Diciembre 30, 2003

ANNUS HORRIBILIS

Nuestro país tiene todo el potencial para convertirse en la economía con las mejores perspectivas de crecimiento del continente. Somos una nación privilegiada que solo necesita organizarse para avanzar exitosamente en la búsqueda de un desarrollo económico que brinde a todos los venezolanos una vida digna y productiva. En estos tiempos aciagos lo último que debemos perder es la esperanza y tenemos que confiar en que el próximo año comenzaremos a construir la nueva Venezuela.

Ya falta poco para cerrar el 2003 y resulta interesante efectuar un breve balance del desempeño económico del país durante este período. Este año comenzó con una huelga general de más de mes y medio, sin precedentes en nuestra historia democrática. Lamentablemente, las consecuencias del paro fueron desastrosas para nuestro país, el cual todavía lucha por recuperarse de una brutal caída del producto interno bruto. Las razones que condujeron a la oposición al paro son conocidas por todos y en cualquier otra nación, con gobernantes un poco más responsables, hubiese terminado en una convocatoria anticipada a elecciones o al menos en un cambio drástico de las políticas sociales y económicas de esta administración.

La situación empeoró con la decisión de implementar un férreo control de cambios que ha violado los más elementales derechos económicos de los venezolanos al impedirle transar libremente con el resto del mundo o salir del territorio nacional por la imposibilidad de comprar divisas. El control de cambios no es una política adecuada para un país que tiene una sólida posición de reservas internacionales, superior a los US$ 20.000 millones. Es preferible dejar que el tipo de cambio fluctúe libremente y sea el mercado el que determine el precio de nuestra moneda. Lamentablemente, pareciera que el control de cambios es de mayor utilidad para el gobierno como herramienta de retaliación que como política económica.

A este panorama se añaden las absurdas y desacertadas ideas económicas de nuestro líder revolucionario de segunda, las cuales, en vez de impulsar al libre mercado y la competitividad como principal estrategia de crecimiento, pretenden estatizar la economía copiando paradigmas ampliamente superados en la mayor parte del mundo. Incluso, casi todos nuestros hermanos latinoamericanos lo están haciendo mejor que Venezuela en términos económicos y sociales, mientras que nosotros perdemos tiempo valioso zanjando diferencias ideológicas estériles.

Además, el programa de privatización de empresas del estado está completamente paralizado. Por el contrario, el presidente ha hablado recientemente de crear nuevas empresas públicas, entre ellas una aerolínea bandera tipo VIASA, lo cual sólo genera más corrupción y déficit fiscal.

Venezuela requiere urgentemente de reformas estructurales que vuelvan a colocar a nuestro país en la senda del crecimiento sostenido, tal como lo hicimos en los años 50 y 60. Para ello, debemos construir primero un sólido consenso alrededor de un conjunto mínimo de políticas económicas y sociales que permitan generar empleos, controlar la inflación y la salida de capitales, reducir la pobreza y la marginalidad, incrementar la competitividad de nuestras exportaciones y convertir a la industria petrolera nacional en el pilar del desarrollo económico, pero no como un enclave rentista sino como un actividad productiva.

Sin embargo, no todo ha sido malo durante el 2003. Uno de los más grandes logros de la sociedad venezolana durante este año ha sido demostrar que somos el país con mayor arraigo democrático de la región y donde se han ido cumpliendo, con suma paciencia, todos los requisitos para adelantar la salida pacífica del gobierno actual.

Nuestro país tiene todo el potencial para convertirse en la economía con las mejores perspectivas de crecimiento del continente. Somos una nación privilegiada que solo necesita organizarse para avanzar exitosamente en la búsqueda de un desarrollo económico que brinde a todos los venezolanos una vida digna y productiva. En estos tiempos aciagos lo último que debemos perder es la esperanza y tenemos que confiar en que el próximo año comenzaremos a construir la nueva Venezuela.


Econ. Marcos Tulio Álvarez A.
marcostulio@economista.com

Publicado por Nelson Amaral Duarte em Diciembre 30, 2003 06:34 PM
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