En vilo ante la tremenda exigencia, la oposición venezolana se juega hoy a Rosalinda. Abandonada por muchos de quienes la empujaron a sus peores errores, sus diferentes expresiones la política y la popular están urgidas de mostrar el poder de su musculatura.
En vilo ante la tremenda exigencia, la oposición venezolana se juega hoy a Rosalinda. Abandonada por muchos de quienes la empujaron a sus peores errores, sus diferentes expresiones la política y la popular están urgidas de mostrar el poder de su musculatura.
No se trata sólo de ofrecer una manifestación de voluntad de cambio frente al régimen. La voz contundente de la sociedad democrática cuyos decibeles se medirán con las firmas alcanzadas también deben ser escuchadas en otros espacios. Allí, donde se esperan cómodamente los resultados de hoy para definir sus apuestas en las próximas horas. Por eso, la consigna de los adversarios de la revolucióncualquiera sea su matiz es no dejar para mañana lo que es preciso hacer en esta jornada del viernes.
La gran demostración visual a la que está obligada la oposición para lograr exhibir una clara superioridad, no tendrá el mismo efecto si se produce durante los tres días que restan, a partir de este inicio digno de Alfred Hitchcock. Un remate con broche de oro pasa por una apertura portentosa.
La excepcionalidad de la participación durante el primer día de los cuatro disponibles, es un requisito indispensable para conquistar el éxito.
Si los electores no lo comprenden, habrán perdido la oportunidad, otorgándole en bandeja de plata a su audaz adversario un motivo para descalificar el cumplimiento del trámite. El Presidente, como los demás apostadores, saben bien que el futuro se escribe en realidad en la primera faena de esta jornada de cuatro ciclos. No en vano, esperan con inquietud el final de este día... Suele decirse que los extremos se juntan: irónicamente, existen intereses comunes entre el chavismo y quienes, desde la oposición, han denostado de la salida electoral. Haber llegado a este punto representa para ambos un revés. Chávez nunca hubiera deseado experimentar esta coyuntura. Las circunstancias lo arrastraron hasta aquí. Tal cual como a sus adversarios del extremo, cuyos fracasos anteriores los convirtieron en saboteadores silenciosos de la solución en ciernes, ocultos detrás de una vendetta en la que aspiran a las cabezas de la oposición democrática.
A esa oposición democrática a la que le atribuyen responsabilidades que les son propias no le perdonan haber conducido la crisis hacia esta zona dominada por las urnas comiciales. Las mismas en donde el país está desembocando de la mano de una dirigencia descapitalizada, que apenas recibe unos cuantos saludos a la Bandera, en un "por si acaso" descreído y socarrón. Por ello, el mensaje que hoy puede dar la sociedad democrática tiene dos destinatarios: Hugo Chávez y los cultores de la arrogancia, cuyas apuestas por la salida electoral subirán hoy, cuando el país les advierta, con sus rúbricas, cuál es el camino que desean recorrer: el de un cambio decidido voto a voto, y nunca desde una cúpula soberbia dispuesta a acomodarse con el poder hasta que otros entiendan quién manda a quién.
En fin: es a ambos grupos a los que la oposición democrática se enfrenta en esta jornada. Las firmas, que involucran una vocación de soberanía popular, son el instrumento para revertir esta oscura tendencia. Esa que se transformará, sin duda, si los ciudadanos comprenden que el "efecto visual" del Reafirmazo con sus demás consecuencias colaterales será demoledor si la avalancha ocurre en el primero de estos cuatro días.
ARGELIA RIOS