La ciudadanía espera que el CNE proceda a contar las firmas recogidas por los sectores interesados y, de este modo, se dilucide la realización del acto refrendario explicitado en el artículo setenta y dos de la actual Constitución Nacional. Verificación es un término de origen latino, referido al examen de la verdad de una cosa; es decir, comprobar si el número de firmas entregadas al Organismo antes referido cumple con el veinte por ciento establecido en la norma pertinente. Durante los treinta días fijados para la actividad verificadora, el soberano vivirá una experiencia similar a lo que sucede con la cuenta regresiva que se realiza cuando se dispara en Cabo Cañaveral un cohete dirigido a colocar un Satélite en una determinada órbita espacial. Pues bien, tal acción comprobatoria comienza a tener efectos perturbadores en la conducta de uno de los protagonistas.
No someterse a las reglas de democracia es mostrar carencias negadoras de una cultura libertaria, generalmente estructurada alrededor de un profundo respecto por la voluntad popular. Es penoso ver mandatarios olvidar el origen de su poder y adoptar posturas no ejemplarizantes. Por eso, la presencia de instituciones, como la Judicial, es fundamental para que el sistema democrático funcione cabalmente en resguardo de los intereses colectivos. La única garantía que tiene el ciudadano común en la defensa de sus intereses es el funcionamiento de un Estado de Derecho, columna vertebral de un auténtico sistema democrático.
Mucho nerviosismo parecieran sentir quienes no tienen confianza en un arbitraje centrado en la aplicación rigurosa de una normativa y que, hoy, tiene el deber ineludible de procurar paz y confirmar sus honorabilidades comprometidas desde el momento en que aceptaron tan alta responsabilidad. La tarea a realizarse no amerita el ejercicio de complejas abstracciones mentales, sino simplemente establecer la veracidad de los datos recogidos en las planillas mediante la aplicación de los criterios aprobados por el organismo colegiado. El veredicto final deberá ser acatado por las partes, poniendo de manifiesto su talante democrático.
No deja de tener razón quien dijo que la actual situación política del país se asemeja al funcionamiento de un gran circo, en el que la gente ríe o llora de acuerdo con la actuación de los payasos y animales que intervienen en el espectáculo. Pero da la impresión que la función está llegando al final porque la empresa afronta los síntomas de una quiebra cercana. La cultura del odio pierde la batalla frente a un comportamiento colectivo afincado en genuinos valores democráticos. La libertad y la convivencia política son conquistas que no pueden malograrse por la intolerancia de unos gobernantes engreídos de autoritarismo. Hay fe que la transparencia de un CNE facilitará pasar esta página aciaga de la historia venezolana y permitir que los venezolanos se reencuentren fraternalmente para retomar la construcción de una patria nueva.
Muchas son las especulaciones que se oyen a diario en torno a la entrega y verificación de las firmas recogidas, las cuales son propias de quienes se consideran ganadores o perdedores; pero lo cierto es la inquietud que se observa cuando los dirigentes admiten la verosimilitud de una situación que ha venido desarrollando con miras a una decisión final, mediante procedimientos acordados y exageradamente estructurados para evitar el más mínima contaminación. Lo que antes parecía extremadamente riguroso y exigente, hoy luce como una garantía para depositar la más plena confianza en los árbitros escogidos y en la metodología empleada. La suerte está echada, sólo se exige mesura para aceptar el resultado.
En conclusión: La expectativa ciudadana parece alimentarse de dudas y certidumbres, pero la verificación de cualquier proceso siempre deberá estar sustentada sobre la objetividad, transparencia, imparcialidad y rigurosa observación de los criterios adoptados para tal importante tarea. Experiencia similar la vive un investigador cuando tiene que verificar sus hipótesis formuladas en torno a un problema planteado; pues lo que suele ocurrir es proceder a examinar los hechos para ver si se ajustan o no a los supuestos provisionales, generados abstractivamente. La probanza es una acción concreta, guiada por criterios previamente establecidos, por lo que puede el verificador tener su corazoncito de un lado, pero la concreción de la apreciación numérica no da margen para pretender engañar a toda una voluntad popular, expresada libremente. Axiomáticamente, la soberanía reside en el pueblo.
JOSE VICENTE COLMENAREZ