El comandante Chávez encarna un espécimen político un tanto raro en la fauna de la América del Sur. Hoy día la personalidad, la posición, el carácter y el papel de las figuras políticas se determina ante todo por el criterio que acerca de ella sustente Estados Unidos. La globalización, que no es otra cosa que la consagración del imperio yanqui como potencia única e indiscutible en el corral de la política mundial. EEUU emite hoy, como el Papa en la Edad Media, sentencias inapelables.
El comandante Chávez encarna un espécimen político un tanto raro en la fauna de la América del Sur. Hoy día la personalidad, la posición, el carácter y el papel de las figuras políticas se determina ante todo por el criterio que acerca de ella sustente Estados Unidos. La globalización, que no es otra cosa que la consagración del imperio yanqui como potencia única e indiscutible en el corral de la política mundial. EEUU emite hoy, como el Papa en la Edad Media, sentencias inapelables.
Hay para Washington, como para los papas medievales, réprobos que merecen las llamas del infierno y ángeles que merecen el cielo. El ejercicio de tal potestad, como la encarnada hoy por el imperio americano, conlleva el derecho a ser maniqueo no viendo en el horizonte sino malos o buenos. Pero hay excepciones, al parecer, a semejante regla. Y una de ellas viene haciéndose patente en el caso del comandante Chávez.
No hay en las altas esferas del imperio yanqui criterio claro y sobre todo uniforme sobre Chávez. Unos funcionarios le catalogan de agente cubano, es el caso del infame Otto Reich o del carnavalesco Jeff Bush, hermano del presidente. Reich y Bush aseguran que el Mandatario de Venezuela es un subversivo incansable, merecedor del repudio, la vigilancia o la condena.
Detrás de ambos sujetos y de Ricardo Noriega, que a veces suma su voz a este coro para hacer un trío, están sin duda los exiliados cubanos con sus cuarenta y cinco años de amargura y desesperación. Desde 1959 en Miami, el exilio cubano viene poblando a América de voces agoreras tanto más estridentes cuanto más grandes sean sus fracasos.
La "otra ala" del imperio. Pero hay quienes elogian, desde altísimas posiciones del imperio, al comandante.
Entre ellos uno de indiscutible jerarquía, el general Tommy Hill, jefe del Comando Sur, quien ha exonerado al régimen venezolano de las acusaciones vertidas contra él por supuestas complicidades con la guerrilla colombiana. El general Hill, con seco estilo militar, ha dicho que no hay evidencia alguna de tal complicidad. Tanto este militar como Reich o Noriega son funcionarios de la Administración Federal norteamericana y los tres comprometerían al Estado yanqui.
Habría que preguntarse, sin embargo, quién de los tres lo compromete más. Todos ellos de igual manera, tanto Hill cuando descarga al régimen venezolano, como los otros dos al acusar, trasuntan criterios existentes en el seno de los elencos oficiales de EEUU. Pero, y aquí formulamos la pregunta más pertinente: ¿Quién tiene más peso, el que absuelve o el que acusa? Para saberlo hay que lanzar una mirada, así sea a vuelo de pájaro, al Gobierno norteamericano hoy día bajo la Administración Bush tal como ella es. En Washington, con el actual presidente, como ocurrió con sus antecesores, hay o es posible divisar estratos, corrientes, camarillas o círculos que ponen matices leves pero perceptibles de diferenciación en el horizonte.
En Washington mandan los militares. En el gobierno de Bush manda o dice la última palabra, y a veces la única palabra, una camarilla o círculo entroncado en la Secretaría de Defensa. De él forman parte el vicepresidente Dick Cheney, quien fue secretario de Defensa con Bush padre; Don Rumsfeld, actual titular de esa cartera; Paul Wolfowitz, subsecretario de Defensa; Kart Rowe, consejero directo de Bush, entre otros; y en la prensa corean sus tesis figuras tales como William Bristol. Tiene esta camarilla cofrades en las universidades e institutos de alta investigación y con fundaciones como la de Gugenhein están a su servicio. Tal poder detentan estos hombres, que impusieron la agresión a Irak pasando por encima del coro de reservas, objeciones o negativas que surgieron cuando Bush dio los primeros pasos hacia el asalto de Irak. Más aún, esta camarilla desconoció la oposición de todos los aliados de EEUU frente a la guerra. A ella pertenece el general Hill y su bendición tiene alcance de todo cuanto compromete o representa la nota oficial del imperio. Nuestro Presidente tendrá ojeriza de Reich y deNoriega, figuras secundarias o actores de reparto, pero tiene la aquiescencia de los protagonistas que hoy se ubican alrededor del aparato militar del Pentágono.
DOMINGO ALBERTO RANGEL