Abril 25, 2004

TIEMPO DE PALABRA

No es el tema de los reparos el que divide a la oposición sino el diagnóstico sobre el régimen de Chávez. Esta es la madre del cordero. Hay quienes piensan que este es sólo un gobierno incompetente, con excesos autoritarios derivados de la personalidad de su jefe, y ahíto de bribones a los cuales hay que domesticar. Otros, por el contrario, estiman que se asiste a la instauración de un proyecto nacional e internacional, cuya vocación autoritaria no deriva de las distorsiones de la personalidad de su líder, sino de la esencia de un socialismo tardío, combinado con altas dosis de nacionalismo y militarismo, lo cual le comunica aspectos fascistas a su implantación.


Ese debate no se da a plenitud por cierta orfandad intelectual y porque las jugadas tácticas tienden a dominar la discusión. Es conmovedor ver cómo el sector de la oposición que impone los reparos de las firmas "planas", con la idea de preservar la democracia que el Gobierno estaría amenazando, se comporta en muchos casos como Chávez: niega la discusión, descalifica a quienes sostienen una posición distinta, acusa de golpistas _como hace aquél_ a quienes discrepan y termina, con el uso de prácticas estalinistas, imponiendo su criterio.

Cabe imaginar lo que harían estos personajes si llegaran al gobierno: tal vez idéntica intolerancia con la disidencia; sólo que esta vez se haría en nombre de la anémica democracia recuperada, que no admitiría demasiadas disputas y estremecimientos. No entienden estos comisarios que unidad no es unanimidad. Que a la indispensable unidad se llega por el debate. Que sólo el debate permitió que quienes hacían carantoñas a Chávez en 1999 hoy sean combatientes de oposición y que varios de los aspirantes a ministros de la revolución hoy sean críticos, aunque algunos muy "light".


LOS INTOLERANTES DE la burocracia opositora han llegado al convencimiento de que no se pueden seguir los dictados de la "multitud promiscual" y que más le vale a ésta aceptar sus criterios. Parten de la idea de que ser sumisos a las creencias de la masa no es lo que hace una dirección política esclarecida. No les falta razón, salvo por el hecho de que no existe una dirección política esclarecida. Los dirigentes no deben seguir a las masas, pero sí escucharlas; los jefes políticos recogen a través de sus organizaciones el palpitar de la sociedad, lo elaboran y conforme a esa alquimia, dirigen. Sin embargo, el deterioro de los partidos ha impedido esa circulación entre las bases y la dirección.

Es posible que el sector que desea imponer a la oposición los reparos de las planillas "planas" lo logre. Pero no lo habrá hecho como producto de un debate con la sociedad cuyas firmas ha negociado, sino como expresión del poder burocrático que ostenta dentro de la Coordinadora Democrática y, ¡oh, sorpresa!, de cierto poder mediático que ha logrado rasguñar.


LOS ARGUMENTOS ESENCIALES empleados son dos: el primero, se refiere a no abandonar ningún espacio de lucha; y, el segundo, se remite a que no hay ninguna alternativa viable. La necesidad de no dejar de luchar en ningún espacio es inobjetable; salvo que esté perdido de antemano y sea una manera de desviar la consecución del objetivo. El supuesto esencial es que reparando firmas, incluidas las "planas", se lograría forzar el referendo.

Desde el punto de vista analítico sería perfectamente posible. Si se necesitan 580 mil firmas y la reparación implica un universo de casi un millón doscientos mil, no debería ser quimérico. Cabe preguntarse, sin embargo, si un gobierno que ha matado, torturado, perseguido y encarcelado para restringir el ejercicio de los derechos políticos; que ha violentado el esfuerzo de más de tres millones y medio de ciudadanos; ahora va a aceptar, dadas las virtudes de los negociadores, que se realice el RR.


EL RR NO ERA ni es imposible. Pero sólo era y es viable si la suma de fuerzas que se emplea para alcanzarlo es de tal naturaleza que el régimen no tenga más opción que contarse. Pero no ha ocurrido así, los sectores que auspician los reparos a cualquier precio han desmovilizado a la sociedad cuando se ha tratado de apoyar la decisión de la Sala Electoral o cuando se ha buscado mantener la presión en la calle. Ir a los reparos dejando de lado la protesta vigorosa y la decisión de la Electoral, concentrándose en la negociación burocrática, no es usar todos los espacios de lucha sino abandonarlos todos menos uno. Tal vez hasta ese también.

El sector colaboracionista de esa oposición que quiere ir a reparos argumenta que hay que aceptarlos para "desenmascarar" al régimen; por ese camino se puede seguir desenmascarando al régimen en las elecciones regionales, en el 2006, en el 2013 y hasta en el 2021. Siempre será una buena ocasión para mostrar como trituran la voluntad popular. Siempre será una buena ocasión para salir derrotados, pero con cara de victoria. Siempre será una buena ocasión para ser la leal oposición a Su Majestad, Hugo I.


EL OTRO ARGUMENTO es que no hay opción diferente a los reparos. O que la única opción es una improbable aventura golpista. Analíticamente es un argumento incorrecto. Si una vía no es apropiada; sigue no siéndolo aunque las alternativas no existan, sean brumosas o peligrosas. Sin embargo, el problema central es que los caminos alternos no han sido explorados; no se han desarrollado las potencialidades que presenta la idea de organizarse para la resistencia, de recurrir a las formas de organización social que han surgido en todo el país, de plantearse el desarrollo de una fuerza potente que obligue a una consulta.

Salvo pequeños grupos, la idea de un golpe militar es ajena a las luchas que esta sociedad libra. Más bien, trabajan por el golpe quienes diluyen la fuerza ciudadana e incrementan su desesperación, quienes sólo procuran puertas que abren otras puertas las cuales abren más puertas y que sólo terminan en puertas que conducen a las primeras. Aunque, debe decirse, disfrutan inmensamente abriendo puertas en cuartos vacíos. Es el liderazgo de los porteros.

Tampoco ha de venirse con el argumento de que la comunidad internacional es la que quiere estos reparos. No es verdad. Lo único cierto es que ni la Organización de Estados Americanos ni el Centro Carter van a correr el riesgo de quedar como quedó la Sala Electoral, tomando una actitud que luego la oposición deseche y los deje colgados de la brocha. La OEA y el Centro Carter irán siempre, siempre, diez pasos atrás; nunca jugarán posición adelantada.

Hay dirigentes que creen, honradamente, que hay que reparar las firmas "planas". Pero para cierta burocracia, ir a los reparos es la manera de justificar su presencia en unas elecciones regionales viciadas y el camino de enigmáticas candidaturas presidenciales. Esta es la verdadera mano peluda detrás de la emboscada.

CARLOS BLANCO
cbgarcia@cantv.net

Publicado por Nelson Amaral Duarte em Abril 25, 2004 06:50 PM
Comentários