Marzo 30, 2004

¡QUÉ VERGUENZA!

¡La democracia ha muerto en Venezuela! La vigencia del sistema depende de al menos tres requisitos. El primero es el voto popular, el segundo la independencia entre las ramas de los Poderes Públicos y el tercero es el ejercicio de la función pública con apego a la Constitución y las leyes.
Nada de eso existe ya. ¡Qué vergüenza! El derecho al voto es lo que le da legitimidad de origen a un gobernante. Pero también esa legitimidad depende de lo establecido en el Art. 72 de la Constitución: el referendo revocatorio, que forma parte inseparable del derecho al voto.

En la práctica, ese derecho ha sido conculcado por una conspiración entre las distintas ramas de los Poderes Públicos, con lo cual se ha incumplido el segundo de los requisitos, aquel al cual se refería Montesquieu cuando afirmaba: "El poder frena el poder". Y es que la existencia misma de la democracia implica la vigencia de ese mecanismo de "pesos y contrapesos" o "check and balances" como afirmaban los filósofos políticos de lengua inglesa.


YO ME PREGUNTO ¿Es que acaso las actuaciones del Fiscal General, o del Contralor General o del Defensor del Pueblo sirven de contrapeso a los excesos del Poder Ejecutivo? Más bien pareciera que todos los esfuerzos de estos activistas políticos están dirigidos a construir un muro capaz de contener la inmensa marejada social que inevitablemente se producirá, como reacción al asesinato de la democracia. Y pensar que a eso lo llaman Poder Moral. ¡Qué vergüenza!

Y para colmo, el masivo irrespeto a la Constitución y las leyes que ha pasado a ser la norma de la actual Administración, ha terminado por restarle cualquier viso de legitimidad al desempeño del gobernante. Y ello ocurre a pesar de los tortuosos esfuerzos de quienes deberían ser los máximos intérpretes de la Constitución, pero que de manera cada vez más evidente no hacen otra cosa que retorcer y contorsionar su articulado, en un denodado esfuerzo por buscarle una justificación a lo que la conciencia ya no puede tolerar. ¡Qué vergüenza!

Cuando los límites constitucionales y los que impone la conciencia dejan de existir, los gobernantes tienen entonces que enfrentarse con sus pueblos, que ya no los aceptan. Comienzan entonces a producirse las violaciones a los derechos humanos.


Y ES QUE A FALTA de legalidad, sólo queda la fuerza bruta. Hay que intimidar a la población. La represión puede adoptar varias formas. Hay un sector de la sociedad que siempre podrá ser sobornado por la vía del hambre. Eso es lo que popularmente se conoce como "el bozal de arepa". Pero eso, también es fuerza bruta. Quizás el ejemplo más despreciable de este tipo de intimidaciones es la que hace poco le escuchamos a un ministro del régimen, que evidenciando una monumental ignorancia o un más brutal dogmatismo, llegó a comparar a quienes hubiesen acudido al "firmazo" con terroristas, concluyendo que serían despedidos los empleados de su Despacho que hubiesen firmado. Ese hombre no está capacitado para desempeñar ninguna función pública. Ha debido ser destituido de inmediato. ¡Qué vergüenza!

Por supuesto, la intimidación adopta también otras formas más siniestras: las muertes, las torturas, los presos políticos, los desaparecidos. Un solo caso de este tipo resultaría intolerable, en todo el continente. Pero en nuestro país la lista está creciendo. Las violaciones a los derechos humanos son el último recurso de quienes se aferran desesperadamente al poder. Cuando un gobernante comienza a actuar como lo hacen Fidel Castro o Robert Mugabe, los ciudadanos de ese país tienen razones para estar de luto. Pero estemos claros, Venezuela no es ni Cuba ni Zimbabwe. ¡Siempre fuimos luchadores precoces por la libertad!


Y POR SUPUESTO, todas las cosas que están ocurriendo conducen inevitablemente a nuestro país por el camino del aislamiento internacional. ¿Cómo puede la comunidad internacional, enfrentada cada vez más al flagelo del terrorismo, entender que un alto funcionario del régimen manifieste su solidaridad con el grupo Hammas? ¡Qué vergüenza!

Progresivamente, quienes antes creyeron que lo que ocurría en nuestro país se originaba en una lucha por la justicia y por la igualdad, están comprendiendo la oscura realidad. En Venezuela no existe, ni nunca ha existido el racismo. Somos un pueblo mestizo y orgulloso de serlo. Importar conflictos de otras latitudes para propiciar divisiones en nuestra sociedad no es más que una felonía.

El tejido social venezolano está siendo desgarrado por una gavilla que se apoderó de las riendas del poder y que está destruyendo nuestra economía, saqueando al país y destrozando nuestras instituciones. ¡Qué vergüenza!

JOSÉ TORO HARDY
josetoro@telcel.net.ve

Publicado por Nelson Amaral Duarte em Marzo 30, 2004 12:04 PM
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