El teniente coronel Hugo Chávez Frías deberá sentarse en el banquillo de los criminales de guerra, porque desde 1992, en sucesivas declaraciones y discursos incendiarios, ha empleado, por primera vez desde 1903, el lenguaje de la guerra, ha conspirado para desatar una guerra
Cuando, al final de la Segunda Guerra Mundial, los jerarcas nazis fueron juzgados y colgados en Nürenberg, se les había acusado de conspirar para desencadenar una guerra. Hay quienes piensan que eso no ha debido figurar en primer lugar de sus crímenes, sino el Holocausto de la población judía, además de los gitanos, las élites pensantes polacas y rusas y hasta de los homosexuales y los enfermos mentales, que también intentó eliminar el régimen nazi.
Es decir, que por muchas coincidencias que pudiesen existir entre el militarismo prusiano responsable también de la Primera Guerra Mundial, y los nazis, había una diferencia esencial, a saber que la prusiana era una casta militar soberbia y guerrera, y el nazismo una banda de malhechores, de delincuentes comunes violadora sistemática de los derechos humanos.
CASI POR DEFINICION. Sin embargo, al poner el problema de los derechos humanos sobre el tapete, tal vez haya que dar la razón a los acusadores de Nürenberg. Porque la guerra es, casi por definición, la negación absoluta de todos los derechos humanos, puesto que niega el más importante de todos, y que se impone si no condiciona los demás: el derecho a la vida.
Es así como a partir del momento en que se comenzó a tener conciencia de que no existía justificación moral para desencadenar una guerra, que la guerra era intrínsecamente inmoral, comenzó la preocupación por los derechos humanos. Fue después de presenciar los horrores de la batalla de Solferino que se pensó en fundar la Cruz Roja, y también, después de la guerra franco-prusiana de 1870, que, a partir de 1907 comenzaron a elaborarse leyes contra el maltrato de los prisioneros de guerra, lo que al codificarse en 1927 se comenzó a llamar "Convención de Ginebra". En Venezuela, no en vano esa preocupación surgió bajo (y contra) el gomecismo: porque se vivía en un país pacificado; donde al fin se había comprendido que la guerra no era la solución sino el problema.
APARTE DE LA COMPASION. Antes, no era habitual que se pensase en la violación de los derechos humanos, aparte de la compasión que pudiese mover algunas almas piadosas a impedir demasiados abusos. Se pensaba que el maltrato al vencido, incluso las peores torturas, era lo normal en una guerra.
Ya se tiene claro, en todo el mundo si no siempre en Venezuela, que la mayor y mejor protección a los derechos humanos es impedir el desencadenamiento de la guerra. Y por supuesto, quien propicie la guerra, aún antes de que comiencen a tronar los cañones, se sienta por allí mismo en el banquillo de los criminales de guerra, el mismo donde se sentó en su momento a los jerarcas nazis.
Todo lo anterior nos permite sentar las bases para comprender, aquí y ahora, el verdadero sentido de la lucha por los derechos humanos, el verdadero crimen del chavismo, el crimen de leso derecho humano. Ya la opinión pública nacional e internacional ha sido testigo de las innumerables violaciones de esos derechos cometidos por esta peste que se ha enseñoreado sobre Venezuela desde 1998.
ERRAR EL TIRO. Pero señalar esta última fecha como el inicio de esas violaciones es errar el tiro: eso comenzó en 1992. Si hacemos arrancar de 1998 las violaciones a los derechos humanos, y si nos referimos sólo a las torturas y asesinatos que hemos presenciado en las últimas semanas, estamos cometiendo el error de considerar a este gobierno como un gobierno normal, pésimo pero normal: todos los gobiernos, quien más quien menos, cometen ese tipo de violación de los derechos humanos. Es lo que permite la indecencia de José Vicente Rangel, recordando el asesinato de Alberto Lovera para disimular si no justificar los crímenes de su gobierno. Argumentación que del hilo a la aguja, como suelen decir los franceses, ha llevado al mismo personaje a justificar el peculado de uso que significa emplear los dineros públicos para financiar las campañas políticas del oficialismo "porque eso se ha hecho siempre". Y que en el futuro lo llevará indefectiblemente a justificar el peculado puro y simple "porque eso se ha hecho siempre", porque su padre lo hizo bajo el gomecismo.
LA TOS DEL GATO. Sin contar de que no se trata sólo de abolengo: en su progenie hay quien parece decidido a honrar la tradición: de atrás le viene la tos al gato.
No, repetimos, por ahí no van los tiros. Aún si no se hubiesen producidos estas torturas que podemos llamar "chavistas" (y de paso, también torturas "rangelistas" por su complicidad en la ocultación y justificación de la malhechuría); aún si no se hubiese producido la innoble persecución de los empleados petroleros y de sus familias; aún si no se hubiese conocido la vergüenza de "Los Semerucos", el teniente coronel Hugo Chávez Frías deberá sentarse en el banquillo de los criminales de guerra, porque desde 1992, en sucesivas declaraciones y discursos incendiarios, ha empleado, por primera vez desde 1903, el lenguaje de la guerra, ha conspirado para desatar una guerra.
MANUEL CABALLERO
Publicado por Nelson Amaral Duarte em Marzo 27, 2004 06:01 PM