El edificio del chavismo sigue en pie, pero sus columnas están carcomidas, las vigas oxidadas y está profundamente debilitado; puede ocurrir que un acontecimiento imprevisto desate una cadena de acontecimientos inmanejables, y se produzca una nueva situación. Sin embargo, una dirigencia responsable no puede apostar al azar. Parece imperativo prepararse para un camino que puede ser largo, en el cual la organización desde abajo, en barrios, urbanizaciones y fábricas, sea el sostén del nuevo período de lucha. Lo que no se puede es esperar que a cambio de espejitos se entreguen las esperanzas de la sociedad, ofreciendo que, ahora sí, el Gobierno va a respetar la aspiración a una consulta electoral pulcra. Chávez sólo admitirá contarse cuando esta sea la salida más barata que se le pueda presentar; cuando tenga una situación en la que se le diga, con certeza, o te cuentas o te vas.
La decisión de la Sala Electoral le ha dado a la sociedad democrática venezolana el respaldo que, en un Estado de Derecho normal, habría sido suficiente para convocar en forma inmediata el referendo revocatorio. Los tríos de la Sala Constitucional y del Consejo Nacional Electoral han dicho que no van a aceptar esa decisión. De tal modo que cuando se plantea que la oposición se apoye en la decisión de la Sala Electoral, no es porque espera que el Gobierno la acate, sino porque es un aval político, jurídico y moral de sus luchas. El pueblo democrático venezolano tiene la legitimidad política que le ha dado su combate incansable; tiene la legitimidad social que le comunica ser la mayoría del país; tiene la legitimidad internacional que le otorga el reconocimiento dado por la comunidad de naciones; y ahora tiene la legitimidad jurídica que le procura la Sala Electoral. Esa trascendente decisión ha hecho que una nueva fase de la lucha se haya inaugurado y que la resistencia ante el autoritarismo tenga legitimidad constitucional y legal.
APOYARSE EN LA SALA ELECTORAL no es adoptar un camino judicial interminable, que, por lo demás, está cerrado, sino emplear una decisión que favorece a las luchas democráticas, para añadirles dosis mayores de fortaleza y escrupulosidad. Así como no hay que ser ilusos para pensar que una decisión judicial de esa magnitud va a ser acatada por el régimen, tampoco hay que serlo para pensar que el CNE va a negociar una salida que implique un referendo con el cual Chávez va a salir del poder.
Se ha hecho claro que todas las peripecias del Gobierno han estado dirigidas a escamotear la posibilidad de realización del referendo revocatorio. Ha sido un camino necesario; ha permitido que la ciudadanía adquiera conciencia de sus derechos, y de las dificultades que representa defenderlos frente a un régimen autoritario. Los ciudadanos hoy son más maduros, más recios y mucho más conscientes del tamaño del reto que tienen delante de sí. Este largo recorrido, lleno de dolores, traumas, alegrías y victorias, ha permitido el nacimiento de un sentimiento tal vez olvidado, el de la solidaridad; en esas marchas y en esas luchas, los ciudadanos han superado barreras, diferencias, y ha comenzado a nacer una sensación vigorosa de hermandad, que anticipa un país mejor. Junto a estos resultados ha habido otros, de naturaleza política. El principal de los cuales ha sido el de desnudar la naturaleza del régimen; sus personeros, para tratar de mantener ciertas formalidades, se han empeñado en decir que no se oponen al RR; pero, la lucha paciente de la sociedad democrática ha logrado que sea absolutamente claro que el régimen le teme, como a un espanto, a la consulta electoral.
Recorrer ese camino ha tenido un inmenso valor, tanto para robustecer las convicciones ciudadanas como para hacerle evidente al mundo la catadura de Chávez. Este proceso, sin embargo, no puede llevar a crear ilusiones sin fundamento. En el pasado hubo dirigentes que aseguraron que el RR era inevitable y se hizo creer que en tres o cuatro meses el Presidente estaría fuera de su cargo. No ocurrió así; lo que quedó, a muchos, fue frustración y enojo. Ahora la responsabilidad es señalar lo absolutamente intolerable que es, para la conciencia democrática de la sociedad, el diseño que hizo el Trío Patético del CNE con los reparos; no se trata de no negociar, sino que la negociación tiene límites. Al momento de escribir estas líneas, esos límites se han rebasado y concurrir a los reparos, que además violan flagrantemente la decisión de la Sala Electoral, sería un suicidio.
LA MAYORIA DE LOS dirigentes de la oposición están en la tesitura de no convalidar la trampa montada que desconocería la decisión de la Sala Electoral y convalidaría el complot oficial. Sin embargo, en la izquierda conservadora y en la burocracia oposicionista hay quienes consideran que convivir con Chávez hasta el 2006 no es mala idea, porque así podría surgir una "nueva oposición" que, según piensan, sus integrantes comandarían. Por supuesto, esto no es más que fruto del pensamiento oficinesco, que no tienen nada que ver con la emoción de los ciudadanos; al menos con lo que se puede observar en el contacto diario de la calle.
Uno de los problemas centrales es que las masas populares, los ciudadanos, andan por un lado y ciertos dirigentes por otro. No es nueva la situación, pero es más dramática ahora. Hay quienes nunca han sido reales líderes de nada, nunca han estado en contacto directo con los sentimientos de la gente y, por tanto, no se sienten obligados a reconocerlos, a respetarlos, a dialogar con los seres humanos que los portan para debatirlos. Cabe imaginarse qué pasa por la cabeza de un jefe político que considera que tiene derecho a negociar las firmas "planas" sin que ninguna consulta, autorización o debate haya mediado con esos ciudadanos que van a ser víctimas del fraude, una vez más. Cabe señalar, por cierto, que no pocos de los que dicen encarnar una lucha democrática contra Chávez representan la misma intolerancia de éste cuando hay disidencias. Lo mismo que él le dice a sus partidarios para ahogar la discusión, "no les den armas a los enemigos", se pretende usar también por parte de quienes creen tener a Dios agarrado por la chiva y procuran impedir el sano debate dentro de las estrategias de la opo sición.
CUANDO SE HA PLANTEADO la opción de la resistencia, algunos de estos personajes del "colaboracionismo" se burlan y caricaturizan lo que este camino puede significar. Lo hacen para darle cobertura a la idea de cohabitar con Chávez hasta el 2006. De todos modos, la resistencia que se plantea no es violenta porque la ciudadanía organizada no tiene armas ni su estrategia es fanática. No es una resistencia aventurera para salir de Chávez "como sea". Es la asunción de un hecho dramático como el de comprender que los caminos democráticos para la sustitución del régimen se muestran ocluidos; se trata de entender que la lucha tiene que pasar a una dimensión nueva, tal vez de un plazo más largo que el que las reglas del juego democrático hacían posible y permitían prever.
El edificio del chavismo sigue en pie, pero sus columnas están carcomidas, las vigas oxidadas y está profundamente debilitado; puede ocurrir que un acontecimiento imprevisto desate una cadena de acontecimientos inmanejables, y se produzca una nueva situación. Sin embargo, una dirigencia responsable no puede apostar al azar. Parece imperativo prepararse para un camino que puede ser largo, en el cual la organización desde abajo, en barrios, urbanizaciones y fábricas, sea el sostén del nuevo período de lucha. Lo que no se puede es esperar que a cambio de espejitos se entreguen las esperanzas de la sociedad, ofreciendo que, ahora sí, el Gobierno va a respetar la aspiración a una consulta electoral pulcra. Chávez sólo admitirá contarse cuando esta sea la salida más barata que se le pueda presentar; cuando tenga una situación en la que se le diga, con certeza, o te cuentas o te vas.
CARLOS BLANCO
carlosblanco@cantv.net