Mayo 25, 2004

LA NATURALEZA DEL RÉGIMEN

Demasiado tiempo ha sido pospuesto el debate sobre la naturaleza del régimen de Chávez o la llamada "revolución bolivariana". Necesario no tanto por razones de orden académico o de registro histórico, sino por sus consecuencias políticas sobre las estrategias más certeras para superar la hegemonía.

Voces reconocidas como las de Manuel Caballero, Héctor Silva Michelena, Aníbal Romero, Rafael Arráiz Lucca, Antonio Pasquali, Francisco Plaza o Emeterio Gómez, le han comenzado a dar cuerpo y vitalidad a la polémica.

Hasta ahora pareciera que el eje principal de la discusión se sitúa en las coordenadas ideológicas de izquierda o derecha. Un campo indispensable, desde luego, para tratar de desenmarañar al supuesto "proceso de cambios". Pero también, y en no poca medida, insuficiente.

Desde mi muy modesto rincón, digo y repito que el régimen de Chávez es ante todo una satrapía. Una satrapía es un despotismo habilidoso, y la que encabeza el señor Chávez es, además, una satrapía militarizada o más bien, militarera.

De allí que más que en la izquierda o en la derecha, la naturaleza del régimen se encuadra en el conflicto entre una satrapía militarera y una república civil.

La "esencia" de este proyecto es la edificación de un Estado militarizado que garantice la permanencia de la cacareada revolución, es decir de la ambición de poder del caudillo único. Para ello es necesario politizar las Fuerzas Armadas y militarizar la política.

Un tema nada original en la trayectoria republicana de Venezuela, ya que la primacía de lo militar en la conducción nacional es, en palabras del ex presidente Ramón J. Velásquez, uno de los factores permanentes de nuestra historia.

Lo novedoso, para llamarlo de alguna manera, es que el propósito de subordinar el conjunto de la sociedad al precepto o dominio castrense, sea el santo y seña que envuelva al país en los inicios del siglo XXI. Más de 45 años después que se iniciara el único período duradero de gobernanza civil.

El nunca bien ponderado Norberto Ceresole sintetizó el pretendido modelo chavista con la fórmula "caudillo-Ejército-pueblo". Esto es, la resurrección del viejo y atávico militarismo de Estado. La clave para conseguirlo es que los militares dejen de ser una institución profesional y no deliberante para convertirse en el verdadero partido gobernante.

Si en algo ha sido consistente el mandato de Chávez, más allá de los bandazos surrealistas en casi todas las áreas de la acción pública, es en la utilización del factor militar como un instrumento personal de poder sobre los más importantes centros de control político, social y económico.

La naturaleza del régimen, por tanto, es inseparable de estas realidades. Del mismo modo lo debe ser la naturaleza de la lucha democrática para construir una república civil. Esperemos que el debate no pase por debajo de la mesa y, muy al contrario, contribuya a crear conciencia. Lo que está en juego no es el matiz tal o el matiz cual de la democracia, sino su propia supervivencia.

FERNANDO EGAÑA
flegana@telcel.net

Publicado por Nelson Amaral Duarte em Mayo 25, 2004 10:29 PM
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