No quisiera este entrometido comentarista meterse en honduras afirmando que Fidel se parece a San Nicolás. Aunque, desde que una productora de refrescos gaseosos cometiera la irreverencia de vestir al santo del color que identifica a la marca y hasta cambiarle el sexo y llamarlo "Santa", cualquier cosa puede pasar con el legendario santo que trae juguetes a los niños que se han portado bien durante todo el año.Pero para nuestro asustado (por decir lo menos) y próximamente revocado fracasado de Miraflores, el líder isleño debe ser su San Nicolás particular.
Claro que el barbudo de uniforme verde oliva le debe haber preguntado anteayer en La Orchila cómo se portó este año. Huguito no habrá podido esta vez mentir, pues el embajador cubano lo sabe muy bien, y así se lo habrá hecho saber a su jefe supremo: Se portó muy mal, al igual que todos los años. Dijo mentiras a más no poder, no hizo sus tareas por andar saliendo a pasear a donde se le antojara y por estar jugando pelota con sus compañeritos de partido, gastó su mesada en comprar amiguitos y, lo que es peor, se las arregló para conseguir más dinero con el cual darse lujos comprando caramelos y chucherías, y peleó con todo el mundo aunque entre pleito y pleito hablaba de paz y a todos les decía "amiguito" o "pana". Muy mal se portó. Y su regaño se debe haber llevado, además de que no le van a dar ningún regalo, aparte del que ya le obsequiamos los venezolanos: más de trescientas sesenta mil planillas con diez autógrafos cada una.
Pero dejemos tranquilo al muchachote de Sabaneta y preocupación por la falta de regalos, pues, en realidad, debe recibir muchos, entre los cuales se imagina este comentarista abundarán los relojes y los bolígrafos de oro, la ropa "de marca" o "a la medida" (de las posibilidades, que son muchas, de sus aduladores) y quién sabe qué otras cositas que satisfarán sus gustos, aunque no muy refinados, caros. Imaginemos más bien que el una vez San Nicolás de Myra (o de Bari), que es como originalmente se conoció al santo que hoy es, gracias al refresco, un gordo mofletudo y vestido de rojo, nos traerá esta Nochebuena mucha felicidad a todos los venezolanos, esperanzados de tener un país cuyos habitantes retornen a la paz, a la igualdad y a la fraternidad a la que estábamos acostumbrados antes de que este aprendiz de brujo llegara al poder.
Porque, si no lo sabía el lector, el "Santa Claus" de la cultura del consumismo que ogaño domina en el ajetreo prenavideño era antaño el obispo de una ciudad llamada "Myra" en la hoy Turquía. Fue, a juzgar por las leyendas que sobre él nos han llegado, un adinerado hombre de bien, que compartía su fortuna con los más necesitados. Por ejemplo, una vez oyó que un hombre atravesaba por una muy difícil situación económica, por lo cual decidió vender a sus hijas para que fueran dedicadas a la prostitución. Para evitarlo, una noche arrojó por la ventana de la humilde casa del desesperado padre tres bolsas con oro, una por cada hija. No aclara la historia si ese regalo fue durante los días de la Natividad del Señor, pero no hay duda de que el obsequio cayó como un buen regalo de Navidad, especialmente para las niñas condenadas por el padre al prostíbulo. Paulatinamente se fue convirtiendo este San Nicolás en el protector de los niños y en el misterioso personaje que todos los 24 de diciembre trae regalos a los inocentes que, felizmente, tienen padres que pueden mantener viva la ilusión. Otros no tendrán regalo, sino soledad en las calles. La Navidad será para ellos un día como cualquier otro, sólo que los cohetes no los dejarán dormir sobre sus sucios cartones tirados sobre la acera. Ojalá llegue el día en que puedan también tener la esperanza de la visita del misterioso hombre que viaja sobre un trineo tirado por renos, así sea el gordo mofletudo que llena las pantallas de la televisión, representante por excelencia del consumismo. Y que podamos decir a todos los venezolanos, no solamente a nuestros familiares y amigos, Feliz Navidad!
Mientras tanto, no nos queda sino desearles una Navidad llena de alegría, paz y unión, a todos y entre todos los que creemos en una Venezuela mejor.
Peter Albers
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