Febrero 26, 2004

DECISIÓN EN PUERTAS

Es completamente inaceptable desde los puntos de vista democrático, jurídico y de sentido común el que se produzca una decisión de pasar a reparo las llamadas "firmas asistidas" o "planillas planas".
Da pena ajena que haya que explicarle a algunos rectores del CNE cosas que no debería ser necesario que se les explicase. Es una verdad meridiana que lo que hace personalísimo el acto de convocar un referéndum revocatorio es mi firma, como lo establece de mil maneras la simple vida cotidiana.

Se ha repetido hasta la saciedad y insistir sobre ello es llover sobre mojado. La única forma de comprender que eso todavía está en discusión y que todavía alguien pretenda que las firmas en cuestión deben ser llevadas a reparo es algo que también sabemos todos. Es decir, que hay una poderosa presión política desde el gobierno para que sea eso lo que se decida. Si es esa la decisión que se toma, todo el país sabrá que fue porque, por una razón u otra, la mayoría del CNE cedió a una pretensión del gobierno que es completamente insostenible. Pretensión que tiene como objetivo, ya no retardar, sino impedir el revocatorio, mandando a reparo una cantidad inalcanzablemente alta de firmas.

DIFICIL DE IMAGINAR. A uno le cuesta imaginar cómo, en las discusiones que tienen lugar en el directorio del CNE, alguien de inteligencia media y una mediana formación, como la que tienen de sobra los miembros del directorio, puede sostener sin que se le caiga la cara que las firmas donde el firmante dejó o pidió que otro le llenara los datos puede ser considerada objetable.

Al momento de escribir este artículo, no se ha tomado ninguna decisión y seguramente al momento de publicarse ya el CNE haya resuelto. Es justamente lo indefendible de una decisión cuya posibilidad estamos comentando, lo que permite pensar que no se tomará y que privará el simple sentido común y el más elemental sentido jurídico y democrático. Ya está claro que de los cinco rectores, tres de ellos se inclinan política e ideológicamente hacia el gobierno, con aparente menor intensidad en el caso de Carrasquero. Pero el mundo no es así de simple: están los hechos voluminosos, está la atención internacional, está la presión interna, está la responsabilidad histórica, está el sentido de lo que podría desencadenarse ante una decisión desfachatada, y está, para terminar, el sentido del honor y la simple decencia. Sabrá Dios cuánto pesan estas últimas cosas en el ánimo de esos tres rectores y no soy yo quien para decirlo.


BUSCANDO AMORTIGUADORES. Lo que puede estar ocurriendo en el seno del CNE es la búsqueda de un camino que amortigüe algo el impacto directo de la decisión. Un camino que ni cierre de una vez la vía del revocatorio declarando que no se recogieron las firmas, ni lo convoque de una vez, declarando que sí se recogieron. Lo primero sería por completo inaceptable para el país y para la comunidad internacional, porque todo el mundo sabe que sí se recogieron. Lo segundo sería un compromiso para que el gobierno no pierda de una. El camino amortiguador sería el de una decisión que no resuelva la cuestión directamente, sino que remita a los reparos y a lo que ocurra en los cinco días previstos para ellos. Pero será inevitable que esa decisión diferida signifique en la práctica el rechazo al revocatorio o su convocatoria, sólo que cinco días más tarde. Quiero decir: o se envía a reparo un número absurdamente grande de firmas, o se envía a reparo un número limitado de firmas, de modo que sea casi seguro que, en el primer caso, la oposición no pueda revalidar el número necesario de firmas, o que, en el segundo, sea prácticamente seguro que sí lo va a hacer. Este segundo caso implica, que el número de firmas validado por el CNE y no enviadas a reparo ya queda cerca del mínimo requerido.


CRITERIOS DE ACCION. La primera opción equivale al rechazo del revocatorio. Es una modalidad aceitada de tal rechazo. Sería por ello completamente inaceptable tanto dentro del país como fuera de él. La forma de responder a eso estaría por determinarse, pero la respuesta tendría que ser extremadamente recia e intransigente. La otra opción es más complicada, porque mezcla dos cosas: el envío a reparo de unas firmas que son válidas, aunque en un número mucho menor de lo que en el gobierno quisieran, y la perspectiva cierta de que ese obstáculo va a ser superado y que el revocatorio va a ser convocado. En este caso, sería decisiva la posición de los observadores internacionales ante tal decisión.

Pero basta de estas exploraciones. Esa decisión amortiguadora sería una decisión pusilánime, porque los rectores saben que las firmas están. Y no digo más, como no sea que ¡haz CNE, carajo, lo que sabes que es correcto!

DIEGO BAUTISTA URBANEJA
dbu@etheron.net

Publicado por Nelson Amaral Duarte em Febrero 26, 2004 06:42 PM
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