La prolongación de la controversia sobre los reparos puede resultar ociosa y contraproducente a estas alturas. Todo parece indicar que se está estructurando una mayoría alrededor de la idea de participar, porque con todo y las irregularidades, omisiones e inconsistencias que presenta la data suministrada por el Consejo Nacional Electoral (CNE), la obtención de la cifra mínima requerida luce fac tible.
Esto no garantiza que el triunfo esté asegurado ni mucho menos. Ya se ha dicho hasta la saciedad: al Presidente la palabra revocatorio le produce espanto y los reparos son la última piedra en el camino a superar para lograrlo. Si se hubiera impuesto la tesis de quienes rechazan el tránsito, hasta el final, de la ruta democrática, es decir, acudir a los reparos, en este momento Chávez y sus conmilitones estarían celebrando con whisky del bueno una victoria por forfeit.
Los reparos prolongan la lucha y ahora buscarán todas las maneras de enterrarlos: el chantaje para propiciar el reparo negativo, el sabotaje en los centros de firmado y el fraude, ya perceptible en la desaparición de 300 mil firmas, mediante la intervención "indirecta" en el proceso, además de los imponderables. Y porque no será fácil es que, de concretarse definitivamente un acuerdo en la Coordinadora, será necesario lograr, si no la unanimidad, sí la mayor suma posible de voluntades.
Un análisis de las fortalezas y debilidades de la oposición a la hora de participar en el proceso nos indica que sólo con una férrea determinación, expresada en un mensaje claro, fuerte, preciso y entusiástico, que no deje lugar a la menor duda sobre los objetivos y la estrategia de la Coordinadora, será posible atraer de nuevo al millón cien mil y pico de ciudadanos cuyas firmas han sido objetadas. Pero no sólo se trata de contagiar a la gente con el fuego de la participación, sino de volcar hacia el CNE un seguimiento hombre a hombre, un control milimétrico en el cual se integren los observadores del Centro Carter y de la OEA, que para eso están aquí.
Ya se sabe que hay ventajas, como el hecho de que el mayor número de firmas objetadas se concentran en estados con claro dominio de la oposición, pero esto no será suficiente si no se establece una maquinaria organizativa y de seguimiento como las desplegadas otrora por los grandes partidos y últimamente por los voluntarios de Súmate, en todas las fases del acto electoral.
Y aun así de nada servirá este modelo de eficacia operativa si no se transmite a los firmantes la sensación de unidad, expresada en un hecho concreto, real, que vaya más allá de las apariencias y mucho más allá de los pequeños intereses. Para eso lo recomendable es cesar desde ya cualquier tipo de agresión, cancelar los insultos, deponer las diferencias y tratar de convencer a quienes insistan en rechazar los reparos para que se sumen a la cruzada.
Al fin y al cabo la desobediencia civil, la rebelión popular y el camino de la insurrección no están, ni pueden estar descartados y las diferencias, en realidad, se remiten a una cuestión de tiempo porque si, llegado el caso, se consuma el fraude o se desconoce el veredicto popular, entonces será imperativo considerar otro tipo de método para imponer la regla básica de la democracia: el triunfo electoral de la mayoría.
ROBERTO GIUSTI
Publicado por Nelson Amaral Duarte em Abril 27, 2004 12:44 PM