La disyuntiva de ir o no ir a los reparos no es nada fácil de resolver, como plantean José Antonio Gil y John Magdaleno en el último reporte quincenal de Datanálisis. Las posiciones frontales y conciliatorias dentro de la oposición van desde "no asistir, bajo el argumento principista de no negociar las firmas", hasta la contrapuesta que consideran que es preciso evitar cualquier intento apresurado de patear el tablero.
El maniqueísmo de algunos analistas que califican la primera postura como extremista y la segunda como "come flor" distorsiona la realidad porque los argumentos que sostienen ambas posiciones son de peso.
En efecto, quienes no quieren ir se apoyan en que la invalidación de firmas contraría principios de derecho electoral elementales y piensan que el gobierno ya tiene preparada la "celada", que consiste en dejar que la oposición fracase en el intento de reparar firmas, en el marco de unas reglas diseñadas para evitarlo. Quizás el argumento más poderoso de este grupo es que la consecuencia inmediata que tiene el fracasar es relegitimar a Chávez en el poder. Por ello, luce razonable que quienes sostienen la posición dura indiquen que aceptar algunos días más para el proceso de los reparos, la disposición de más centros y computadoras, no cambia sustancialmente el escenario de la "celada".
DEL OTRO LADO, quienes quieren participar también tienen argumentos de peso. El primero es que negociar sirve para enviar la señal de que se están agotando todos los recursos institucionales y democráticos posibles. Al mismo tiempo, el "olfato político" de algunos dirigentes intuye que la mayoría de la gente desea agotar esta última vía, entre otras cosas porque la mayor parte de los venezolanos no ha caído realmente en cuenta de que ya estamos en un régimen autoritario y predictatorial. De modo tal que hacer el esfuerzo de participar, para que el gobierno tenga que descararse aún más, sería la mejor vía de legitimar otros métodos de lucha en el futuro.
Una tercera posición es la de los más radicales, quienes nunca han aceptado el referéndum ni las negociaciones, insistiendo siempre en su propuesta de la desobediencia civil porque el régimen no respeta ley ni derechos.
En realidad, las 3 posiciones pueden compatibilizarse flexibilizando los términos en que se plantean y, sobre todo, demostrando que las tres están asistidas por razones de peso. Por ello, lo mejor que pueden hacer los dirigentes de la oposición es reconocer la validez de los argumentos de cada posición, pero también evaluar sus debilidades.
La mayor debilidad de no negociar es el camino alternativo que debe ofrecerse después de su impecable razonamiento, pues, aun cuando se mencione a la desobediencia civil como la alternativa a seguir, es obvio que la gente poco "entiende" el significado de esta ruta. Precisamente esta poca disposición a la confrontación ha sido una de las razones por las cuales algunos dirigentes de la oposición se han aferrado ciegamente a la estrategia pacifista, sin preparar simultáneamente a la población para otros escenarios de lucha, que hasta los más light ya empiezan a ver como indispensables para terminar esta historia.
Por su parte, la mayor debilidad que posee la posición negociadora es que el gobierno, habiendo preparado la "celada", siempre podrá argumentar que la oposición no tuvo la capacidad de recoger las firmas requeridas y que, como consecuencia, no hizo lo contemplado en la Constitución.
Por último, la debilidad de los más radicales es que, si bien tiene razón en que Chávez no se va por las buenas, su problema es que no se llega a la desobediencia civil sin antes "calentar la calle" para que quienes prefieren el juego pacifista pasen por experiencias radicalizadoras y se convenzan que no hay más vía que la rebelión garantizada en el artículo 350 de la Constitución.
LAS TRES POSICIONES tienen razón y en el fondo, todos los caminos conducen a Roma, pasando por las siguientes estaciones: Negociaciones duras, insistencia en la calle sufriendo represión y desobediencia civil.
El seguimiento de esta secuencia puede ser que resulte de la evolución de los hechos, aunque no se haya formulado un plan estratégico y todavía no aparezca quien pueda liderarla. Sin embargo, lo que sí debe estar claro es que de Referéndum Revocatorio antes del 19 de agosto, ni hablar, vayamos a los reparos o no.
LUIS VICENTE LEÓN
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