Marzo 29, 2004

LA ALTERNATIVA SUBESTIMADA

La diferencia fundamental entre un dictador y un secuestrador es que este último accede a liberar al secuestrado porque en realidad no está interesado en quitarle la vida, sino en la recompensa, mientras que el dictador secuestra la democracia para aniquilarla, pues de ello depende, su permanencia en el poder. Las circunstancias, a veces, nos obligan a negociar, y también las circunstancias, a veces, obligan a los terroristas, e incluso a los dictadores, a negociar. El dictador generalmente negocia la devolución de la democracia a cambio de su huida, cuando reconoce que continuar con su dictadura le resultará inconveniente, bien porque su vida está en peligro, bien porque sabe que sus fuerzas represivas han sido desbordadas.

Es común que fuera de estos supuestos, las negociaciones que realiza el dictador, no son para devolver la democracia que le interesa aniquilar, sino para lograr nuevas concesiones y prolongar su permanencia en el poder. Y en esas negociaciones los demócratas que realizan una "última" concesión, lo hacen con la misma esperanza que tiene aquél que le da un "último" pedazo de carne al tigre para que se convierta en vegetariano. De allí que tarde o temprano nos encontraremos de nuevo con el dilema de continuar por la "ruta democrática" o tratar de activar alguna otra alternativa, que mientras no desarrollemos, nunca podremos activar.

EL PROBLEMA DE la "ruta democrática" es que nadie sabe dónde termina: ¿con las elecciones regionales?, ¿cuando se realicen los reparos o el referéndum y no se respeten sus resultados?, o ¿luego de la elección presidencial del 2007, del 2013 o del 2021? En nuestra opinión, no se trata, como algunos indican, de escoger entre la desobediencia cívica y la ruta constitucional, pacífica y democrática. Se trata de encarar la dura realidad. Además, la desobediencia cívica, es una vía constitucional, pacífica y democrática (aunque no electoral). Es cierto que activar una ofensiva cívica sin una debida organización y sin un liderazgo que la impulse, sería desastroso. Sin embargo, esto sólo demuestra la gran mora que existe en su desarrollo y el urgente impulso que le debe dar la dirigencia democrática.


ESE GRAN RETO incluye una gran planificación estratégica, consciente de que no es cierto que la desobediencia cívica se deba realizar "dentro del marco de la legalidad", ("desobedecer obedeciendo"). También hay que erradicar la idea de que el uso del Art. 350 fomenta la violencia, lo cual es otro contrasentido, pues, la desobediencia cívica supone conductas no violentas, aunque sí de mucho coraje. Y finalmente, hay que impedir que se limite la propia esencia de la desobediencia cívica (protestas muy ingeniosas y creativas) al simple cierre de vías públicas.


AFORTUNADAMENTE, HAY QUIENES la entienden y promueven cabalmente (www.aeinstein.org), conscientes de lo que el desafío no violento bien organizado es capaz de lograr. Personajes como H.D. Thoreau, Gandhi y M.L King, lo demostraron hace varias décadas, cuando todavía no existía la TV en vivo, ni los videos aficionados. Hay numerosos ejemplos de dictaduras modernas que han caído por la desobediencia cívica. La conclusión es dura: quienes por anhelar la salida menos costosa, subestiman esta alternativa, deben comprender que nos conducen hacia la consolidación de una dictadura y, paradójicamente, hacia un camino de mayor violencia.

ANDRÉS A. MEZGRAVIS
Profesor UCV y UCAB en Medios Alternativos de Solución de Conflictos.


Publicado por Nelson Amaral Duarte em Marzo 29, 2004 12:13 PM
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