Cuando le preguntaron a Borges si tenía alguna novedad literaria que recomendar a sus lectores, el argentino respondió: "Bueno, sí, por ahí hablan de un tal Virgilio, un joven que promete mucho".
Intentando una boutade semejante, se me ocurre que uno de los mejores textos para entender todo el sinsentido de esta revolución y para darnos cuenta de por qué lleva dentro de sí lo que Capablanca llamaba "las semillas de la derrota" hablando de ciertas posiciones en ajedrez, fue escrito hace más de 25 años.
Estoy hablando de Del buen salvaje al buen revolucionario, Carlos Rangel, 1976, prologado _y muy elogiado_ por JeanFrancois Revel, nada menos. Si usted aún no lo ha leído es imperdonable que esté perdiendo el tiempo con artículos y noticias de periódico.
En ese libro el intelectual venezolano intenta todo un diagnóstico de la historia latinoamericana, y lo hace sin ningún tipo de concesiones a la corrección política ni a verdades complacientes tenidas por ciertas durante siglos.
Allí se desmontan una cantidad de mentiras y verdades a medias que forman parte del universo mítico de cualquier latinoamericano, por lo que de entrada advierto que no es un libro fácil, ya se sabe que el ser humano sólo aguanta dosis moderadas de realidad.
Tal vez por eso no es ni muy conocido ni al parecer muy apreciado, a pesar de que se trata de una de las mejores obras que en Venezuela se han producido en el campo del ensayo, una de las más lúcidas, quizá la más provocadora, ya que juntamente nos atrae y nos repele.
En vez de estar hablando del imperialismo norteamericano como causa de todos nuestros males, por ejemplo, Rangel va más allá, pues "hasta el despojo más inicuo, por reprobable que sea, no excusa de buscar una explicación racional para la fuerza del ladrón y la debilidad de su víctima". ¿Cómo una confederación de estados que nace en 1776, "fruto de un experimento político extravagante y tan poco apropiado (según el sentido común prevaleciente) para asegurar un gobierno estable y eficaz, mantener la paz o la cohesión interna", se convierte con el pasar de los años en una potencia mundial?. ¿Y por qué Latinoamérica ha ido por el camino opuesto?
Y de ahí a lo que Revel considera la lección fundamental de Rangel: "El subdesarrollo latinoamericano es político antes de ser económico. Más exactamente, me parece que en Latinoamérica el subdesarrollo económico es consecuencia del subdesarrollo político, y no lo contrario, como sucede en el verdadero Tercer Mundo. (...) Ese doble subdesarrollo ha precipitado la vocación "revolucionaria" de Latinoamérica, ya que la "revolución" parece el atajo para superar una situación marcada por la incapacidad de construir estados democráticos modernos y economías prósperas (...) Pero las revoluciones latinoamericanas han sido o bien de una tal virulencia que han arruinado lo que pretendían salvar (...) o bien de un verbalismo que disimula bajo un "lenguaje social" una incompetencia generadora de súbito desastre".
Que nadie se sienta aludido.
Javier Brassesco
jbrassesco@eluniversal.com