Estoy a punto de perder mi capacidad de asombro al percibir cómo el liderazgo político que conduce a la oposición venezolana se acerca a la nueva trampa que le tiende el régimen de gobierno. Claro está que el fracaso de aquella promesa mediante la cual se le dijo a los venezolanos que "las firmas estaban blindadas a toda prueba" les ha dejado en un desconcierto tal que, ahora y sin dar muestras de saber qué hacer y cómo actuar, no se percatan que se acercan peligrosamente a una trampa mortal mientras sólo pronuncian frases, realizan gestos y ejecutan acciones, todas acomodadas y acuñadas para el beneficio político o individual de partidos y personas que pretenden pescar en río revuelto, sin darse cuenta que parte de la trampa consiste en acabar con los peces mientras el río está revuelto.
También está claro que el régimen es tramposo, no hace falta hacer análisis para ello. Su único líder así lo ha dicho, basta con recordar sus declaraciones sobre la provocación hecha para generar el paro petrolero que, después de su fracaso a inicios del 2003, nos dejó sin referendo consul tivo y sin nada que negociar en la mesa.
Así es, y al igual que en anteriores oportunidades parece que la trampa funcionará, no porque sea muy buena sino, más bien, porque la presa luce fácil y débil ante el acecho.
De tal manera que la trampa, al igual que en otras oportunidades, está allí. Eso se sabe y se conoce pero, para no caer en ella se requiere de la maña y de la fuerza que ofrece el pensamiento estratégico frente a la génesis de la confrontación política vigente en Venezuela.
La confrontación es entre un pasado odioso y un presente bochornoso que en su lucha le cierran el paso a toda posibilidad de cambio para dejarnos con un futuro incierto.
Para la coalición que gobierna allí está la esencia y ante tal claridad ha sido capaz de captar una numerosa audiencia que le ofrece un amplio piso político que, a su vez, es capaz de tolerar el bochornoso presente gracias al aguerrido combate contra el odioso pasado.
Entretanto, el liderazgo de oposición, por fragmentado y vinculado con el pasado, no ha sido capaz de articular una estrategia efectiva y creíble para ofrecer una salida con un futuro distinto y promisorio.
Ahora, la única promesa creíble que se escucha es la de la unidad para impedir el triunfo de los candidatos del régimen en las próximas elecciones de autoridades regionales, entre tanto la esencia de la confrontación queda de lado y la trampa sigue armada: el régimen gana tiempo, cierra cada vez más sus cuadros, fortalece posiciones y concentra esfuerzos para favorecer la radicalización.
Pendejo aquel que cae dos veces en la trampa del mismo cazador o como dice el refranero popular: "Qué culpa tiene la estaca si el sapo salta y se ensarta".
GUAICAIPURO LAMEDA MONTERO
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