Si todo el mundo reconoce que la sociedad civil democrática es la causante de hasta donde hemos llegado, los que se dicen dirigentes de los partidos políticos opositores deben pensar que si los ciudadanos se han unido para sacar a Chávez del poder, deben unirse y no sólo para elegir un presidente para terminar el mandato constitucional sino para otros cargos, nacionales y regionales, gobernadores y alcaldes, imprescindibles para la gobernabilidad de un país.
Muchos afirman que el futuro no existe y se afianzan en ello en que si apenas se puede controlar el presente, o siquiera influir sobre él, hay escasa esperanza posible, porque aguarda por nosotros un océano de imponderables que amenaza siempre con desbordarse al segundo siguiente. Yo, sí creo que se puede prever lo que nos va a suceder a los venezolanos.
Si uno piensa, conversa, escribe y lee; si uno enlaza y relaciona hechos, variables y dichos; si uno medita sobre el futuro y acuerda unos escenarios y algunas, aunque sean pocas, normas para sumergirse en él, estará mejor preparado para sus embates y será más capaz de resolver, con la mayor dignidad posible, las encrucijadas e interrogantes que lanzará sobre nosotros el 2004, apenas le acerquemos la cara.
En la Venezuela del presente, que nunca volverá a ser la del pasado –aunque Chavez y sus 500 arrastrados insistan en meter miedo sobre eso, y aunque uno que otro que fracasó en medirse y se sienta restaurador sueñe con eso desde las heterogéneas filas de la oposición, el futuro es un chaparrón tormentoso, y ante él hay que prepararse.
De lo que sí estoy seguro, que tal como van las realidades, hechas vida y acción por la ciudadanía democrática venezolana, Hugo Chávez va a dejar en 2004 de ser el Presidente de Venezuela, por las buenas: la constitucional del referendo o, por las malas: la violencia y la dictadura, que caerá rápidamente si esa es su elección. Al no tener, lo que quede del equívoco llamado chavismo, acceso a los dineros públicos ni al monopolio estatal de la violencia, no estará protegido por la FA ni por la Disip.
Los ciudadanos democráticos deberemos exigir al nuevo gobierno, sin venganzas, sin retaliaciones, entre otras cosas, reformas constitucionales para eliminar la reelección inmediata, el periodo presidencial de seis años y, probablemente, la figura de la desobediencia civil. Tendrá que relanzarse la política exterior y enfrentarse el problemón de Pdvsa. Es una labor que deberá ser colectiva y requerirá paciencia; nombrar constitucionalmente a los miembros del TSJ, Fiscalía, Defensoría, Contraloría, enjuiciamiento de los personajillos que se creyeron mesías y alabarderos del desastre por los delitos de corrupción y violación de los derechos humanos, -eso si- en estricto apego a la Constitución, de otra manera gobierno alguno podrá hacerlo.
La creación de empleo, las normas trasparentes para la inversión, unos verdaderos y justos programas sociales, una mejor educación, unas FA en su papel constitucional, un cambio en la mente de educadores, jueces, empleados públicos y estudiantes, así como el fortalecimiento de los partidos políticos como servicio al país no como trampolín “a donde hay”, son prioritarios para el saneamiento nacional.
Si todo el mundo reconoce que la sociedad civil democrática es la causante de hasta donde hemos llegado, los que se dicen dirigentes de los partidos políticos opositores deben pensar que si los ciudadanos se han unido para sacar a Chávez del poder, deben unirse y no sólo para elegir un presidente para terminar el mandato constitucional sino para otros cargos, nacionales y regionales, gobernadores y alcaldes, imprescindibles para la gobernabilidad de un país.
Los políticos de vieja data deben hacer mutis, y si quieren a Venezuela, lo que deben hacer es apoyar a la generación de relevo con sus aportes, consejos y análisis. Venezuela no quiere más vacas sagradas, más de lo mismo aunque digan se han regenerado. ¿Dónde estuvieron cuando desde 1999 al 2002 se destruía Venezuela?. Recuerden la idiosincrasia del pueblo venezolano: “el jugar a ganador”. Los partidos estarán divididos entre los que tienen candidato presidenciable –técnicamente, el Movimiento Trabajo de Enrique Mendoza, Proyecto Venezuela y Primero Justicia– y los que no lo tienen, pero que serán determinantes al contribuir a una u otra opción con su experiencia y sus maquinarias –AD, COPEI, el joven Solidaridad, Unión, Causa R y ABP. ¿Un outsider?. Lo dudo. El MVR enfrentará fuertes divisiones y la deserción de PPT y Podemos.
Tal como se interrelacionan los hechos y las personas, tendremos “todos” que poner nuestro granito de arena y paciencia, mucha paciencia, para construir la democracia con justicia social, como lo hemos hecho y seguiremos haciéndolo para salir del totalitario y destructor.
Juan José Ostériz