Todavía hay tiempo y espacio para la paz social en Venezuela. No vayamos a lamentarnos como niños de lo que no pudimos hacer o defender como hombres. La defensa de la paz social, es también la defensa del hombre, de la democracia y de la libertad. Y en ese sentido, en esa guerra, yo doy un paso adelante, todo ello por la Venezuela de nuestros sueños.
La base de toda sociedad es el orden. El orden está constituido por el Estado de Derecho y éste, a su vez, es el conjunto de normas que regulan las relaciones entre los hombres que conforman esa sociedad y entre éstos y el Estado, como ente organizador y administrador de la nación.
El orden determina el grado de libertad y ésta crea no sólo la satisfacción de la sana convivencia, sino que es concomitante a la democracia y al infinito número de posibilidades de progreso y realización individual y colectivo. Sin orden no hay progreso, sin progreso no hay bienestar y sin éste último la sociedad pierde su norte y estrepitosamente se sume en el caos y la anarquía. Lanzándose el elemento humano en contra de toda norma, autodestruyéndose y creando atraso, enfrentamiento y confusión en todos los niveles de la existencia.
Soy plenamente consciente que quien habla mal de su país, habla mal de sí mismo. Ese no es mi caso. Pero creo que sumaria y profundamente debemos hacernos una introspección real, verdadera, no justificativa, pero sí descarnada de todo el desorden, la diatriba, las argucias y desconfianzas en que hemos sumergido la paz social.
Conversando con un filósofo amigo de la infancia, me explicaba que la desconfianza, la duda, los resquemores y la falta de seguridad, son manifestaciones del odio. Y el odio es el signo fatídico que aparece siempre como heraldo de todo proceso de destrucción y de anarquía.
"El que tenga ojos que vea y el que tenga oídos que oiga, porque aquí hay sabiduría". No puede, por bien del país, seguirse en esa ola maléfica de rumores, de ofensas y de intenciones plagadas de objetivos nefastos y bastardos. Creo que hay que 4entrar en el análisis y consideraciónde que el opuesto existe. Que tiene vida y se necesita para el pluralismo democrático, el pluralismo es imprescindible para la selección de opciones. Sin abanico de opciones no hay escogencia, sin capacidad de escoger no hay libertad.
Debemos convencernos que el delito de opinión no está configurado. La capacidad de pensar no está conculcada, ni limitada más que por el respeto a la dignidad humana. Sin embargo, actualmente la bipolarización de la sociedad venezolana se está convirtiendo en un abismo peligros. Abismo que no solamente separa, sino que nos enfrenta peligrosamente poniéndonos al borde del desmoronamiento, al borde de una guerra fratricida. Ese tipo de conflicto, que se sabe cuándo empieza, y pero nunca se sabe cuándo termina.
El espejo de Colombia, sirve para mirarnos de cuerpo entero y para aprender por adelantado las lecciones de la Historia. Ese país lleva sesenta años en guerra. ¿Y qué han logrado con ello? La guerra no beneficia a nadie. ¿Acaso nace la rosa en las bayonetas? La única guerra que todos debemos ganar es guerra contra la ignorancia, contra el hambre, contra el desempleo, contra la inseguridad, contra la falta de salud, contra el atraso físico y mental. Esa es la guerra contra la cual no debe haber descanso, a guerra que debe unirnos a todo los hombres de buena voluntad, sin egoísmo, sin careta de payaso trasnochado. Sin afilar puñales en negra noche de insomnio.
Todavía hay tiempo y espacio para la paz social en Venezuela. No vayamos a lamentarnos como niños de lo que no pudimos hacer o defender como hombres. La defensa de la paz social, es también la defensa del hombre, de la democracia y de la libertad. Y en ese sentido, en esa guerra, yo doy un paso adelante, todo ello por la Venezuela de nuestros sueños.
Gamal Richani Nasser