Realmente no es fácil entender a este gobierno. Al primer día de la recolección autorizada de firmas ("Reafirmazo") para solicitar el referéndum revocatorio del mandato presidencial, el oficialismo (nada menos que por boca del Primer Mandatario Nacional) gritó: "fraude"; supuestamente sin conocer actas ni planillas de firmas todavía. Naturalmente que tienen que surgir las sospechas, no sólo de que el Gobierno fue enterado de los primeros resultados de ese día, sino que indujo él mismo al fraude, en las firmas (como posteriormente le sugiriera la ministra del Trabajo, en declaraciones a los medios de comunicación).
De allí que muchos hayan pensado (hasta opinado) que, en este caso, el oficialismo planificó y ejecutó la vieja estratagema del atracador que, para despistar a los presentes, gritaba: "al ladrón, al ladrón; agarren al ladrón".
Pero de todo esto se ha dicho mucho, en los medios de comunicación, en estos días. A lo que queremos referirnos nosotros, ahora, es al hecho, contradictorio en sí, de que habiendo sido el oficialismo quien acusara públicamente de fraude a la oposición, sea ésta, abiertamente, la más interesada en que se invitara al mayor número y diversidad de observadores y testigos imparciales, a presenciar y avalar el proceso. ¿Será también un ardid, para despistar? Honestamente, no lo creemos. Ya que hemos venido observado, a través de los medios independientes, cómo los presuntos "parciales" del oficialismo en el Consejo Nacional Electoral han querido y han venido limitando y poniendo dificultades a la participación de los observadores y de la ayuda internacional ofrecida, y ello con el pretexto de la autosuficiencia técnica y del respeto a la soberanía nacional (a pesar de los acuerdos suscritos y de los compromisos adquiridos).
Además, hemos podido observar, también, cómo el Cne ha estado alargando los plazos de las distintas etapas de verificación y validación de firmas recogidas por la oposición; con la excusa, entre otras, de las vacaciones del personal (incluso de aquél que tenía varios años sin disfrutarlas legalmente).
Todo esto no hace sino poner en duda el poco interés que tiene el oficialismo en conocer sinceramente la opinión mayoritaria del "soberano", sobre la gestión de gobierno. Y ello nos convence más del supuesto temor que tiene de no contar ahora con el favor del pueblo, que clamorosa y confiadamente lo llevó al poder.
ANIBAL LUNA LUGO