Pueblo, si me matan, no aceptes que digan que yo me maté. Pueblo, si me matan, toma mi sangre y alimenta el espíritu de tu lucha. Pueblo, si me matan, no detengas tu andar hacia el horizonte de la libertad y levanta el último pedazo de mi camisa ensangrentada para enseñarlo al mundo y gritar que he muerto por una causa justa y que, más temprano que tarde, los que me han matado sentirán el aguijón de la justicia clavado en sus carnes y en sus mentes.
Pueblo, si me matan, toma la bandera que llevaba desplegada y hazla más ancha y más altiva, deja que el viento la bata y la revuelva en medio del llanto y de las lágrimas. Pueblo, si me matan, no vistan luto, alegren de colores los caminos y las calles, y que canten los muchachos estudiantes el himno de la boina victoriosa. Pueblo, si me matan, graben el rostro de quienes debían defender mi vida y no lo hicieron y son quizás más responsables que los propios ejecutores.
Pueblo, si me matan, no olviden el pasmoso silencio de la gente buena que unido a las malas acciones de la gente perversa, reproducen el drama cruel que me lleva a la tumba. Pueblo, si me matan, muero por los míos, los que he defendido siempre y por aquellos también que, indiferentes, abstencionistas, ajenos al dolor ajeno, a la destrucción de su país en manos de una banda de cínicos, se han convertido en sordos y ciegos.
Pueblo, si me matan, protege a mis hijos que han quedado huérfanos y enséñales a luchar por lo que es bueno, por lo que es digno, por lo que es justo. Pueblo, si me matan, recoge mi pito, toma mi bandera, transfórmala en arma del combate cívico que el día llegará de hacerla valer, de fortalecerla y llenarla de bríos para atacar los muros de la ignominia.
Pueblo, si me matan por lo que pienso, por el ejercicio de mi derecho; si violan a mis mujeres y golpean con cobarde fiereza los cráneos de mis estudiantes, si dejan caer las culatas de sus fusiles sobre los huesos del preso políticos; si los saqueadores siguen llevándose el dinero de todos; si ya no queda edificio moral en pie, entonces prepárate pueblo para luchar hasta el fin y no descansar hasta la victoria.
Porque de ser así, mi muerte no habrá sido en vano, si acaso un eslabón para alcanzar la cima. Mientras la noche avanza estoy seguro que la claridad se acerca y no importa lo oscuro que sea esa noche, mayor la gloria de saborear el amanecer. Pueblo, si me matan, no llores, aprieta el puño, endurece la mirada, acera la conciencia y no des paz y descanso hasta que ellos sean llevados ante la justicia y, juzgados limpiamente, sean condenados.
Pueblo, aunque me maten, no les entregues los bastiones de la resistencia a los cobardes y cínicos. Pelea por tus gobernaciones y alcaldías y por tus policías y tu descentralización. No dejes perder esa oportunidad de cortarle las ramas al árbol de la corrupción nacional y de dejarlo tambaleante, cercado, desnudo, con sus víctimas sangrantes solicitando el juicio. No caigas, pueblo, en esa trampa que te han tejido, no tengas miedo, avanza, combate, sé tú mismo quien decida y no dejes que decidan por ti. Elige a los que consideres mejores hombres y mejores árbitros. Porque será así, pedazo a pedazo, pero sin dejar nada atrás como vendrá todo, inexorablemente, aunque me maten.
Pueblo, si me matan, ellos no encontrarán en dónde esconderse. Sus madres, sus esposas, sus hijos e hijas, sus hermanos y hermanas, no podrán responder la pregunta: ¿Quieren ustedes que a un miembro de la familia, le pase lo mismo que a la pobre mujer zuliana a quienes cuatro militares, además de matarle el esposo, la obligaron a tener sexo con cuatro de ellos, mientras cada uno, a su turno, pateaba el ya frío cadáver? ¿Ustedes, que supuestamente son cristianos bautizados, comparten la irresponsabilidad del Fiscal Rodríguez y el mudo Mundaraín, para quienes también vale la pregunta? ¿Es porque se trata de una mujer pobre, humildad y pobreza extrema, que le hacen eso? Que lean este reclamo esas familias de diputados, concejales, funcionarios de alto rango y militares; ¿es que creen acaso que no tienen responsabilidad por su omisión? Dime, Carrasquero, ¿te gustaría que se lo hicieran a tu hija? En dónde se esconderán de la mirada de Dios. Pueblo, si me matan, que los perdone Dios, tú, piénsalo.
PD: "Tendremos que arrepentirnos en esta generación, no tanto de las malas acciones de la gente perversa, sino del pasmoso silencio de la gente buena". (Martín Luther King)
LUIS CISNEROS CRÓQUER
Publicado por Nelson Amaral Duarte em Marzo 24, 2004 09:37 PM