La sentencia definitiva de la Sala Electoral agota la etapa propiamente institucional, convirtiéndose en un nudo gordiano que fue cortado en cuestión de minutos por una orden expresa del caudillo, a través de la sumisa decisión de la Sala Constitucional; ya la apariencia de legalidad se dejó a un lado y hay revolución hacia dentro y también hacia fuera. Para el régimen ni siquiera vale la pena hablar de democracia, sino de consolidación de la revolución.
La hegemonía, cuyo componente ideológico es un populismo militarista, a diferencia de la Revolución Rusa de Octubre, de la Revolución Francesa y la separación de la Unión Americana del imperio Inglés donde se impuso la clase media, ha diseñado un humillante programa de persecución y exterminio de la clase media venezolana, que es sin lugar a dudas un objetivo fundamental del llamado "proceso".
LA REVOLUCION es generosa con la dirigencia política tradicional y emergente, les permite sobrevivir, hacerse a la idea de una especie de oxígeno boca a boca facilitado en aras de los principios democráticos, un poco para hacerles creer que puedan irse fortaleciendo en el camino. Sin embargo el lineamiento básico permanece oculto a medias y es depurar o destruir a la FAN, la Iglesia, Fedecámaras, CTV, los medios de comunicación y sobre todo a la gente movilizada en defensa de sus derechos, porque éstos son sus enemigos reales.
Cuando interesa la hegemonía sostiene que por encima del dogma y de la Constitución está siempre el soberano, y cuando se quiere lo contrario se le niega al firmante su derecho a disentir y votar. A su vez la Coordinadora Democrática opera mediante una burocracia que no consulta, ya que no ha creado mecanismos permanentes de relación con el electorado, o un sistema de encuestas para conocer cuál es la voluntad colectiva. En resumen, la CD actúa de acuerdo a sus intereses, que en muchas ocasiones no coinciden con la voluntad colectiva.
La consecuencia es la actual atmósfera de desconcierto, entre presos políticos y la violación de los derechos humanos más elementales, de allí que la oposición deba reordenar sus líneas, fijar estrategias globales, jugar limpio, mostrar un mensaje fresco y potenciar la inmensa fuerza de movilización de los ciudadanos, en especial ante la mascarada que ha mostrado la verdadera naturaleza del régimen revolucionario.
DESDE LA CUSPIDE del poder se ha ido imponiendo un militarismo de opereta, mientras la dirigencia política se niega a trabajar a mediano plazo, organizando a los ciudadanos, creando conciencia y combatiendo con acciones concretas el autoritarismo. La sociedad civil opositora muestra una capacidad de desempeño muy superior a la de las organizaciones partidistas, porque éstas confrontan problemas internos y dudan frente a las alternativas y los riesgos.
Un sector de la oposición ha mostrado una visión de la anticipación, que le ha permitido argumentar que las revoluciones no hacen elecciones y el referéndum revocatorio se hace imposible, en un espacio político donde todas las instituciones son controladas por la hegemonía. Después de esta reflexión han variado las tácticas y se aprecia un renovado entusiasmo, pero un sector de la CD sigue negociando al borde del precipicio y ya flotando en el vacío.
La revolución es implacable con sus enemigos reales y lo ha demostrado con los hechos; sin embargo: "En la naturaleza humana hay un remedio contra la tiranía capaz de mantenernos a salvo bajo cualquier forma de gobierno", Samuel Johnson.
JUAN MARTIN ECHEVERRÍA
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