¿SERA EL 2004 EL AÑO en que Venezuela una a su gente, ponga fin a la lucha de clases, establezca leyes que hayan de respetarse, administre justicia, promueva la paz, abandone las palabras y acciones de odio, controle la obsesión por el poder, cree un mecanismo de equilibrio de poderes que funcione para el bien de todos, reconozca la inalienable soberanía del ciudadano, establezca un compromiso cabal con la libertad individual, haga desaparecer los monopolios corruptos, luche contra la pobreza y deje de ocultar información concerniente a los asuntos públicos de la nación?
¿O será más bien parecido al año 2003, o 1993, o en estos aspectos, a 1983? En todos estos asuntos, ha habido un constante declive en la salud y el bienestar de la nación durante décadas.
El declive es una consecuencia del sistema de Estado maternalista. El sistema, un campo de juego para el poder, el despojo, el robo, el monopolio, el exhibicionismo y el falso orgullo, saca lo peor de la gente.
Ni siquiera los Apóstoles podrían obtener un buen resultado con el sistema venezolano, porque los resultados no emanan de la moralidad, la honestidad, la integridad y el conocimiento de aquellos que manejan el sistema, sino de las oportunidades de alcanzar el poder y robar que se presentan irresistiblemente ante cada uno de los que entran en contacto con él. Ese sistema le ha producido al país las menores riquezas, prosperidad y libertad posibles. Ha socavado la fuerza del trabajo mientras ha favorecido la debilidad por los benefactores, los cómplices, el rentismo, los sobornos, el crimen y la suerte, todo bajo la ilusión de que eso es normal. Pero eso no es normal: es patológico.
¿Quién puede cambiar un sistema enfermo? Las élites ricas y poderosas, los radicales de izquierda y derecha, los militares, los accionistas de un sistema que ha fracasado, o los millones de personas que no conocen más que el sistema fallido? Este es el reto del año 2004: o asumimos los riesgos de la democracia y tomamos una decisión sobre un nuevo sistema, o seguimos en la eterna búsqueda de un salvador para que maneje el sistema tal como está, lo que es precisamente más de la misma enfermedad.
Chávez es el mayor ejemplo de alguien que cree que está reformando un sistema corrupto cuando en realidad lo está empeorando. Pero no es el único. Entonces, la manera como se responda a esta pregunta en las próximas semanas determinará si 2004 es un feliz año nuevo o un infeliz año viejo. No alcen las copas todavía.
MICHAEL ROWAN
mrowan@cantv.net