Noviembre 25, 2003

EL ARTE DE PERDER

Mejor no podían haberlo tenido. Cuatro días completicos para hacer el trabajo, todos los recursos del Gobierno puestos al servicio de tan noble causa, la resurrección de las viejas tácticas cuartorrepublicanas para comprar conciencias y una oposición sosegada que les posibilitó cumplir su cometido en paz. Una paz que por momentos parecía desolación, a juzgar por el aspecto desértico de los centros de recolección.

Mejor no podían haberlo tenido. Cuatro días completicos para hacer el trabajo, todos los recursos del Gobierno puestos al servicio de tan noble causa, la resurrección de las viejas tácticas cuartorrepublicanas para comprar conciencias y una oposición sosegada que les posibilitó cumplir su cometido en paz. Una paz que por momentos parecía desolación, a juzgar por el aspecto desértico de los centros de recolección.
Lo hicieron, pero lo que debía haber sido una gran celebración cívica, semejaba una fiesta donde los únicos ausentes eran los invitados. Les faltó el sabor de las multitudes, la bulla trepidante de quienes se sienten victoriosos, el inconfundible presentimiento jubiloso de una mayoría que hace sentir el poder de sus convicciones y termina imponiéndolas.

En fin, qué cosa tan aguada, tan gris y tan triste la que presenciamos, no sin cierto dejo de pena ajena y algo de compasión por un proyecto político que en sólo cinco años perdió su potencia y capacidad transformadora para convertirse en maquinaria clientelar incapaz de convocar a nadie sin ofrecerle cualquier bagatela a cambio.

Ahora el turno es de la oposición y sólo cabe esperar que el Gobierno, los grupos que actúan bajo su sombra y la FAN, garanticen un desarrollo igualmente pacífico del Reafirmazo. Que el contraste en cuanto a participación, movilización y asistencia a los centros de recolección, así como las proyecciones que desde el primer día permitan estimar el monto total de firmas recogidas, no provoquen en el chavismo reacciones que vayan más allá del natural desaliento. Que aprendan algo inherente a la democracia como lo es el hecho de perder y lo asuman con la misma entereza con la que medio país aceptó los triunfos de Chávez.

En fin, que las buenas intenciones, las palabras bonitas, los gestos de reconciliación y ese bucólico clima de aparente entendimiento reinante en los últimos días, propiciado, incluso, por un presidente habitualmente pendenciero, trocado de repente en angelical madre Teresa, se mantengan no sólo durante los cuatro días de la recolección de firmas, sino después, durante el delicado proceso de verificación.

¿Será mucho pedir? No, porque una vez en marcha no será posible detener al proceso revocatorio ante centenares de periodistas extranjeros, decenas de observadores internacionales y una inmensa mayoría de venezolanos que ven en la salida electoral no sólo la manera de despedir un régimen nefasto, sino de resolver la gran crisis que nos agobia por el único método civilizado.

A estas alturas recurrir a la violencia significa un suicidio. El 11-A el Gobierno se cayó porque fueron asesinadas 19 personas y la FAN consideró inaceptable a un presidente capaz de instigar un hecho como ése. En esta oportunidad, ante un mandato popular claro y democrático, ¿por qué no habrían de hacerlo otra vez?

ROBERTO GIUSTI

Publicado por Nelson Amaral Duarte em Noviembre 25, 2003 08:29 PM
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