La decisión del CNE que dio ganador a Chávez en el referendo revocatorio es una salida institucional. Pero no representa una solución política para la profunda división que viven los venezolanos. Algunos coordinadores _no pocos_ de la oposición creyeron, y así lo transmitieron a la masa opositora, que el referendo revocatorio se trataba de una confrontación en el marco de las reglas de la democracia representativa. Jamás fue así. El enfrentamiento entre Chávez y la oposición se planteó entre dos filosofías de vida, dos modelos políticos, dos proyectos de país, dos formas distintas de plantarse en el continente y en el mundo.
Chávez está claro en lo que persigue, pero la oposición está representada por la Coordinadora Democrática, una torre de Babel donde se hablan decenas de idiomas políticos, pero la lengua dominante es la de los viejos partidos, que han cabalgado sobre el descontento existente contra el jefe de la revolución travestidos en conductores de la llamada sociedad civil. De ahí que el "No volverán" y el "No hay marcha atrás" adquiriera sentido para los partidarios de la revolución.
Para los revolucionarios no se trata solamente de repudiar la represión al pasado insurgente. Se refiere a un proceso "en etapa de transición", como lo reiteró Chávez en su discurso de la madrugada de ayer, que a partir de la relegitimación otorgada por el revocatorio entra en fase de aceleración, una precipitación que estaba originalmente prevista para el año 2006, cuando debe realizarse una nueva elección presidencial.
En la nueva etapa, de acuerdo con palabras de Chávez, la Coordinadora tendrá la oportunidad de atravesar la puerta abierta por la revolución para que los racionales adversarios puedan calcular los beneficios de su incorporación al proceso en calidad de políticos de compañía. Quien no quiera pasar por el resquicio que deja el muro rojo será dueño de sus consecuencias. Cuando la puerta se cierre, los que queden del lado de afuera comprenderán por qué Chávez afirma que se está con la revolución o contra ella.
Chávez también ofreció a los miembros de la Coordinadora la posibilidad de acudir a las elecciones de gobernadores y alcaldes, algo que será aceptado por varios de los aliados de ocasión, que tiempo tendrán de sobra para denunciar fraudes en el futuro próximo. Si se suman las elecciones venideras con las de 2005 para parlamentarios y las de 2006 para ratificar constitucionalmente al jefe de Estado, algunos de los antiguos políticos sobrevivirán, así sea en un rincón de Cuarta categoría que parecerá de Quinta.
El proceso seguirá su curso, desafiando a la Casa Blanca hasta que bajen los precios del petróleo o el progreso de la revolución continental se transforme en una amenaza real para el gigante del Norte y entonces el Comando Sur se haga cargo de las cuestiones políticas que hasta ahora son del dominio del Departamento de Estado.
La esperanza del revocatorio como salida "constitucional, pacífica, democrática y electoral" de Chávez del poder ha quedado guardada bajo llave en el baúl personal de Bush, quien no finaliza de comprender que también de petróleo puede morir ahogado un gobierno.
La revolución ha comenzado una nueva etapa. La oposición _interna y externa_ también. Carter y Gaviria pueden retornar tranquilos a sus casas. Por ahora, no volverán.
ALBERTO GARRIDO