Diciembre 28, 2003

¿FELIZ QUÉ?

Y entre nosotros, ¿quién puede salir a festejar la navidad o el año nuevo como tiempos de felicidad? ¿Será válido el jolgorio de los gobernantes y sus aliados internacionales para afirmar su permanencia en el mando-poder por cualquier medio? ¿O el de la fiesta opositora que ofrece mayor felicidad para los venezolanos? Sin duda, que hasta hoy prevalece la alegría que nos inventamos para no asumir la tragedia de un mundo y un ex país destrozados. Un sentimiento que sólo puede ser perdurable cuando se haga expresión colectiva. Entonces podremos cultivar y celebrar la verdadera fiesta del hombre.


LA FELICIDAD algún día tendrá que ser. Hoy es simplemente una palabra, una teoría más. Porque esto que se llama humanidad, y de la cual nos sentimos parte importante, nada tiene que ver con el estado de regocijo y plenitud que otorga el saber que nos hemos realizado como hombres. Esta es una de las grandes aspiraciones y mentiras de todos los tiempos. Desde que la propiedad, la acumulación y la ganancia crearon su imperio, el hombre, escindido y contrapuesto, no tiene cómo construir la felicidad.
La alegría, ese breve intervalo que los individuos o las sociedades alcanzan temporalmente, no es sino una ilusión. Se levanta siempre sobre la negación del otro y, en consecuencia, no tiene capacidad para desarrollar colectivamente la propia esencia de la humanidad. ¿De qué se trata entonces? ¿Es posible en medio de este mundo descompuesto avanzar hacia estadios de satisfacción material y espiritual de las necesidades, que le permita al hombre apuntar hacia la humanización que aún no se inicia? La mayor parte de la población mundial está lejos de esta condición. Muere asesinada por el hambre, la intemperie o las enfermedades curables. Está atrapada por el cáncer o el sida que el gran capital volvió incurables. ¿Cómo llegar entonces hacia lo verdaderamente humano?

Esta es una historia regida hasta hoy por la violencia-destrucción, el saqueo, el aniquilamiento, el exterminio, el sometimiento, la masacre, las guerras de todo tipo, el autoritarismo y el terrorismo en todas sus direcciones y contenidos. Y es tal la aberración impuesta, que somos capaces de apoyar la hiroshimización de las sociedades que apuntalan el terror que puede afectar la grande y feliz democracia occidental. ¿Esta es la felicidad que concebimos? Cuando haya humanidad habrá felicidad. Entonces la historia trascenderá la contraposición riqueza-pobreza que hoy se traduce en felicidad-infelicidad.

Agustín Blanco Muñoz:"¿Feliz qué?"

LA FELICIDAD algún día tendrá que ser. Hoy es simplemente una palabra, una teoría más. Porque esto que se llama humanidad, y de la cual nos sentimos parte importante, nada tiene que ver con el estado de regocijo y plenitud que otorga el saber que nos hemos realizado como hombres. Esta es una de las grandes aspiraciones y mentiras de todos los tiempos. Desde que la propiedad, la acumulación y la ganancia crearon su imperio, el hombre, escindido y contrapuesto, no tiene cómo construir la felicidad.
La alegría, ese breve intervalo que los individuos o las sociedades alcanzan temporalmente, no es sino una ilusión. Se levanta siempre sobre la negación del otro y, en consecuencia, no tiene capacidad para desarrollar colectivamente la propia esencia de la humanidad. ¿De qué se trata entonces? ¿Es posible en medio de este mundo descompuesto avanzar hacia estadios de satisfacción material y espiritual de las necesidades, que le permita al hombre apuntar hacia la humanización que aún no se inicia? La mayor parte de la población mundial está lejos de esta condición. Muere asesinada por el hambre, la intemperie o las enfermedades curables. Está atrapada por el cáncer o el sida que el gran capital volvió incurables. ¿Cómo llegar entonces hacia lo verdaderamente humano?

Esta es una historia regida hasta hoy por la violencia-destrucción, el saqueo, el aniquilamiento, el exterminio, el sometimiento, la masacre, las guerras de todo tipo, el autoritarismo y el terrorismo en todas sus direcciones y contenidos. Y es tal la aberración impuesta, que somos capaces de apoyar la hiroshimización de las sociedades que apuntalan el terror que puede afectar la grande y feliz democracia occidental. ¿Esta es la felicidad que concebimos? Cuando haya humanidad habrá felicidad. Entonces la historia trascenderá la contraposición riqueza-pobreza que hoy se traduce en felicidad-infelicidad.

Y entre nosotros, ¿quién puede salir a festejar la navidad o el año nuevo como tiempos de felicidad? ¿Será válido el jolgorio de los gobernantes y sus aliados internacionales para afirmar su permanencia en el mando-poder por cualquier medio? ¿O el de la fiesta opositora que ofrece mayor felicidad para los venezolanos? Sin duda, que hasta hoy prevalece la alegría que nos inventamos para no asumir la tragedia de un mundo y un ex país destrozados. Un sentimiento que sólo puede ser perdurable cuando se haga expresión colectiva. Entonces podremos cultivar y celebrar la verdadera fiesta del hombre.

Y ese es el gigantesco reto que tenemos, al no aceptar la mentira de la alegría que se nos vende por todas partes. Se trata, como dice Jalil Gibrán, de hacer que la alegría deje de ser tristeza desenmascarada, para convertirse, como quiere Saint John Perse, en la medida exacta del corazón del hombre.


abm333@cantv.net / www.historiactual.org


Y ese es el gigantesco reto que tenemos, al no aceptar la mentira de la alegría que se nos vende por todas partes. Se trata, como dice Jalil Gibrán, de hacer que la alegría deje de ser tristeza desenmascarada, para convertirse, como quiere Saint John Perse, en la medida exacta del corazón del hombre.


abm333@cantv.net / www.historiactual.org



Publicado por Nelson Amaral Duarte em Diciembre 28, 2003 08:44 AM
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