Diciembre 23, 2003

LA COBARDÍA DE LOS TIRANOS

Se atribuye al poeta colombiano José María Vargas Vila, la controversial sentencia de que: ...”Cuando la vida es un martirio el suicidio es un deber...” Por supuesto que no compartimos ese criterio, porque además de su enfoque facilista consideramos que a la vida hay que enfrentarla como tal, sin embargo el suicidio en los hombres público pareciere tener cierta característica de dignidad, independientemente de lo que podamos entender por dignidad y a quien atribuírsela.


Si algún suicidio ha dado de que hablar, fue el de Socrates en la antigua Grecia, con una característica jurídica impresionante. Cuenta Platon, como los discípulos del filosofo trataron de convencerle para que desistiera de acatar la orden del tribunal y tomara la cicuta a lo que aquel respondió, que ello era violar la ley que no estaba entre sus propósitos.

En las Sagradas Escrituras el derecho a la vida y a la muerte proviene de la voluntad de Dios y llegó un momento en que se les negaba a los suicidas, servicios religiosos

Así, nos luce entonces valido con el devenir de los años, el suicidio de Adolf Hitler, porque no era de imaginarse su presencia ante el Tribunal de Nuremberg, constituido para juzgar sus crímenes, defendiendo sus políticas raciales o justificando la segunda guerra mundial, menos los campos de concentración donde murieron millones de personas, prefirió pues, el suicidio una vez que se dio acosado en los sótanos de la cancillería alemana.

Sobre las precedentes consideraciones en nuestro país, aún se lamenta el fusilamiento del general Manuel Piar que no buscó el suicidio para que la historia se encargara de juzgarlo. Tampoco el coronel Leonardo Infante, cuando la república era Colombia o Matías Salazar, lugarteniente de Guzmán Blanco. En la década de los sesenta ocurrió el suicidio inexplicable de Alirio Ugarte Pelayo que tenia mucho que aportar a la política de igual forma Fabricio Ojeda, que presidio la Junta Patriota tras el derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Otro hecho curioso fue, el del periodista y escritor Carlos Rangel justo cuando su obra “Del Buen salvaje al Buen Revolucionarios” era traducida a varios idiomas y hoy sigue siendo un texto para la comprensión de la América Latina

Parecidos hechos, merecen comentarios como, el del presidente chileno Salvador Allende, cuyo suicidio nos parece más digno, porque él había ofrecido ante el mundo que lo sacarían muerto del Palacio de la Moneda. Por su parte no nos atreveríamos a emitir opinión sobre la suerte del dictador Augusto Pinochet de haber ido a parar a una cárcel española que espera por esa mafia de criminales y corruptos que gobernaron a la argentina en la misma década de los setenta.

Visto lo anterior a nuestro juicio, en algunos casos el suicidio resulta valiente, lo contrario seria la cobardía, por ejemplo, en el caso del dictador panameño Manuel Noriega, secuestrado por los norteamericanos y condenado a centenares de años en una cárcel de máxima seguridad ¿haciendo qué, vaya usted a saber?

De manera, que bien se puede hablar de varias clases de suicidios, el sentimental que es el más común y cruel, hay gente que recurre a las alturas y otros con mayor perplejidad como el poeta colombiano José Asunción Silva, que se mandó a tatuar su corazón y sobre él, se dio una pistoletazo. Alguien penso que el presidente Bill Clinton, se suicidaría tras su aventura en la oficina Oval de la Casa Blanca, pero quizás, convencido de la estupidez del escándalo prefirió irse por la calle del medio con la verdad por delante.

Ahora, es la entrega de Saddam Hussein, que no puede ser calificada sino de cobarde y que, como en el caso de Hitler, no nos lo imaginamos justificando su genocidio, terrorismo y todo cuanto pudo hacer ese sujeto, durante 24 años en el poder y peor aún, convencido que el tribunal que le juzgue, pueda sentenciarlo a muerte a pesar, de la opinión contraria de Naciones Unidas y trasmitido al mundo por los medios de comunicación como una prueba más, del destino de los dictadores, reconociendo al respecto que más dignidad tuvieron sus hijos, que prefirieron el enfrentamiento armado, a ser capturados.

Hoy, corresponderá el juicio internacional propio de ese largo proceso vivido por el pueblo de Irak, que permitirá cerrar el caso con grandes reflexiones para los iraquíes, su religión, cultura, costumbres y la experiencia para otros tiranos, sentenciada en la vieja conseja: ...cuando veas arder las barbas de tu vecino, pon las tuyas en remojo”...


Jorge Ramos Guerra
ardi@cantv.net

Publicado por Nelson Amaral Duarte em Diciembre 23, 2003 06:47 PM
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