Todo el país fue testigo del fracaso recolector del oficialismo. Las famélicas colas ciertamente sorprendieron, después de los afanes populistas del gobierno. Y hasta preocuparon, pues esos afanes pueden fácilmente convertirse en desesperada neurosis de preservación del poder.
Todo el país fue testigo del fracaso recolector del oficialismo. Las famélicas colas ciertamente sorprendieron, después de los afanes populistas del gobierno. Y hasta preocuparon, pues esos afanes pueden fácilmente convertirse en desesperada neurosis de preservación del poder.
El chavismo optó por un remedio que apenas alivia el dolor. Decidió correr la arruga de sus calamidades. Contaminó toda la data, prefabricando ¡7 millones! de firmas, intentando retar a la oposición por la magia de las cifras. Ilusiones ópticas del viejo modo de hacer política. A la migración ilegal de electores, junto al chantaje de los pretendidos beneficiarios del régimen, incluyendo a los funcionarios públicos, se suma la incansable repetición de firmas: poco importa que la verificación y la validación sincere la radical pobreza de popularidad del régimen, pues, éste, no sabemos para cuáles fines, urge de los treinta días para maniobrar y tratar de evitar el revocatorio presidencial, pieza esencial de la recuperación de un país que merece destinos mejores.
Al intentar engañar al país, Chávez se engaña a sí mismo. Nunca antes se había visto semejante despliegue de demagogia. Creen ciego, sordo y mudo al pueblo venezolano. Suponen que todos somos idiotas.
Proseguimos la ruta democrática con optimismo, paciencia y esperanza. No podrán evitar el revocatorio presidencial. Así de simple.
La falsa moderación
En los días de la raquítica suscripción del revocatorio parlamentario, Chávez hizo gala de una cínica moderación. Bajó el tono, se dijo conciliador y creyó ejercitar el humor, una característica que emerge cuando atraviesa circunstancias difíciles y adversas, hasta disiparse al controlar la situación. Hay quien habla de provocar lástima. Lo vimos con la reinstalación en el poder por abril de 2002 y otras tantas veces en que la supuesta revolución muerde las realidades.
La falsedad del gesto se ve a mil leguas. Ya es un histrionismo fracasado en las lides de la supervivencia. Y cuando le corresponda enfrentar los tribunales, a quien te conté (y a quienes les conté), arrugará (n) la cara ensayando un llamado a la conmiseración.
Hemos retrocedido demasiado en el modo de hacer política. Quedan los ingenuos, los que se comen el cuento a través del canal 8. A estas alturas de la vida republicana, hay quienes creen ese cuento. No obstante, con el referéndum revocatorio, el país tendrá ocasión de encontrarse consigo mismo, con sus miserias y sus riquezas.
Luis Barragán
email:luisbarragan@hotmail.com