Diciembre 28, 2003

TIEMPO DE PALABRA: LA REFORMA DEL ESTADO

En sectores de la oposición no hay clara conciencia de las tareas que la transición exige, la fundamental de las cuales es la reforma del Estado, como tarea inconclusa e inevitable de los próximos años. Hay algunos que se solazan en pamplinas, como la inútil ampliación del G5 o ridiculeces del tipo de construir un gobierno de transición con los chavistas, cosa que no se creen ni éstos ni los proponentes. Sin embargo, la tarea central, que es la de la transformación del Estado, ni la mencionan. No es un simple olvido sino el síntoma de inmunodeficiencia intelectual que los caracteriza y que, de no tratarse a tiempo, corre el riesgo de incubar hacia el futuro otro fenómeno parecido al de Chávez.

La reforma del Estado, tal como fue propuesta por la Comisión Presidencial (Copre) a finales de los 80 y comienzos de los 90, fue un diseño de transformación integral, que suponía un conjunto de cambios, encadenados entre sí, cuyo propósito era la modernización democrática radical del Estado y de la sociedad. En ese proyecto intervinieron miles de ciudadanos, profesionales, técnicos, políticos, intelectuales, académicos, artistas, funcionarios públicos, gerentes privados, líderes de la sociedad civil, cuya participación permitió perfilar el cambio más profundo que se haya asomado en estos últimos treinta años, incluyendo la pretensión revolucionaria de Chávez y las tibias propuestas de algunos sectores de la oposición.

Para los que no hayan tenido la oportunidad de conocer estos trabajos, es bueno señalarles que en esas propuestas se incluían las reformas políticas, la descentralización, la reforma judicial, la transformación de la Administración Pública, los mecanismos de participación de la sociedad civil y la reforma de las políticas públicas en los grandes campos: educación, cultura, políticas sociales, políticas económicas, y ciencia y tecnología. Varios de estos cambios fueron aplicados, especialmente la reforma electoral, cuando por primera vez en democracia se aplicó la elección uninominal; también fue el inicio de la descentralización, con la elección de gobernadores y alcaldes en 1989.

Ese proceso de cambios no fue fácil. Con la dirección de Ramón J. Velásquez, primer presidente de la Copre, se iniciaron las consultas a todos los sectores, tanto en el plano nacional como en el regional y local. Se promovió la inclusión de miembros de los partidos y grupos de la vida política e intelectual del país. Se propició la participación de los sectores de oposición a los gobiernos de Lusinchi y Pérez II en los cuales se desarrollaron y aplicaron las propuestas, sin que traza alguna de exclusión matizara ese esfuerzo. Incluidos, por cierto, personas que después acogieron el llamado revolucionario de Chávez.

Lo fundamental que caracterizó ese esfuerzo fue la idea de que la transformación de la sociedad debía acometerse por la vía democrática, a riesgo de que, de no hacerse así, se instalara la decepción y se asumieran otras opciones, dentro de las cuales no se descartaba el golpe militar. El alerta sobre el peligro sedicioso fue formulado en 1988, ¡cuatro años antes del golpe de Chávez!, por parte de Germán Carrera Damas, miembro de la Copre, en su aporte al Proyecto de Reforma Integral del Estado (PRIE).

Para que se pueda apreciar el carácter anticipatorio y transformador de ese esfuerzo, vale la pena señalar que, entonces y por primera vez, se asumió desde el sector público el problema de la pobreza como un tema del Estado. Tan lejos como en 1986, en la Copre y bajo la dirección de Gerver Torres, se desarrolló el primer programa de atención a los sectores más vulnerables con el PRO-PAS (Programa Productivo, Alimentario y Social). Más adelante, uno de los ejes del trabajo fue el dirigido por Isabel Pereira, para formular el diagnóstico más completo hasta entonces de la situación social del país. Allí, por vez primera, se descubrió en forma documentada el carácter masivo y arrollador que comenzaba a tener la pobreza en Venezuela; igualmente, se propusieron las políticas y programas para enfrentarla. En este sentido resulta inexplicable cómo los planteamientos más recientes en torno al tema no aluden a esos trabajos pioneros.

Muchas reformas se hicieron. Algunas perviven, como la descentralización; otras fueron distorsionadas; la mayoría fue frenada. Las élites de entonces no comprendieron que, como afirmaba la Copre, la única manera de conservar el poder era redistribuirlo horizontalmente _hacia la provincia_ y verticalmente _hacia la sociedad civil_. Quien esto escribe sostiene que el advenimiento de Chávez estuvo, centralmente, ligado a la resistencia de las élites a los cambios.

Resulta sintomática la forma en la cual dentro de muchas de las propuestas programáticas hacia el futuro, el esfuerzo representado por la Copre es ignorado. Pueden ser las humanas mezquindades, cosa que no sería demasiado grave, salvo para los mezquinos; la cosa es más compleja: la pretensión de tabula rasa es una manera de ser chavista. Así como Chávez hace de la historia un inmenso vacío entre la muerte de Bolívar y su llegada al poder en 1999, así hay algunos en la oposición que han comprado esa versión y también, estos pobres, se hacen los recién nacidos; no saben ni reconocen nada antes de Chávez. Por esa vía se mutila el esfuerzo ya iniciado, constituido por un vasto arsenal intelectual disponible para su actualización, y se reproducen trajines innecesarios.

Este escribidor, participante junto a muchos otros de las batallas libradas por la Comisión Presidencial (Copre), de cuando en cuando les traerá a sus lectores algunas de las propuestas y de los logros de entonces para refrescar la memoria huidiza de estos tiempos. Sin la perspectiva de la reforma del Estado el período de transición será un nuevo fraude; hay que evitarlo.

Discretamente

Sospechoso. Las planillas para el RR se sellaron en el CNE con un gran esfuerzo a finales del día 23 de diciembre. Lo inexplicable, sin embargo, fue que el secretario no pudiera disponer de dos o tres empleados para entregar las últimas 60 cajas a la oposición, que se han podido entregar el día 24.

Zamora encendido. Ezequiel Zamora, vicepresidente del CNE, está sumamente irritado. En el CNE hay una regla no escrita entre sus miembros, según la cual si falta uno de los rectores se aplaza la sesión. El día 22 no asistió Jorge Rodríguez y se aplicó la regla. Luego, Ezequiel Zamora fue hospitalizado por 3 días debido a una gastritis hemorrágica y sus compañeros hicieron la sesión, violando la regla no escrita, o peor aun, si no la hicieron, de una manera unilateral Jorge Rodríguez hizo la consulta con España sobre la digitalización de la huella dactilar.

Radares alerta. La reunión de Chávez con Fidel Castro contó con la presencia de varios miembros de la subversión latinoamericana. Castro insistió en la necesidad de impedir el RR. Se acordó que Evo Morales no le diera más treguas al Gobierno de su país.


cbgarcia@cantv.net


Publicado por Nelson Amaral Duarte em Diciembre 28, 2003 05:37 PM
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