Hemos sido ofendidos, por la ira de los perdedores del régimen, porque ahora somos vencedores en nombre de la verdad. Por eso, debemos tomar conciencia de nuestro triunfo, para defenderlo cuando sea necesario. Nuestros adversarios, devotos fidelistas, ministros sin cartera, campeones del despilfarro, héroes de callejón oscuro, jamás olvidaran este año que termina y el que se abre con su derrota.
Estas Navidades, son promisorias de mejores tiempos, y como una fiesta de pueblo, con sus luces de bengala, las firmas de los Venezolanos, inundaron el cielo de la Pascua. Porque junto a cada pesebre, nació también la esperanza de un nuevo amanecer en libertad. Hemos sido ofendidos, por la ira de los perdedores del régimen, porque ahora somos vencedores en nombre de la verdad. Por eso, debemos tomar conciencia de nuestro triunfo, para defenderlo cuando sea necesario. Nuestros adversarios, devotos fidelistas, ministros sin cartera, campeones del despilfarro, héroes de callejón oscuro, jamás olvidaran este año que termina y el que se abre con su derrota. Ya no serán los poderosos para humillar a los mas débiles, y marcharan en silencio y cabizbajos, por las calles de los Semerucos y por los demolidos caminos de la frontera abandonada.
Este Año Nuevo, luce decantado y lleno de alegrías y hasta de un lenguaje lacio de prosecución e indulto. Pero es la hora primero, de avanzar y triunfar, luego hacer justicia y entonces, estrechar las manos limpias de la reconciliación. Pero cualquiera que sea el camino de la alegría, del abrazo, del triunfo, de la decisión de reconstruir, del discurso o el colorido de cualquier celebración, jamás olvidemos el desolado vientre del llanto, del luto y las ausencias. De los que se quedaron en el camino con sus sueños y sus lecciones de dignidad, como la estela de un tren que se aleja, dejando sus huellas, sus recuerdos, en cada plaza, en cada abrazo, en cada despedida. Como el ocaso de abril entre besos y vástagos perdidos, como la sombra de Llaguno, del Silencio o de Altamira. También las cruces que bajo el mar dormitan, los claros litorales del recuerdo en Vargas. Paz y amor, esperanza, acción, trabajo y espíritu invencible de pueblo que se levanta de su derrota, sin extravíos para el olvido, ni huesos mordidos por la venganza. Volveremos a marchar, estoy seguro, con una sonrisa de paz y una bandera de victoria, en una mano la esperanza, y en la otra un brazalete negro, para que ellos sepan desde arriba, que no los olvidaremos jamás en esta lucha.
Pedro Vivas Berthier