Vamos a los reparos, a la trampa, o la victoria. Si los representantes de la oposición en las mesas se dejan tomar el pelo, si los que firmaron no lo vuelven a hacer, si la oposición se divide, Chávez no habría triunfado, se habría suicidado la oposición. Eso sí: o vamos todos a los reparos, o que nadie vaya.
Si mañana Chávez saliera de Miraflores sobraría quien justificara con buenas razones un golpe de Estado, el tema quedaría con el tiempo restringido a las aulas de la escuela de historia de la UCV. Todavía se discute si el 18 de octubre le abrió las puertas a Venezuela a la democracia, o fue un vulgar golpetazo. En la política no hay nada como el éxito. La mañana del 12 de abril a nadie le molestó que el ejército le hubiera pedido la renuncia al presidente de la República, y una vez vuelto Chávez a Miraflores la verdadera crítica a Carmona, injusta por otra parte, fue haber dado un golpe de Estado a medias, casi vergonzoso, dejando de lado que habían sido los militares quienes depusieron a Chávez y lo volvieron a colocar en Miraflores. A ellos le corresponde toda la gloria del 11 de abril, por eso ahora se lavan las manos y dicen que por esos días estaban dedicados a volar papagayos.
Si fuera posible alzar a toda la población, tomar la plaza Catia, colocar barricadas en el 23 de Enero, cerrar las autopistas, sentarse un millón de personas en las calles, y avanzar hacia Miraflores, si aceptáramos pagar el precio de unos cuantos muertos, ya Chávez se habría caído. Pero no es así. Como diría Marx no están dadas las condiciones objetivas. Al contrario.
La realidad es que todavía hoy 24 de abril los líderes de la oposición no logran siquiera pasearse por la plaza Catia. A Claudio Fermín le cayeron allí el otro día a tomatazos. Serán sin duda unas minorías violentas las que se comportan así, pero mientras no se haya logrado siquiera reconquistar un espacio en Catia parece apresurado decretar el alzamiento nacional, sabiendo que la orden sólo se cumplirá en Santa Paula, el Cafetal, y el Hatillo. Con el tiempo se volteará la tortilla. Y también entonces una minoría antichavista le caerá a tomatazos a Juan Barreto en Catia. Esto no está ocurriendo ahora: el monopolio de la violencia lo tiene el chavismo. Por ahora, quizá.
Esos son los duros hechos, la terca realidad. Olvidarlo llevaría a repetir tragedias como las del paro. Esto obliga a seguir por las vías democráticas y pacificas, que de paso aconseja también los observadores internacionales.
Como las cosas son así, como no hay golpe de estado a la vuelta de la esquina, como tampoco hay la posibilidad de un alzamiento generalizado, hay que ir a los reparos. Agarrando aunque sea fallo. Sin ilusiones, claro.
El miércoles a mediodía a este cronista se le acercó en un restaurante un amigo a explicarle la solución a la crisis del país "El día que la gente baje con una lata de gasolina a la calle se cae Chávez". A continuación la persona nos contó que en unos días viajaba a Nueva Zelandia y lamentó que no lo acompañaran sus hijos, costaba demasiado el pasaje. Sin duda tenía razón, siempre y cuando fuera él quien bajara con la famosa lata de gasolina a la calle, acompañado de sus hijos, dispuestos a que los mataran.
Quizá algún día la violencia no sólo sea la única salida, sino habrá la certeza de ganar en ese terreno. Por ahora discutamos sobre la necesidad, o no, de asistir a los reparos y a las elecciones regionales.
La decisión no dependerá de un criterio moral o jurídico, sino de las alternativas que enfrenta la oposición. La carta que envía Carter al presidente Chávez, no al CNE, sin esperar siquiera a conocer la opinión de la Coordinadora, como si se quisiera dejar bien en claro la opinión internacional, significa un espaldarazo a los reparos, y de paso un regaño para Chávez. Si la oposición rechaza asistir a los reparos se aislará. Igual que Carter claramente pidió a la oposición que escogiera una opción democrática y política, esta vez le pide que vaya hasta el final por ese camino.
Algo queda está claro, si todas las fuerzas políticas que participan en la Coordinadora no apoyan los reparos, los que carguen con esa responsabilidad políticamente se suicidarían, si algo saliera mal. Y por ahora está claro: la falta de fe en los reparos amenazan con hacerlos fracasar.
¿Qué viene después?
Chávez hasta el 2006.
En la Coordinadora los partidarios de acudir a los reparos vigilan con un ojo a sus compañeros que los acusan de colaboracionistas, y al propio gobierno que con un gesto les movería el piso sobre el cual actúan con facilidad. Buena parte de la opinión pública cree que en los reparos la oposición caerá en una trampa, advierten contra otro error de la Coordinadora los mismos que fueron responsables del paro y del fracaso del 11 de abril. Algo hay de cierto: la peor decisión que tome la Coordinadora será aquella que no compartan sus integrantes. Decidir ir a los reparos bajo el dedo acusador de parte de los que antichavistas, llevará al peor de los mundos posibles: pagarán un importante precio político y se arriesgarán a que el chavismo gane los reparos. ¿Cómo entusiasmar a los que se les pide volver a firmar, si se piensa que participan en una burla miserable, porque de una forma, u otra, el invencible Chávez les tomará el pelo?
Hay tanta desconfianza en el CNE que sólo el pleno acatamiento de la decisión de la Sala Electoral convencería a algunos, olvidándose que evidentemente si fuera así viviríamos en un pleno estado de derecho, no existiría la Sala Constitucional, ni siquiera la Sala Plena, seríamos suizos.
¿Ganará la oposición los reparos? ¿520.000 venezolanos de un universo superior a un millón volverán a firmar? ¿250.000 venezolanos negarán haber firmado? Según las encuestas el 85% de los venezolanos volverían a firmar, casi 900.000. ¿En 3 días efectivos firmarían? A los representantes de la oposición en las mesas impedirían que hubiera trampas, tendrían diariamente una copia del acta correspondiente de los resultados?
¿Valió la pena recoger firmas, presionar por el revocatorio? Por lo menos esto le dio una bandera a la oposición, consiguió movilizar a millones de venezolanos, creó las condiciones para que la Sala Electoral tomara su famosa decisión, puso al Tribunal Supremo contra la pared. Todo esto no ha sido inútil. Aunque ocurriera lo peor en los reparos se habría dado un paso adelante, hacia ese levantamiento militar en pro de la democracia, o hacia ese alzamiento civil suicida contra un ejército, grupos paramilitares, y buena parte de la población que todavía apoya a Chávez.
Acudir a los reparos no cierra los otros caminos, los cuales, insistimos, serán posible cuando mediante la lucha política, la tarea día a día, sea posible a cualquier dirigente de la oposición recorrer la plaza Catia. Antes de decretar el alzamiento colectivo habría que disputarle, a como diera lugar, esos territorios al chavismo. Eso no está ocurriendo. La batalla verdadera no es en la plaza Altamira, sino en el corazón de los barrios marginales venezolanos.
Por ahora, igual que las elecciones regionales, los reparos y el eventual revocatorio, son episodios de una guerra larga.
Al final todo depende de la visión que se tenga del momento político. ¿Puede en bloque la oposición abstenerse? Hay en la calle furor, mucha gente que exige a través del Internet una actitud radical. Si vamos a los reparos hay que convencer a la gran masa de los venezolanos.
Entre paréntesis, ¿Qué piensa Súmate de los reparos? Hasta ahora Súmate es la única institución respetada por toda la oposición. Valdría la pena conocer su opinión.
Vamos a los reparos, a la trampa, o la victoria. Si los representantes de la oposición en las mesas se dejan tomar el pelo, si los que firmaron no lo vuelven a hacer, si la oposición se divide, Chávez no habría triunfado, se habría suicidado la oposición.
Eso sí: o vamos todos a los reparos, o que nadie vaya.
FAUSTO MASÓ