A cada momento surgen nuevos indicios de la existencia de un proyecto continental diseñado en La Habana, financiado por Caracas, a ser ejecutado por los grupos radicales de extrema izquierda que pululan desde la Patagonia hasta el Río Grande. El más reciente viaje de Fidel Castro a la isla de La Orchila se enmarca en ese proyecto.
El proyecto al cual nos referimos, constituye una variante de aquel que el comandante en jefe puso en ejecución por los años sesenta, cuyo propósito fundamental fue colocar las fronteras revolucionarias bien lejos de sus fronteras geográficas. El proyecto original fue derrotado militar y políticamente en todos los frentes del hemisferio, pero hubo que pagar una alto costo en vidas humanas y en destrucción material.
La forma de alcanzar el poder marca la diferencia en el tiempo. Mientras aquel se proponía la toma del poder mediante la lucha armada de un ejército campesino ayudado por la resistencia urbana, el proyecto actual se plantea alcanzar el poder por vías electorales, aprovechando las oportunidades que brinda la “vilipendiada democracia representativa” y cuyo primer éxito se ha logrado en Venezuela.
El objetivo es el mismo, imponer desde el poder, una revolución que elimine las instituciones democráticas. La meta, obtener una gran cuota de poder durante la mayor cantidad de tiempo posible. El resultado, someter la voluntad popular a la voluntad omnímoda del jefe supremo.
El principal enemigo del pueblo democrático venezolano, es Fidel Castro. Sabemos por experiencia, que este tirano carente de escrúpulos y de valores éticos, estaría dispuesto a provocar violencia y muertes en Venezuela con tal de preservar sus privilegios. Por desgracia, existen compatriotas que estarían dispuestos a seguirlo ciegamente. De ahí que, la ruta democrática escogida por el pueblo venezolano, forme parte de la lucha por derrotar nuevamente ese proyecto continental totalitario en su versión del siglo XXI.
Juan Antonio Muller
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