Noviembre 26, 2003

BOLÍVAR SONRÍE

Gente agolpada. Desde lejos una muchedumbre rodea a algo.
Es difícil por la distancia saber lo que ocurre. Reflexiones. Pensamientos que se entrecruzan. Todo ocurre en plena Plaza Bolívar, lugar que en los últimos tiempos ha sido territorio disputado por los propios venezolanos. Hechos de violencia salpican el recuerdo, frente a la mismísima estatua del Padre de la Patria... hechos que queremos olvidar... no obstante, la relación es casi automática... aglomeración de personas en este sitio tan representativo es sinónimo de lucha política desmedida, escenas de enfrentamientos cuerpo a cuerpo, bombas lacrimógenas... la polarización política traducida en imágenes mentales traiciona una correcta percepción... y vaya si nos equivocamos...

Gente agolpada. Desde lejos una muchedumbre rodea a algo.

Es difícil por la distancia saber lo que ocurre. Reflexiones. Pensamientos que se entrecruzan. Todo ocurre en plena Plaza Bolívar, lugar que en los últimos tiempos ha sido territorio disputado por los propios venezolanos. Hechos de violencia salpican el recuerdo, frente a la mismísima estatua del Padre de la Patria... hechos que queremos olvidar... no obstante, la relación es casi automática... aglomeración de personas en este sitio tan representativo es sinónimo de lucha política desmedida, escenas de enfrentamientos cuerpo a cuerpo, bombas lacrimógenas... la polarización política traducida en imágenes mentales traiciona una correcta percepción... y vaya si nos equivocamos...

La curiosidad nos lleva de la mano. A medida que caminamos hacia el centro de la Plaza Bolívar todos los sentidos se activan... es un alerta de felicidad... de pronto, en un pequeño escenario, una figura femenina descolla radiante, bate sus manos con energía, su cara transmite su fuerza interior y sólo demuestra que es feliz con lo que hace, su cuerpo flexible es emoción... a su alrededor la acompañan con igual ímpetu el clarinete, flauta, trompeta, trombón, fagot, saxofón, tuba, bombardino, bongó, maraca, castañuela, batería, xilomarimba...

es la profesora Rosa Briceño, directora de la Banda Marcial Caracas, en pleno concierto... quien argumenta que pese a los cuatro meses que tienen sin cobrar ellos decidieron “tocar por tradición casi al cumplir la banda 140 años”. Tamaña argumentación es realmente revolucionaria frente a las constantes acciones huelgarias organizadas sin sentido y a espaldas del país.

Las evocaciones son inevitables. Una pareja de representantes de “la juventud prolongada” asaltan con sus emociones al público y “echan un pie” como en la Caracas de los Techos Rojos. El ritmo es contagiante. Ya son varios los cabellos blancos que danzan como a mediados del siglo pasado. La máquina del tiempo nos devuelve quizás a momentos que queremos volver a disfrutar. El público ovaciona, aplaude, sonríe. Un reducidísimo grupo, ya identificado, por esos lares, intenta, sin éxito, interrumpir el sublime espectáculo. La mayoría hace caso omiso. Atentos a los acordes musicales no prestan atención.

Aquellos se retiran del lugar. La musa de la melodía y del compartir inspiran otros sentimientos.

Ese es el designio. Bolívar, en su caballo, sonríe nuevamente...

Ese espíritu de la Plaza Bolívar era la señal, posiblemente, de lo que hemos vivido en Venezuela en las últimas horas.

Estoy conmovido, impactado, sorprendido, y a la vez, orgulloso de la manera cívica cómo los venezolanos estamos intentando resolver el choque de dos proyectos políticos contrapuestos sobre el país que queremos. Se trata de una lección que el ciudadano de a pie está dando a la dirigencia. Los radicalismos de la oposición y del oficialismo han sido excluidos, por ahora, y ojalá sea por siempre. No quiero equivocarme aunque el camino aún es largo y difícil.

William Echeverría
wechev@telcel.net.ve

Publicado por Nelson Amaral Duarte em Noviembre 26, 2003 12:22 AM
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