Chávez siempre ha entendido que el juego del poder revolucionario debía desarrollarse en dos tableros, el nacional y el internacional. Antes del 4F, Chávez y sus compañeros de insurrección discutieron muchas horas qué hacer frente a Estados Unidos si el alzamiento triunfaba y la respuesta de la OEA era organizar una invasión de una fuerza multinacional que seguramente sería encabezada por Colombia, estado con el cual se encontraban establecidas viejas hipótesis de guerra. Los jefes bolivarianos llegaron a la conclusión de que sería necesario reforzar la frontera y llegar a acuerdos secretos con fuerzas insurgentes colombianas para que sirvieran de muro de contención frente al enemigo común: la oligarquía colombiana.
Pero también se hizo un plan alternativo de diálogo con el gobierno de Estados Unidos. Si la revolución triunfaba, se plantearía como un gobierno de transición, de base fundamentalmente ética, que procedería a impulsar la reconstrucción de la vida política nacional para dar paso a nuevas formas de prácticas democrá ticas. Ese gobierno temporal le prometería a Estados Unidos su respeto a los acuerdos petroleros y a las inversiones de las trasnacionales.
El pronunciamiento fracasó, pero el esquema de acción frente al eje Estados UnidosColombia siguió casi sin alteraciones. Cuando Chávez llego al gobierno por la vía electoral su primer movimiento diplomático fue garantizarle a la Casa Blanca suministro seguro de petróleo.
El embajador Maisto se transformó en el vocero más eficiente y creíble de las buenas intenciones de Chávez con Estados Unidos. Esa línea política hacia Venezuela predominó en Washington hasta que Chávez demostró que su discurso revolucionario, más allá de las palabras, se traducía en una dinámica política antiestadounidense continental, donde la Revolución Cubana desempeñaba un papel clave. Pero el lobby petrolero de Texas y el Departamento de Estado convencieron a los halcones de la Casa Blanca y el Pentágono que Chávez entregaría el poder a través del referendo revocatorio presidencial, y que bastaba con presionarlo para que se produjera la muerte de la revolución por la vía "pacífica, democrática, electoral y constitucional".
Colombia fue un convidado de piedra en el juego petrolero de Estados Unidos. Hoy, cuando el referendo revocatorio es solamente una ilusión reparable, Uribe ha activado el Plan Patriota, versión actualizada del Plan Colombia, que se diseñó cuando Chávez todavía no estaba en el poder. En la estructuracion del nuevo Plan participaron jefes del Comando Sur y funcionarios de los Departamentos de Estado y de Defensa de EEUU. De acuerdo al diario El Tiempo, de Bogotá, el Plan Patriota movilizará, en un primer paso, 15 mil efectivos de las Fuerzas Armadas regulares para "penetrar los sitios más recónditos de las FARC". La financiación del Plan Colombia-Patriota, de acuerdo a El Tiempo, "estaría garantizada por EEUU para los próximos tres anos". Paralelamente, el Departamento de Estado afirmó, en el informe "Patrones del terrorismo global 2003", que "las recriminaciones públicas" de Chávez contra las políticas antiterroristas estadounidenses "han ensombrecido y obstruido la limitada cooperación" entre ambos gobiernos.
Doce años son nada.
ALBERTO GARRIDO
Publicado por Nelson Amaral Duarte em Mayo 6, 2004 08:15 PM