Cualquier reflexión sobre la economía en el curso de este año enfrenta una serie de dificultades derivadas de las grandes variaciones en los indicadores económicos, impactados por una aguda crisis política e institucional. El gobierno y Pdvsa insisten en presentar cifras elevadas para la mayor parte del 2003, sobre los 3 millones de barriles, sin asidero real, las cuales reflejan una intención propagandística: pretender una normalidad operativa. La información de los mercados internacionales indica un declive en la capacidad productiva de los últimos meses para situarse el pasado noviembre en alrededor de 2,5 millones de barriles diarios. Esto afecta las estadísticas del BCV, tanto en cuentas externas como nacionales.
El sector petrolero en el año 2003 presenta un punto de inflexión. En Pdvsa los bajos niveles de inversión, la falta de recursos humanos calificados, la desarticulación administrativa resultante de una gestión politizada y las quejas de contratistas privados acerca de la proliferación de la corrupción a nivel de las operaciones de producción y de comercialización, constituyen obstáculos ca si insuperables si persisten los pa rámetros de la política impuesta por el Gobierno a la empresa estatal petrolera.
La inversión petrolera privada en los Convenios Operativos y los Proyectos de la Faja de este año continúan su tendencia descendente; unos $ 1.500 millones. Entre 1998 y 2002 estos proyectos promediaron $ 3.800 millones anuales de nueva inversión y constituyeron entre 40 y 60 por ciento de la disminuida inversión privada en Venezuela. Los proyectos que se ejecutaron en la década de los noventa llegan a su fin. No hay nuevos proyectos de envergadura en ejecución y la nueva Ley de Hidrocarburos contiene términos inflexibles de participación nacional mayoritaria y regalía de 30% que dificultan la promoción a corto plazo de nuevos planes de inversión. Sin cambios en la política y legisla ción petrolera, ni una reorganización de Pdvsa, el motor del crecimiento económico proveniente de la actividad petrolera se paralizará. Huelga abundar sobre las consecuencias que el conjunto de estos factores tendrá para el futuro de Venezuela.
BAJO DESEMPEÑO, CORRUPCION Y RECUPERACION. La contracción del PIB total en el 2003 se estima entre 11 y 12%, pero esta cifra esconde el enorme daño sufrido por el aparato productivo privado. La producción de este sector se vio severamente afectada por el paro cívico inicia do en diciembre de 2002. El índice de Volumen de Producción de la Industria Manufacturera Privada (base 1997=100) cae a 37,03% en enero 2003. En enero 2002 era 79,86. La producción promedio de 2003 del sector será aproximadamente un 70% del promedio de producción de 1997, a pesar del incremento poblacional de al menos 2,5 millones de habitantes desde entonces. Otros sectores severamente afectados fueron construcción y comercio. El desempleo a nivel nacional se mantiene sobre los 2,1 millones de trabajadores y los nuevos empleos de baja productividad se generan en su mayoría en el empobrecido sector informal.
El Indice de Remuneraciones del BCV en los tres primeros trimestres de 2003, se elevó en 7,8% para los empleados en el sector privado y 6,8% en el sector público. En este mismo lapso el Indice de Precios al Consumidor (incluyendo productos bajo control de precios) se incrementó en 20,6%. El Indice de Precios al Mayor, verdadero indicador de la presión inflacionaria latente, aumentó en 39,7% en esos primeros nueve meses. La combinación de pérdida de empleos productivos y caída del poder adquisitivo de las remuneraciones constituyen un duro golpe al ya menguado bienestar de los venezolanos.
Con exportaciones petroleras estimadas para el 2003 en unos 17.000 millones de dólares (con un precio del petróleo sobre los 25,30 dólares por barril) y no petroleras de 4.700 millones, las cuentas externas del país, sometidas a un interminable e ineficaz control cambiario, se mantendrán con un forzado equilibrio. Otro aspecto negativo asociado al mismo, es el exceso de liquidez monetaria generado y parcialmente absorbido (y remunerado) por el BCV, actualmente en 7,6 billones de bolívares. Un monto casi equivalente a la menguada cartera total de créditos del sistema financiero.
LA GESTION FISCAL de este año se ha caracterizado por variadas operaciones de endeudamiento, las cuales han incrementado el saldo de la deuda pública interna de Bs. 12,7 billones a cerca de Bs. 22 billones para finales de 2003, conduciendo el déficit fiscal a un estimado de 3,5% del PIB. La deuda externa también reinició su camino ascendente, a más de 23.000 millones dólares. No hay nuevos proyectos de inversión pública, sólo gasto corriente y electoral.
DIFICILMENTE en la historia moderna de las finanzas públicas venezolanas se encuentre un precedente tan cuestionable de operaciones de manejo de deuda como en 2003, por adjudicación directa, dación en pago o canjes (Bandes y BIV), en cantidades que alcanzan a miles de millones de dólares. Los protagonistas de esta historia, la encabezan el ministro de Finanzas, Tobías Nóbrega y sus lugartenientes, quienes, presuntamente, forman una sociedad comanditaria con algunos entes financieros y bursátiles, que han provocado alarma entre la comunidad financiera del país, a pesar de estar habituada a los excesos y a la depredación en la administración pública. Es un tema grave que exigirá, en otras circunstancias y en otro tiempo, una amplia investigación. Si se permitiera que esta nefasta y vergonzosa aberración en la dirección de las finanzas públicas, de la cual existen serios y notorios indicios, sea encubierta con la usual impunidad, no habrá autoridad moral para impulsar las reformas fiscales, financieras, económicas que exige el país. Cualquier rectificación sobre el rumbo económico se debe iniciar con el reordenamiento de las finanzas públicas y del sector petrolero. El 2003 deja grandes daños materiales e institucionales pero también grandes lecciones para la recuperación de Ve nezuela.
Orlando Ochoa P.
Economista, PhD (Oxford)