Mayo 27, 2004

EL REVOLUCIONARIO HIPÓCRITA

El revolucionario tiene una cara fascinante. Es el héroe inquebrantable movido por principios e ideales, es el adolescente rebelde que se niega a sacrificar sus ilusiones por la seguridad o la comodidad, es la glorificación de la independencia utópica al margen de la tranquilidad mercantil o de la felicidad civil, es la dignidad de la causa integradora en lugar de la claudicación y la obediencia servil. ¿Quién si no el burgués sacrifica sus ideales para devenir como cualquiera, quien vende su genio y su integridad por riquezas y placeres, quien renuncia a sí mismo, a la lucha y al amor, por el bienestar material? El mito del revolucionario reinterpreta el grito romántico y nostálgico del héroe arquetipal cantado por los poetas.

Lo que enfurece, entonces, lo que humilla y ensoberbece, es la burda manipulación del mito revolucionario, la hipocresía y la máscara, es ver al falso revolucionario imponiendo conductas indignas sobre la población desvalida, obligando a la claudicación y a la derrota por el miedo de supervivencia.

Después de tantos discursos alabando a Fidel Castro y a Cuba como ejemplos de la dignidad del continente latinoamericano frente a las manipulaciones del capitalismo norteamericano, luego de tantos sermones fingiendo el canto de muerte preferido a la sumisión, cientos de miles de venezolanos están siendo amenazados con ser despedidos por el gobierno si no retiran sus firmas válidas para el referendo revocatorio. Un gobierno fariseo, fingido, que violenta la consciencia del pueblo por medio de la limosna pasajera de las misiones, el fantasma del Che Guevara que ahora obliga a la persona humilde a vender su alma por miedo o por dinero. El hombre común en la precariedad de su vida, la mujer que sobrevive con un pequeño puesto en un organismo del Estado, confronta hoy un doloroso conflicto moral: "mantengo mis principios y mi dignidad o me pliego a los designios del amo para velar por mi supervivencia y la de mi familia". Lo insólito es que sean, precisamente, quienes se han ufanado de pureza antiburguesa los que ahora utilizan el poder corruptor del dinero para mantener su hegemonía, quienes han convertido al pueblo venezolano en una masa de mendigos limosneando los mendrugos del Estado. Nuevamente el petróleo se convierte en excremento del diablo, en instrumento para la dominación de la política imperial de la fementida revolución.

AXEL CAPRILES M.

Publicado por Nelson Amaral Duarte em Mayo 27, 2004 12:09 PM
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