Noviembre 29, 2003

OJALÁ TE MUDÉIS

Si las cosas van como van y seguirán como se supone, mi angustia mayor ha pasado a ser la propia banalidad traducida en dos pequeños detalles que tienen que ver con lo que desde ahora llamaremos Operación Maletas. El primero -y seguro que nadie ha pensado en eso-, es calcular cuánto pesará el equipaje del señor Presidente una vez que deje de serlo y tenga que sacar sus macundales de Miraflores y La Casona.

Si las cosas van como van y seguirán como se supone, mi angustia mayor ha pasado a ser la propia banalidad traducida en dos pequeños detalles que tienen que ver con lo que desde ahora llamaremos Operación Maletas. El primero -y seguro que nadie ha pensado en eso-, es calcular cuánto pesará el equipaje del señor Presidente una vez que deje de serlo y tenga que sacar sus macundales de Miraflores y La Casona.

Si ya una vez él mismo confesó que en La Casona descubrió, sorprendido, que una mano peluda le había metido nada menos que 350 trajes en el closet (y eso fue cuando todavía estaba en talla Médium), y suponiendo que ahora el vestuario se haya ampliado con algunos cuantos fluxes Extralarge, lo cual abultará objetivamente el grosor del equipaje, pues bastará una simple operación de división aprendida en cualquier Misión Ribas para calcular que, por la medida chiquita, el Presidente necesitará unas 500 maletas -con ocho trajes en cada una- para vaciar armarios y gavetas.

Y conste que, ojo, aquí no estamos contando ni las corbatas Pancaldi ni los mocasines Ferragamo ni las camisas francesas hechas a la medida. Puro fluxes. Que ni María Callas caminando delante de los baúles cargados con el vestuario completo de la “Tosca” se podría comparar a semejante desfile de ropa usada.

El segundo detalle que se deriva de la Operación Maletas es un poco menos concreto y, por lo mismo, en la medida en que lo reviso, menos logro armar una respuesta certera. Y es que mientras más se avecina lo que se avecina, más chiquita y frágil se va poniendo la famosa talanquera, al extremo que ya algunos comienzan, como los ladrones de tierras, a rodarla de a poquitico hacia su propio territorio. Que si ya en una ocasión -difícil, complicada, sangrienta, pública-, un bojote de diputados oficialistas agarró su garrocha y la brincaron de una, ejercicio que les sirvió de maravilla para saltarla de nuevo pero al revés, en esta oportunidad eso que llaman el desgaste político o la flojera de aquellos cuyo mayor aporte a la gimnasia ha sido levantar la mano para aprobar leyes telegrafiadas desde Miraflores, más la posibilidad certera de ver peligrar su quince y último con la inflación que se avecina, pues en menos que firma un gallo los saltadores, saltantes, saltimbanquis o como se les deba llamar, han comenzado a reducir sus exigencias, a pedir, si acaso, que se la pongan facilita, que se las reduzcan, que sea una talanquerita que amerite apenas un salto tipoCAPsobre el charco, aquél que lo llevo directo a Miraflores, qué casualidad.

Que mientras la caravana de maletas se dirija quién sabe dónde, ustedes pueden jurar que los saltimbanquis brincarán en sentido contrario y ni una mano, un hombro, una carretilla le van a prestar a quien les consiguió la chamba para ayudarlo a que su mudanza sea más veloz y eficiente. Hasta los oiremos acompañar el cortejo fúnebre de cuero y tela, lanzándole la maldición favorita de los zulianos:
“Ojalá te mudéis”.

Ya los veremos, viendo pasar por el frente de su curul las maletas de su enemigo.

ELIZABETH FUENTES

Publicado por Nelson Amaral Duarte em Noviembre 29, 2003 02:17 AM
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