El proceso de deterioro continuo que se mantiene de manera irreversible en el país pareciera que lejos de preocuparle a la administración que lleva a cabo el gobierno nacional, al contrario, son logros que les llenan de satisfacción.
Hay un deterioro general que se observa a simple vista y que acelera la pobreza crítica en las clases más necesitadas. Basta hacer un recorrido por los centros asistenciales para ver cómo se encuentran las edificaciones y cómo se presta el servicio de salud. Son inexplicables y hasta irresponsables las declaraciones del ministro de Salud, Roger Capella, cuando anuncia la estatización de las clínicas privadas y de los institutos que prestan esos servicios, porque ése es el propósito de la revolución. Por ello la mayoría duda que el proceso revolucionario le habrá de solucionar su problema. Lo mismo pasa con la educación. El estado de deterioro y el déficit de puestos amenazan con dejar sin estudios a un número significativo de jóvenes estudiantes. Quizás sea ésta una estrategia para mantener al pueblo con una alta dosis de ignorancia y así poder mentirle y conducirlo por caminos de confrontación, guerra y hambre sólo superables con inteligencia, conocimiento y amor al país.
Las instituciones públicas igualmente atraviesan una situación difícil. Se ha perdido la moral, la mayoría son centros de corrupción donde hacerse de una fortuna fácilmente, imponente y sin peligro alguno de sanción, es la tarea primaria de los administradores y surge en consecuencia la pregunta: ¿Quién es la principal víctima de esta situación? Pues bien, la respuesta es fácil: el mismo pueblo por quien se hacen todas esas barbaridades.
Es el pueblo, angustiado por la situación de vida que lleva, apartado de un futuro mejor y con un distanciamiento cada vez mayor de un nivel de vida donde la salud, la educación, la moral y el progreso se encuentren a su alrededor proporcionándole bienestar y felicidad a su familia. Venezuela tiene un proceso de franco deterioro que puede desembocar en situaciones críticas con consecuencias lamentables. Todo esto que representa un cuadro indeseable y reprochable es lo peor para un gobierno que vocifera la felicidad del pueblo. Surgirá una creciente decepción que motivará a su tiempo el rechazo a una revolución totalmente apartada de propósitos humanos, sociales, políticos y económicos capaces de mejorar el nivel de vida de los venezolanos. El tiempo que perdemos en pugnas estériles es irrecuperable; de manera que cada día se abre más el abismo de la derrota y el dolor. No darse cuenta de ello es como esconder la cabeza en la tierra como hacen los avestruces.
VICENTE LOZANO R.
Publicado por Nelson Amaral Duarte em Mayo 26, 2004 12:43 PM