Diferentes actores de la opinión pública han venido utilizando durante los últimos meses -en forma reiterada- la palabra régimen para referirse al gobierno de turno. El tono aplicado para hacerlo es con cierto dejo despectivo. Me imagino que ello se hace con el ánimo de desacreditar aun más a la actual administración. Vale la pena entonces preguntarnos ¿Qué significa ciertamente la palabra régimen? ¿Están en lo cierto quienes vienen usando el vocablo en cuestión como arma de guerra en su lucha oposicionista?
Primero se debería aclarar lo siguiente. En el lenguaje político la palabra régimen es recomendable no utilizarla de manera aislada. Es preferible hacerlo en compañía de algún adjetivo que le califique. De lo contrario puede sonar tan simple a como es definida la palabra en el diccionario de la Real Academia Española: “Conjunto de normas que gobiernan o rigen una cosa o una actividad”. Esto último entraría en contradicción con la utilidad que pretenden proporcionarle diferentes “actores” del acontecer nacional.
Lo más correcto sería entonces hablar, cuando menos, de régimen político (RP) pues a lo largo de la historia se han elaborado numerosas clasificaciones de RP, desde la mas antigua hecha por Aristóteles (monarquías, aristocracias y democracias) pasando por la de Montesquieu (república, monarquía y despotismo) hasta la elaborada por el materialismo histórico (de acuerdo con los modos de producción). En ese sentido, compartimos la definición brindada por Bobbio acerca del término RP: “El conjunto de las instituciones que regulan la lucha por el poder y el ejercicio del poder y de los valores que animan la vida de tales instituciones”.
En mi opinión la aproximación más pertinente para la calificación debida del tipo de régimen al cual intentemos referirnos la proporciona la sociología. En ese sentido, la clasificación vendría dada por la manera en como son seleccionadas o arriban al poder las autoridades que integran la clase política rectora. En el caso de Venezuela, el actual gobierno es producto de una escogencia popular y directa. Flanco servicio prestan entonces quienes intentan usar el término régimen con ribetes de descalificación para clasificar al chavismo pues solo lo hacen en razón de supuestos. Que si Venezuela “camina” hacia una dictadura. Que si en el país “existe” un autoritarismo.
Este gobierno debe ser atacado de otra manera. Muchos de quienes acusan al “régimen” de autoritario enfrentan ahora mismo la gran contradicción de ser llamados a participar en el próximo proceso electoral para escogencia de autoridades regionales o municipales y están deshojando un margarita entre hacerlo o abstenerse. Por otro lado, señalan como dictatorial al “régimen” pero por lo general efectúan su proclama desde la butaca de algún medio de comunicación de masas.
Ese par de incoherencias señaladas nos sirven para advertir una parte de las deficiencias en el lenguaje de la oposición venezolana. A simple vista nos revela su audacia para utilizar términos que aparentemente desconocen. Al mismo tiempo, y es lo que considero mas relevante, la simpleza con que observan lo que representa verdaderamente la política. Quizás a esto último se deba su dificultad en estructurar un lenguaje capaz de ser atendido por los sectores populares venezolanos.
Ignacio Betancourt