Nada más sensato y tranquilizador que la propuesta formulada por el representante de la CD, Alberto Quirós Corradi, para que en presencia de todas las partes involucradas se proceda a cotejar los resultados electrónicos del referendo con el voto físico, en papelitos, depositado en las urnas.
Luego del innegable espaldarazo que el Centro Carter y la OEA dieron al CNE y a los resultados anunciados, las dudas, aún persistentes, sólo podrán ser despejadas mediante el descarte definitivo de la posibilidad de que se haya producido un fraude electrónico. En otras palabras, que la manipulación del software haya permitido convertir en No lo que era un Sí, trastocándose la voluntad de los electores.
¿Están ya los papelitos en Caracas y, si fuera así, se procedió a su traslado preservando su contenido? No lo sabemos, pero, como lo dijo el propio Quirós, cambiar cinco o seis millones de papelitos requiere mucho tiempo, a diferencia de un simple teclazo de computadora, suficiente para torcer el destino de un país.
De allí la urgencia de que el procedimiento se realice lo antes posible, de manera que no haya tiempo para malos entendidos, de una vez por todas resplandezca la verdad y cada quien asuma el papel que le corresponde. Si las cuentas virtuales coinciden con las físicas, muy bien, la Coordinadora deberá reconocer sin mezquindades el triunfo del oficialismo. Pero si ocurre lo contrario, Chávez tendrá que irse de Miraflores. Ese simple conteo devolverá la tranquilidad al país, restablecerá la calma a punto de perderse y le restituirá al CNE la tan maltrecha credibilidad de sus miembros.
No obstante, las graves irregularidades que precedieron a las mismas votaciones y algunas contradicciones entre las versiones de Carter y de Gaviria, no somos quiénes para poner en tela de juicio la imparcialidad de las instituciones que representan o su eficiencia en la dura tarea de lidiar con procesos electorales en países difíciles como el nuestro. Sólo que el sistema utilizado en Venezuela es nuevo, incluso para ellos, y descartar el fraude también resultará saludable para la OEA y el Centro Carter.
Ahora, el fraude no significa únicamente alterar resultados electorales mediante las artimañas de un hacker. Fraude es, también, el abultamiento artificial del REP, las migraciones inconsultas de electores, las trabas que le pusieron a los votantes en el exterior, la utilización escandalosa de los recursos públicos para la campaña electoral y el abuso de poder, así como la compra de conciencia y la manipulación de los más vulnerables a través de dádivas intrascendentes que no resuelven los problemas de fondo.
Fraude resulta, igualmente, un revocatorio cuyos principales cometidos: reunificar al país, conjurar la violencia y darle salida pacífica a la crisis política, no parecen haberse alcanzado. El país está dividido, como antes, en dos pedazos más o menos iguales y, a juzgar por el discurso del madrugonazo presidencial, no existe la menor intención de rectificar. Antes bien, se dijo que ahora sí Venezuela cambió para siempre y no volverá a cambiar jamás, que es un volver atrás. Es decir, seguiremos pugnando, unos por someter a los otros y éstos por no permitirlo. Y una cosa es cambiar para siempre y otra estar cambiando siempre.
ROBERTO GIUSTI
Publicado por Nelson Amaral Duarte em Agosto 17, 2004 03:59 PM