Hay dos tendencias de organización humana: Sociedad cerrada o sociedad abierta. Los extremos ideológicos de derecha (i.e. nazismo) o izquierda (i.e. nueva izquierda francesa; bolivarianismo venezolano) suelen promover soluciones de sociedad cerrada: control bajo el dominio de un líder-Estado ungido como único intérprete del pueblo. La Historia nos repite que las sociedades cerradas no sólo terminan mal, sino además no resuelven los problemas sociales sino los agudizan.
¿Por qué los seres humanos vuelven a las mismas soluciones violentas y despóticas que reiteradas en la Historia se han revelado catastróficas e inviables?
¿De dónde proviene esta atracción terrible hacia la muerte?
Carl Schmitt, jurista alemán, colaborador del régimen nazi y antisemita confeso, sostenía que la política es el espacio definido por la distinción "amigo/enemigo", siendo la hostilidad condición natural humana que define lo político y justifica, por ende, la guerra, la dictadura, el crimen y el exterminio. Cuando el investigador norteamericano le preguntó en Nuremberg por el Holocausto le recordó con cinismo: "La Cristiandad terminó también en el asesinato de millones de personas".
La falla argumentativa de non sequitur podría haber sido aducida por el investigador: ¿Qué tiene que ver? ¿Acaso "él hizo lo mismo" justifica mi crimen?
Es también falla teórica del irracionalismo que reúne hoy a fundamentalismos orientales con izquierdas europeas y reivindicacionismos de los pueblos del Sur contra la globalización y el pensamiento racional de las sociedades abiertas. Lo que Schmitt, con todos sus méritos teóricos, nunca explicó es ¿Por qué, si la amistad es parte del par definitorio de lo político, no explorar ese camino y construir una sociedad que, reconociendo la necesidad de la hostilidad, sea basada en la tendencia a la cooperación.
Con todos sus errores, hegemonías y belicosidades, las sociedades abiertas al menos tienden a la vida y a la recreación de la amistad y los intereses comunes.
La justificación ética del colaboracionismo de los intelectuales con regímenes totalitarios, pasados y presentes, no está en las teorías políticas que ellos postulan o asumen, sino en sus corazones, en sus mentes.
Pues también las personas tienen dos formas de reaccionar a sus problemas: odiar o amar.
RUTH CAPRILES
Publicado por Nelson Amaral Duarte em Abril 22, 2004 08:32 PM