serán ductores, viendo asegurado un futuro, donde nuevamente podrán lucir con orgullo el bello uniforme de la Institución con su estandarte, con su historia, con todas las preseas y laureles que la nación reserva para sus mejores hombres, para los centinelas permanentes de la patria.
Bien vale la pena arriesgarlo todo en procura de preservar la libertad y el sistema democrático para la nación venezolana, una vez agotada la vía constitucional de ejercer nuestro derecho al Referéndum Revocatorio. El honor es nuestra divisa, Dios y esa divisa luminosa nos guiará. Gracias.
CARLOS ALFONSO MARTINEZ
Publicado por Nelson Amaral Duarte em Noviembre 25, 2003 09:38 PM