El apoyo de algunos presidentes latinoamericanos se esfumó. Ya no están ni Lula, ni Kirchner. Sólo queda Castro. Y sólo queda un régimen desesperado en su soledad, que sabe que sólo valiéndose de trampas descaradas como las que hemos visto en el CNE, en el TSJ y en la Asamblea Nacional, puede prolongar su inevitable agonía.
La dialéctica de la historia recurriendo a términos marxistas no permite retroceder a etapas ya superadas. Es irracional pensar que en el siglo XXI se pueda instaurar un caudillo al estilo del siglo XIX, más aun cuando la Guerra Fría de mediados del Siglo XX quedó en el pasado.
LA INMENSA MAYORIA de los venezolanos observamos con gran preocupación que se nos quiera imponer una revolución, con la cual están en desacuerdo la mayoría de nuestros compatriotas. ¿Es posible una revo lución como la que el presidente Chávez intenta imponer en el país? Veamos:
Al terminar la II Guerra Mundial, las dos grandes superpotencias habían desarrollado arsenales atómicos capaces de destruir a la otra y, de paso, destruir la mayor parte de la civilización. La paz del mundo pasó a depender de una nueva doctrina conocida como "la destrucción mutua asegurada". Ninguna de aquellas potencias se atrevía a atacar directamente a la otra, pues sabía que sin duda alguna ella también sería aniquilada.
EEUU, a la cabeza del capitalismo y la URSS encabezando el comunismo, se enfrascaron en un nuevo tipo de guerra conocida como "Guerra Fría". De aquel conflicto saldría victorioso el que fuese capaz de imponer el sistema que propugnaba.
LAS SUPERPOTENCIAS no se enfrentaban directamente entre ellas, pero sí lo hacían en las áreas de influencia de la otra. Así EEUU apoyó a líderes de naciones que defendían el capitalismo, aunque sus métodos no fuesen muy ortodoxos. La URSS hacía lo mismo, con mayor facilidad pues por definición se oponía a la democracia.
Una de las más feroces batallas de la Guerra Fría tuvo lugar en Cuba. Una vez que Fidel Castro derrocó a Fulgencio Batista, no tardó mucho en plegarse al bando comunista. Sabía que por esta vía obtendría el respaldo que requería de la URSS para mantenerse en el poder.
La posición geográfica de Cuba resultaba vital para Moscú, que procedió a instalar en la isla cohetes con ojivas nucleares capaces de alcanzar todas las ciudades norteamericanas.
Cuando aquellos cohetes fueron descubiertos, EEUU le exige a la URSS retirarlos. El mundo cae en una situación desesperada, en la cual bien pudo materializarse la doctrina de "la destrucción mutua asegurada". Un acuerdo de última hora entre los dos hombres más poderosos del mundo, Kennedy y Krushov, permite evitar el holocausto nuclear que ya lucía inevitable.
LA URSS SE COMPROMETE a retirar los cohetes de Cuba y EEUU a retirar los que tenía emplazados en Turquía. Adicionalmente, Kennedy se compromete a que su país no derrocaría a Fidel Castro. Aquello le ha garantizado la supervivencia a la revolución cubana por más de 45 años, aunque en el proceso el pueblo cubano ha pasado a ser uno de los menos libres y más pobres del mundo.
La URSS le dio todo el apoyo a Cuba, pero a cambio la isla fue utilizada como trampolín para exportar la revolución comunista a otras naciones latinoamericanas y africanas. Venezuela, Chile, Bolivia, Argentina, Centro América, Angola y muchas otras naciones fueron víctimas, en mayor o menor grado, de aquellos ataques que formando parte del ajedrez de la Guerra Fría, se organizaban desde Cuba.
Pero, hoy en día, la realidad mundial ha cambiado. El comunismo, que fue capaz de promover Estados y ejércitos poderosos, evidenció una incapacidad total para lograr mecanismos capaces de propiciar las libertades o mejorar el nivel de vida de los ciudadanos.
Por eso el comunismo resultó vencido. Comenzó a desplomarse en Polonia, tras lo cual, uno tras otro los países de la llamada órbita soviética lo abandonaron. En 1989 cayó el Muro de Berlín y en 1992 se desintegró la propia URSS.
Visto todo lo anterior, a uno no le queda sino preguntarse ¿qué oportunidad tiene un revolución como la que se intenta imponer en Venezuela? La gran realidad es que no tiene ni la más mínima oportunidad de mantenerse en el tiempo. Va a contrapelo con la historia. Ni siquiera cuenta con una ideología. Desaparecida la "Guerra Fría", nadie apoya locuras de este tipo.
LA IMAGEN ROMANTICA de un líder popular que luchaba por los indígenas y contra las injusticias sociales y raciales, ya quedó atrás. La comunidad internacional ya sabe que los venezolanos no experimentamos confrontaciones raciales y que los problemas sociales y los de los pocos indígenas que viven en Venezuela, se han profundizado.
El apoyo de algunos presidentes latinoamericanos se esfumó. Ya no están ni Lula, ni Kirchner. Sólo queda Castro. Y sólo queda un régimen desesperado en su soledad, que sabe que sólo valiéndose de trampas descaradas como las que hemos visto en el CNE, en el TSJ y en la Asamblea Nacional, puede prolongar su inevitable agonía.
La dialéctica de la historia recurriendo a términos marxistas no permite retroceder a etapas ya superadas. Es irracional pensar que en el siglo XXI se pueda instaurar un caudillo al estilo del siglo XIX, más aun cuando la Guerra Fría de mediados del Siglo XX quedó en el pasado.
JOSÉ TORO HARDY
josetor@telcel.net.ve