Diciembre 28, 2003

¿A QUÉ VINO FIDEL?

Debe estar arrepentido el comandante-presidente de haber anunciado la visita de Fidel Castro. Se fue una vez más de la lengua y dijo lo que no debía. Tanto así que luego debió, en intento de recomponer el pastel, rodear del más hermético misterio de tal visita de su mentor y jefe. Por donde se abre espacio a las conjeturas y a las especulaciones de todo tipo.

Si no hubiera nada que ocultar la presencia de Fidel Castro en Venezuela, no habría sido sustraída a la información normal. Hasta el ministro de Relaciones Exteriores pretendió hacer creer que ignoraba donde había llegado el caudillo cubano. La embajada antillana también se hizo la sueca y dijo no tener otra noticia sobre la visita de Fidel que la ofrecida por el comandante-presidente en su programa del pasado domingo.

¿A qué vino Fidel, pues?

Lo delata el misterio con el que el comandante-presidente ha cubierto la visita de su mentor y jefe. Asuntos muy graves, de excesiva y extraordinaria importancia para ambos, los obligaron a la intempestiva reunión, realizada en Caracas o en La Orchila.

El colapso definitivo de la Unión Soviética dejó huérfano al fidelato. De un día para otro se le clausuraron las exportaciones que generosamente, satisfacían las carencias y las necesidades fundamentales del pueblo cubano. Alimentos, insumos de toda naturaleza, petróleo, vehículos, maquinaria, repuestos. Y, con todo eso, una vía de acceso al resto del mundo a través de Moscú.

Años de tragedia sobrevinieron sobre el archisufrido pueblo cubano como consecuencia de la desaparición de la Unión Soviética que además, arrastró con ella a los gobiernos de los satélites europeos, igualmente fuente de abastecimiento a Cuba. Pero el demonio no abandona a sus fieles. Y a falta de la Unión Soviética y sus satélites, al fidelato le surgió un salvador con la ascensión del comandante-presidente al Poder en Venezuela.

Paulatinamente el comandante-presidente comenzó a suplir las carencias que amenazaban la supervivencia del fidelato. Petróleo, en primer lugar. Cincuenta y tres mil barriles diarios en forma gratuita, o casi gratuita. Empleo para militares cubanos, como entrenadores deportivos, como presuntos médicos, como presuntos alfabetizadores, y muchos miles más como comisarios políticos para los cuarteles y para la creación y el funcionamiento de los círculos del terror, semejantes a los existentes en Cuba para defensa armada del fidelato.

Millardos de dólares frescos, además aportados mediante la adquisición de toneladas de medicinas cubanas o por la intermediación del fidelato en la compra de distintos productos en el mercado internacional para Venezuela. En la práctica, el fidelato ha sustituido al comercio normal venezolano, consciente y compulsivamente conducido a la quiebra por el comandante-presidente.

Toda esa gigantesca estructura de asistencia gratuita o casi gratuita al fidelato está amenazada por la realización del referéndum revocatorio del mandato del comandante-presidente. Destituido el comandante-presidente por la voluntad democrática de los venezolanos, al fidelato lo espera la misma suerte a la que condenó la desaparición de la Unión Soviética. Hoy peor que ayer. La deposición del comandante-presidente, inminente e inexorable, significará también golpe de muerte para el fidelato.

Era imprescindible e impostergable pues que el caudillo habanero se reuniera de urgencia con su procónsul en la colonia venezolana, de la que se abastece de cuanto necesita para su supervivencia para el mantenimiento de su precaria estabilidad, interna y externamente amenazada. Vino a tratar de impedir que se realice el referéndum revocatorio, porque en ello se lo juega todo. El gobierno que ha de surgir del referéndum revocatorio no tardará minutos en rescatar la soberanía nacional, subyugada por el fidelato, y por consecuencia, en cortar de raíz las relaciones económicas subalternas con las que el comandante-presidente satisfacer las órdenes de su mentor y jefe cubano.

La primera providencia del nuevo gobierno democrático venezolano, significará fatalmente la sentencia de muerte del fidelato.

A tratar de impedir a cualquier precio que eso ocurra ha venido Fidel.

HECTOR STREDEL

Publicado por Nelson Amaral Duarte em Diciembre 28, 2003 07:00 PM
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