Es como si todo se hubiera detenido, como si el tiempo se hubiera quedado paralizado en las manecillas del reloj. ¿Qué ha pasado en estos cinco años de espera en los que han nacido nuevos niños y en los que nos seguimos sintiendo defraudados, pese a que las voces de aliento dicen todos los días que la pesadilla va a terminar? Somos libres, sí, en la medida en que cada quien se tome la libertad como pueda, como se lo exija su amo más cercano. Una libertad con miedo de todo, de salir a la calle, de ir al cine, de subir a un autobús, de mirar una flor. En estos cinco años, han ocurrido las cosas que nunca hubiésemos imaginado. A nadie se le hubiese ocurrido pensar que pasar por la Plaza Bolívar sería una temeridad. Que caminar por la Avenida Bolívar o cruzar la Baralt, andar por la Avenida Urdaneta después de la seis de la tarde o atreverse a rondar Sabana Grande, podría llevarnos a situaciones de desgracia. Hace cinco años, nos parecía que si le dábamos a la espalda a los viejos políticos todo iba cambiar porque el orden , la pulcritud, la decencia se iba a poner a la orden del día. El hombre dueño del carisma, folklórico y racial, nos encantaba con su frescura, sus chistes de la abuela, la bisabuela y la morrocoya, sus arrumacos con la rubia que engordaba y adelgazaba, sus manotazos a los hombros de príncipes y mandatarios. Eso comenzó hace cinco años y nada ha cambiado. El hombre de cuerpo de cemento sigue ahí, pegado frente a un micrófono, diciendo las mismas pendejadas y amenazándonos con quedarse clavado en su cabina hasta el 2021, mientras seguimos inventando estrategias para poder caminar libremente por las calles, sin que sintamos que nos van a eliminar en cualquier cruce de esquina.
LA REVANCHA
Y vino entonces la revancha. Y ganamos la revancha. Viene ahora otra. Y dicen que el hombre está ya listo para no reconocerla. Que el Quinteto de la Muerte esta preparando su macabro documento para alegar que la CIA, Jaramillo, Carter, Uribe y Súmate se unieron para cometer un magnicidio con el nombre de Revocatorio. Se fue a Guadalajara, sólo para hablar los cinco minutos reglamentarios de la emboscada que le han preparado sus enemigos los escuálidos, fascistas y golpistas venezolanos que durante cinco años no hemos hecho otra cosa que falsear la realidad de su prístino gobierno. No hay que decir "nunca jamás", pero sí "ahora y sin miedo", porque si no ganamos esta batalla, no podremos mañana sentirnos en paz junto a los nuestros.
MARIAHÉ PABÓN
Publicado por Nelson Amaral Duarte em Mayo 28, 2004 12:54 PM