Marzo 29, 2004

¿DÓNDE ESTÁ EL LLEGADERO?

La mayoría de la población venezolana no confía en los Poderes Públicos, cuya crisis es ya inocultable e irreversible, por lo que deberían ser disueltos. Hace tiempo que la constitucionalidad y la legalidad han sido pisoteadas y la indefensión ciudadana ante el régimen es alarmante, sin tener a quien recurrir. Venezuela está viviendo una coyuntura crítica con tendencia a agravarse, que ni siquiera podrá resolverse con una salida electoral, inviable ante el descrédito del árbitro electoral y del tribunal constitucional.


Parece que la democracia está llegando a sus límites de resistencia, y la terquedad y las trácalas con que los jerarcas del régimen impiden la convocatoria del referéndum revocatorio contra el presidente de la república es una señal clara que están dispuestos a trampear también los resultados de las elecciones para gobernadores y alcaldes, para asumir el control de las gobernaciones que son estratégicas para el control total del país y terminar de someter y dominar a la oposición.

La violación de los derechos humanos ha sido flagrante e inocultable, y los crímenes y abusos cometidos están documentados y serán castigados. No habrá impunidad ni disculpas para los que torturaron, violaron, agredieron y mataron a venezolanos y que actuaron amparados en los círculos del terror, pandillas armadas bajo cubierta de algunos cuerpos de seguridad o por iniciativa propia por los bajos instintos que los dominan. No habrá capucha que los salve. Es solo cuestión de tiempo, y no falta mucho.

Lo cierto es que el régimen domina todos los Poderes Públicos y parece decidido a llegar adonde tenga que llegar, usando la violencia y el terrorismo de estado y retirando a los venezolanos que se le opongan hasta los derechos ciudadanos: ni trabajo, ni cédula, ni pasaporte. El régimen puede ir aún más lejos en la presión y represión y parece dispuesto a hacerlo.

En las actuales circunstancias no es posible una convivencia democrática normal y la oposición debe entenderlo, no sólo para evitar sacrificios inútiles sino para encausar la energía de los que quieren disentir y protestar sin saber como hacerlo de forma adecuada para lograr resultados positivos visibles en tiempo útil. La gente, mucha gente, está dispuesta a salir a la calle y a luchar por sus derechos mientras hay tiempo para hacerlo, y queda poco. Esta disputa dejó de ser electoral para ser política, y solo la fuerza de gente en la calle puede salvar al país. No se puede, ni se debe, esperar que lleguen las elecciones para alcaldes y gobernadores sin resolver antes el problema de la convocatoria del referéndum revocatorio y poner orden en los Poderes Públicos.

En cuanto a los observadores internacionales, solo sabemos que limaron unas cuantas asperezas con los rectores del Consejo Nacional Electoral, sin que los electores sepan que andan tramando entre ellos, ni siquiera como sanaron las heridas que tenían abiertas. Lo cierto es que los venezolanos han apostado por resolver la crisis de manera pacífica y electoral con el aval de los observadores internacionales, pero de manera confiable, objetiva y transparente, además de rápida.

Hasta ahora, nada de eso ha pasado, y cada día parecen más alejadas las posibilidades de lograr una salida pacífica, una vez que el régimen ha optado por la vía de la violencia y el atropello, desconociendo la Constitución y las Leyes. Las tácticas dilatorias y obstructivas son evidentes y la paz ya no existe. Las agresiones y las persecuciones a los opositores bajo una frágil capa de barniz legal que no aguanta un raspado, son indicadores claros de que el régimen está herido de gravedad, pero sigue repartiendo mordiscos y patadas. Es muy difícil resolver esto por las buenas. Estamos llegando al llegadero.

CARLOS MATA

Publicado por Nelson Amaral Duarte em Marzo 29, 2004 08:02 PM
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