Febrero 25, 2004

CHÁVEZ: EL JUEGO ES PELIGROSO

La realidad política venezolana ha erigido a Hugo Chávez como el único líder del autodenominado movimiento revolucionario bolivariano. A su vez, esta realidad le convierte en el líder político con mayor aceptación en la sociedad venezolana; sin embargo, su estrategia en el ejercicio del poder también le ha convertido en el líder que cuenta con un rechazo popular que supera al afecto que recibe.

Tales hechos colocan a este personaje en una dicotomía compleja: si se mide, él solo, frente a los electores, no cabe duda que la mayoría lo rechaza. Sin embargo, si se mide junto con los demás líderes políticos actuales, tampoco cabe duda que ninguno de ellos, por sí sólo, logrará derrotarlo.

Así pues, la estrategia del oficialismo se orienta a mantener como gobernante al líder con mayor aceptación popular mientras que la oposición aspira revocarle su mandato con base en el amplio rechazo que recibe.

Ante esta confrontación, las reglas establecidas y la forma como se conducen los líderes políticos y las instituciones del país indican que la dilación y la distracción favorecen al oficialismo para que, pasado el mes de mayo, se haga inefectivo todo intento para elegir un nuevo presidente y así quedaría satisfecha la aspiración de esa mayoría aparente que respalda y apoya al régimen.

Tales prácticas, aun cuando hábilmente apegadas a una legalidad, también aparente, están destinadas a cercenarle el ejercicio de un derecho constitucional a una mayoría calificada que se expresó libre y voluntariamente. Para lograrlo, ya se ha preparado el ambiente mediante el discurso y las acciones que invocan un supuesto "megafraude" que, por no ser comprobable, se pretende fundamentar con las llamadas "planillas planas", lo cual no es más que un artificio técnico que se adecua perfectamente a la estrategia oficialista.

Hugo Chávez: este juego es peligroso, ya que de esta manera se frustraría la voluntad de una mayoría calificada que entonces gozará de la legitimidad necesaria para luchar en defensa del derecho que se le ha arrebatado. La voluntad existe, los argumentos para tal lucha sobran y los fundamentos para invocarla los promulgó el propio soberano en una Constitución que, incluso, consagra el mandato para desconocer a cualquier autoridad que contraríe los principios y las garantías democrá ticas.

Ante este escenario, te queda una opción: la imposición por vía de la fuerza, pero allí el juego se hará más peligroso. Todos podemos imaginarnos cómo comenzaría esa nueva fase; sin embargo, lo que no podemos imaginarnos es ¿cómo? o ¿cuándo? ter minará.

Así pues, me permito recordar que quien se encuentra en ejercicio del gobierno tiene la responsabilidad de conducir las acciones que garanticen la tranquilidad y la paz ciudadana. Ese es el deber, y maldito aquel soldado que emplee las armas contra su pueblo.

GUAICAIPURO LAMEDA MONTERO
g_lameda@hotmail.com


Publicado por Nelson Amaral Duarte em Febrero 25, 2004 01:11 PM
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