Con receta nacional debe procurarse la salida a la crisis que nos agobia. Bienvenidos sean los respaldos y demostraciones internacionales de que hay conocimiento sobre lo que está pasando en Venezuela. Es más, son muy necesarias las demostraciones de que la comunidad internacional se atreve a ponerle nombre y apellido a este deslizamiento del régimen hacia un estilo definitivamente autocrático. Pero la solución está en manos de los venezolanos.
Habría que tener un plan B para ganar adeptos foráneos convencidos y comprensivos de las causas de los millones de ciudadanos que se oponen a este gobierno y que firmaron para demostrarlo. Sin duda a la oposición le toca esta tarea.
Un rol fundamental en esta etapa de la lucha entre un sistema democrático y un sistema autoritario le corresponde igualmente a la OEA y al Centro Carter, en su calidad de garantes.
Es hora de que se haga público, a pesar de las limitaciones burocráticas, el informe preliminar de la misión de observadores sobre la metodología utilizada por el CNE para enviar a reparación, por caligrafía similar, más de 800 mil firmas que solicitan el revocatorio presidencial siguiendo criterios aprobados a posteriori.
Allí sí hay esperanzas que pueden ser colmadas por la comunidad hemisférica.
A los venezolanos nos atañe, eso sí, denunciar y sustanciar esas acusaciones en los foros correspondientes -ONU, OEA, la Unión Europea-, el irrespeto repetido de los derechos humanos más elementales: muertes, torturas, negativa de otorgar documentos de identidad a opositores, ausencia de independencia de los poderes, persecución judicial y laboral a los opositores políticos, prisión, grabaciones telefónicas ilegales, presión a los medios de comunicación social, violencia paramilitar.
Apelar a la solidaridad internacional tiene además otras limitaciones. El Gobierno no corrige. Sólo tiene oídos cuando esas manifestaciones son coincidentes con sus intereses. Las llamadas de atención a Venezuela de líderes de opinión extranjeros o de medios de comunicación prestigiosos serán descalificadas sistemáticamente por considerarlas intromisorias en los asuntos internos.
Siempre será recomendable que, para que la oposición sea un interlocutor creíble en el exterior, sostenga un discurso con argumentos que los aliados puedan traducir en acciones posibles de respaldo.
Fuente: El Universal.com
Publicado por Nelson Amaral Duarte em Marzo 29, 2004 12:10 PM