Sacar del poder a un presidente democráticamente electo no es un tarea fácil y, por ello, los ojos de la comunidad internacional deben estar puestos en Venezuela, advirtió ayer el subsecretario para asuntos hemisféricos del Departamento de Estado, Roger Noriega, al referirse al proceso revocatorio del mandato del presidente venezolano Hugo Chávez.
Sacar del poder a un presidente democráticamente electo no es un tarea fácil y, por ello, los ojos de la comunidad internacional deben estar puestos en Venezuela, advirtió ayer el subsecretario para asuntos hemisféricos del Departamento de Estado, Roger Noriega, al referirse al proceso revocatorio del mandato del presidente venezolano Hugo Chávez.
''Venezuela es una sociedad profundamente polarizada, y creo que es muy gratificante ver a gente de los dos lados del tema en ese país buscando soluciones pacíficas'', dijo Noriega. ``Es muy, muy importante que la comunidad preste gran atención''.
Según Noriega, el ex gobernador de California Gray Davis ``no dejó su cargo tranquilamente, porque nadie espera que un líder democráticamente electo baje la guardia y sea sacado de su cargo''.
Noriega hizo sus declaraciones ante unas 300 empresarios y funcionarios de América Latina y Estados Unidos que acudieron al segundo día de la séptima Conferencia de las Américas organizada por The Miami Herald en el Hotel Biltmore de Coral Gables.
A la pregunta sobre el origen de la polarización de Venezuela, el funcionario respondió que se debe en gran parte a ``líderes políticos que piensan demasiado en su propio interés y no se unen entre ellos para favorecer el país''.
Venezuela, que se prepara para una jornada de tres días de recaudación de firmas [del 28 de noviembre al 1ro de diciembre] para convocar a un referendo revocatorio, fue uno de los dos temas dominantes de la conferencia, junto a las discusiones sobre la creación del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) .
Horas antes de la intervención de Noriega, uno de los líderes de la oposición de ese país denunció la injerencia del gobierno de Fidel Castro en los asuntos internos de Venezuela.
''La alianza Castro-Chávez es un capítulo oscuro de esta historia'', afirmó el secretario general de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), Manuel Cova. ``Venezuela paga el fracaso del régimen castrista. Ahora representamos para Castro lo que antes fue la Unión Soviética: el financista de una dictadura''.
Esa relación ''es preocupante'', agregó Noriega en una entrevista aparte con El Nuevo Herald. ``América Latina tiene que entender que Castro fue héroe mitológico y hoy es un fantasma del pasado''.
Otros dirigentes opositores venezolanos aseguraron que apostaban a una transición democrática.
Américo Martín, uno de los principales líderes, sostuvo que el referendo será respetado luego de que se recauden 2.4 millones de firmas necesarias, equivalentes al 20 por ciento del electorado registrado, cifra que la oposición asegura podrá superar.
''No se trata de que alguien quiera o no quiera [el referendo]'', señaló Martín a El Nuevo Herald. ``Se trata de que pueda o no pueda, y a mí me parece que en este momento no se puede desencadenar la locomotora de la soberanía popular''.
Si las firmas son recolectadas, el referendo se celebraría en marzo del 2005. De aprobarse la revocatoria del mandato de Chávez --que concluye en 2006--, se convocaría a elecciones presidenciales para elegir un gobierno de transición, que podría durar dos años.
En el caso de que Chávez no acepte un resultado contrario, el suyo se ''convertiría en un gobierno de facto'', aseguró Leopoldo López, alcalde de Chacao, un municipio de Caracas. Pero primero, la oposición deberá encontrar un líder que represente a los distintos grupos que la integran, el cual deberá, asimismo, simpatizar a las masas populares, una tarea que hasta ahora no se ha logrado, según analistas.
La prioridad ahora, no obstante, es ir al ''refirmazo'', como se le conoce al proceso, el cual podría llegar a ser objeto de ''amedrentamiento'' por parte de Chávez, según Henrique Capriles, alcalde de Baruta, otro municipio capitalino. Debido a ello, los líderes opositores llamaron ayer a entidades internacionales a que supervisen el proceso.
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greyes@herald.com
El pueblo venezolano se echará a firmar masiva y pacíficamente a partir del 28 de noviembre. Nada ni nadie podrá impedirlo o evitarlo. No habrá cárceles imaginarias para tantos millones ni tantos cientos de miles de sobre azules para tantos venezolanos que no han mendigado jamás de rodillas por un plato de lentejas.
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Los norteamericanos, ricos en proezas y pobres en mitos -lo cual es motivo de su pragmatismo extraordinariamente fructífero y su fría y provechosa racionalidad- han amado sus fábulas infantiles y han venerado a Walt Disney, el Homero de la literatura animada de esa gran civilización de sedientos buscadores de oro y tenaces constructores de ferrocarriles. En algún momento de máxima idiotía, la izquierda intelectual chilena se dio a la tarea de descubrir al agente de la CIA que latía tras el ingenuo rostro de Tribilín y el capitalista avaricioso y cruento que pretendía dominarnos sumergiéndose en la piscina de relucientes monedas de oro del Rico Mc Pato. No se salvaron Hugo, Paco y Luis ni mucho menos su tío el Pato Donald ni su novia la pata Daisy de verse escarnecidos como agentes del imperialismo norteamericano. Lo insólito es que el responsable de tan absurda semiología de la animación fue nuestro buen amigo Ariel Dorfman que era, de entre todos nosotros - izquierdosos estudiantes de filosofía del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile-, el único pitiyanqui. Gustaba calzar zapatillas de básquetbol y usar gorras beisboleras, cuando en Chile el béisbol era absolutamente desconocido y el básquet deporte del norteamericano y súper exclusivo colegio Saint George. Cosas del subdesarrollo.
Los que nos criamos en barrios populares y en familias comunistas gozábamos en cambio guareciéndonos del abrasador sol del verano santiaguino a la sombra de alguna morera, leyendo con pasión esos gordos y pequeños volúmenes de Walt Disney, que no sólo nos sumergían en maravillosas historias de piratas y tesoros, de selvas y ventisqueros, sino que nos permitían la ilusión de poder animar con el solo correr de las esquinas superiores de las hojas bajo la presión del pulgar y el índice una mini película de dibujos animados. He pasado tardes enteras zambullido en las aventuras del ratón Mickey, de Pete Pata de Palo y su pandilla de chicos malos y sobre todo de los tres graciosos cochinitos y el lobo siniestro que jamás vence sobre la sagacidad y la astucia de sus eternas víctimas. Cuánta seguridad aprendimos a tener siguiendo las enseñanzas que nos traían los tres cochinitos y su gruñón pater familias con esa permanente lección de unión, de solidaridad, de templanza y nobleza. Venía el lobo, desarrapado y furibundo, henchidos sus carrillos con el viento con que pensaba echar abajo la frágil casita del bosque en que se guarecían los cochinitos, para salir siempre trasquilado. ¿Quién le tiene miedo al lobo?
Años después, estudiante en la universidad de Berlín, me apasioné con la maravillosa película en blanco y negro de Mike Nichols según la historia de Edward Albee ¿Quién te tiene miedo a Virginia Woolf? (1966) con Elisabeth Taylor, Richard Burton, Sanndy Denis y George Segal. Todo esto me viene al recuerdo al ver los resoplidos que nos viene echando el lobo de la V República a ver si derrumba las paredes del Reafirmazo y logra seguir gobernando echado en los laureles del supuesto terror que despierta entre los súbditos del reino. Se asoma -si es posible uniformado, que así cree infundirnos más espeluzne- en cuanto acto cuartelero cultural se le presenta para resoplar contra la oficialidad de la Fuerza Armada, contra los funcionarios públicos, contra nuestras modestas amas de casa y contra cuanto bicho de uña imagina se está aprontando para estampar su millonaria y dejar las huellas dactilares de su vocación democrática. Dan ganas de soltar la carcajada, si tras tan indigno gesto no se escondiera el aprendiz de brujo, y preguntar a voz en cuello: ¿Quién le tiene miedo a Chávez Frías?
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Al tiranuelo se le están viendo las costuras. Incluso temo que de tanto inútil resoplido comencemos a agarrarle compasión. Lo cierto es que cuesta amedrentar a un venezolano. Para explicar las razones que me asisten suelo contar dos hechos históricos suficientemente documentados. El primero se refiere a la cantidad de vidas que le costó a la Capitanía General conquistar su independencia: un cuarto de millón de almas. Lo certifica antes que nadie el propio Bolívar. Y nadie lo ha desmentido hasta el día de hoy, desde calificados geógrafos como Pedro Cunill Grau hasta historiadores de certidumbres más bien sospechosas como Federico Brito Figueroa. A lo que habría que sumar la indeterminada, pero probable cifra de más de un centenar de miles de muertos en los espantosos desastres de la Guerra Larga o Federal, en la que sobresaliera como primer pirómano de la república el mismísimo Ezequiel Zamora.
El segundo hecho lo narra el General José Antonio Páez y dado lo extraordinario del suceso prefiero darle la palabra: "Esto resuelto, convoqué a todos los vecinos de la ciudad de San Fernando a una reunión, en la cual les participé la resolución que tenía de abandonar todos los pueblos y dejar al enemigo pasar los ríos Apure y Arauca sin oposición, para atraerlo a los desiertos ya citados. Aquellos impertérritos ciudadanos acogieron mi idea con unanimidad y me propusieron reducir la ciudad a cenizas para impedir que sirviese al enemigo de base de operaciones militares muy importantes, manifestándome además que todos ellos estaban dispuestos a dar fuego a sus casas con sus propias manos cuando llegara el caso y tomar las armas para incorporarse al ejército libertador. Ejecutóse así aquella sublime resolución al presentarse el ejército realista en la ribera izquierda del río. úOh! úTiempos aquellos de verdadero amor a la libertad!".(*)
Estos hechos son tanto más resaltantes, cuanto que en los mismos años la vecina isla de Cuba importaba alrededor de medio millón de esclavos africanos para alimentar su voraz industria azucarera y ponía ingentes recursos monetarios para financiar la guerra de España contra los movimientos independentistas del continente americano. Cuba, y no es malo traerlo a la memoria para vergüenza de quienes la consideran hoy el paraíso terrenal, fue una de las más poderosas aliadas de la metrópoli en su lucha contra Bolívar, quien debió postergar sine die su proyecto de invadirla a ella y a Puerto Rico para culminar su obra americana pendiente, pues ambas islas fueron los últimos enclaves del imperialismo español. ∆l y Sucre temieron casi hasta el fin de sus vidas por la invasión final del Imperio que, fracasado Morillo, vendría desde sendas islas del encanto. ¿Qué hubiera sido de Cuba de haberse topado con su independencia de la mano de Bolívar y sus llaneros a comienzos del diecinueve, como Dios mandaba y no la hubiera recibido de regalo en la proa de las cañoneras norteamericanas en 1898? ¿Se hubiera tropezado siglo y medio después con el tirano que le ha escamoteado medio siglo de libertad? ¿Hubiera estado inoculada contra la abyección de repugnantes dictadorzuelos, véase el Dr. Castro, como lo estamos nosotros?
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Hoy, casi doscientos años después de esa independencia que quedó pendiente en Cuba para siempre y convirtió a Venezuela en la patria libertaria que, a pesar de los pesares, continúa siendo, pretende su epígono infundirnos temor. ¿Quién le tiene miedo a Hugo Rafael Chávez Frías? Yo quisiera traer a colación dos refranes caninos que podrían darnos algunas luces sobre los acontecimientos sobre los que somos históricos y privilegiados protagonistas los venezolanos: perro que ladra no muerde y muerto el perro se acabó la rabia.
Para impedir el Reafirmazo, para burlarle con recursos fraudulentos o para minimizar sus efectos devastadores sobre el régimen, Chávez tendría que ser capaz de echar a andar una represión comparable a la que pretendiera Morillo sobre nuestra naciente república. Al precio de un brutal fracaso. Ni Gómez: "misterioso y terrible como la noche", "ángel y tigra parida", "el paranoico, el monstruo, la ignominia de los Andes Equinocciales" -como lo calificaran sus contemporáneos- pudo impedir la expresión de esa voluntad levantisca, igualitaria y corajuda de un puñado de muchachitos venezolanos que se burlaran en sus barbas de su tiranía, preparando el camino de la democracia. Entre ellos Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Isaac Pardo, Luis Beltrán Prieto Figueroa. Esos son los ancestros directos de estas luchas que nos enorgullecen, de estos combates que han impedido el establecimiento y la consolidación en nuestra Venezuela democrática e igualitaria de una tiranía de nuevo signo. Por eso, sabiéndose perdido, monta un gigantesco fraude: copa con malas artes todas las instancias operativas del CNE a espaldas de nuestros dos representantes y con el complaciente beneplácito del trío que dirige el Dr. Carrasquero, chavista hasta la médula, así se rasgue sus vestiduras en pretendida imparcialidad.
Pero es imposible remar contra las profundas corrientes de la historia. Los pueblos avanzan con la potencia de los deslaves y la fuerza de las torrenteras. Sólo los memos, los necios o los pobres de espíritu pueden pretender levantar "la espada de Bolívar por América Latina" y esperar algo que no sea la resurrección de viejos e inútiles fantasmas. Bolívar descansa en su tumba, malversado por los oportunistas, los miserables y los bobos, como él mismo lo presagiara en aquella carta a Antonio Leocadio Guzmán de 1829, y que es bueno volver a citar para vergüenza de los estúpidos o los estafadores que hoy lo invocan: "si algunas personas interpretan siniestramente mi modo de pensar y en él apoyan sus errores, me es bien sensible, pero inevitable; con mi nombre se quiere hacer el bien y el mal, y muchos lo invocan como el texto de sus disparates".
El pueblo venezolano se echará a firmar masiva y pacíficamente a partir del 28 de noviembre. Nada ni nadie podrá impedirlo o evitarlo. No habrá cárceles imaginarias para tantos millones ni tantos cientos de miles de sobre azules para tantos venezolanos que no han mendigado jamás de rodillas por un plato de lentejas. Quien tanto se ha escarbado los entredientes con el nombre de Bolívar recibirá una prueba inequívoca de que la patria del Libertador sigue tan viva y tan orgullosa como siempre. Y que le ha salido al paso.
¿Quién le tiene miedo a Huguito?
(*): Autobiografía de José Antonio Páez, Tomo I, pág. 158. Caracas, 1987.
email:sanchez2000@cantv.net
Las últimas arengas de Chávez han estado dirigidas a matizar el heroísmo de las rebeliones históricas de acuerdo a una visión arcana tendiente a resaltar el odio; único avío que conoce para manejar el "Estado".
Las últimas arengas de Chávez han estado dirigidas a matizar el heroísmo de las rebeliones históricas de acuerdo a una visión arcana tendiente a resaltar el odio; único avío que conoce para manejar el "Estado".
Las rebeliones de Negro Miguel (1533) contra la explotación esclavista en las minas de oro de El Tocuyo y La Realista (1813-1814) contra los propietarios de hacienda, tenían un cierto carácter laboral y racial. Las rebeliones de Andresote (1731); San Felipe (1740-1741); El Tocuyo (1744); Juan Francisco De León (1749-1751); de Los Comuneros (1781), estuvieron orientadas por reivindicaciones económicas y contra el manejo impositivo de la Guipuzcoana. Por su parte La Conspiración de Los Linares (Francisco, Manuel, José González), en 1910 y La de Los Monagas (1831), fueron rebeliones políticas contra el orden para posesionarse del poder. La Militar del 1o. de Enero de 1958 fue para derrotar la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.
¿Cuál es la rebelión de Chávez? El movimiento indigenista de Bolivia es el ardid que ahora utiliza para avivar un escenario de odio que nunca ha existido en nuestro país. Su rebelión no va más allá de desatinados resentimientos sociales. La diferencia entre rebelión y resentimiento es que este último conlleva una actitud de ferocidad contra nuestros valores más nobles. El resentimiento es una difusa turbación de tirria, agresividad, envidia y encono, todo unido, al mismo tiempo, a la sensación de impotencia para expresar civilizadamente la animosidad que alberga contra los demás. En otras palabras, el reconcomio no es otra cosa que una continua actitud de hostilidad. Aunque algunos lo perciban como inocuo e ineficaz, revela aspectos muy peligrosos.
Cuando esta fibra logra extenderse, proliferan acciones irracionales que llevan a la violencia. Los rencores en una sociedad hendida, como la nuestra, hace que se reproduzcan los apremios más ruidosos. ¡Evitémoslo con el firmazo!
miguelbm@telcal.net.ve
Es menester reconocer la diferencia que existe entre los ideales genuinos y los ficticios, distinción tan fundamental como la que se da entre lo verdadero y lo falso. Todos los ideales genuinos expresan el deseo de algo que todavía no se ha realizado, pero que es necesario para el desarrollo y el bienestar de la sociedad. Sabemos que la pobreza, el hambre, la intimidación y el aislamiento están dirigidos contra ese bienestar. La revolución de Chávez no es genuina porque sus ideales son ficticios y sus resultados nefastos para ese bienestar.
A medida que el presidente se confronta con el fracaso de su proyecto político (según él, revolución), se ve cada vez más aislado, abrumado por las dudas y por sentimientos de soledad e impotencia; le surgen entonces impulsos de destrucción y un anhelo de poder desmesurado. Se abusa de la palabra para
ocultar la verdad. Se juega con la ingenuidad e inocencia de nuestro pueblo para encubrir los devaneos y delirios de un enfermo de soberbia. Se pretende
subordinarnos y manipularnos con la incontinencia del verbo populista y falso.
¿Y entonces porque no reaccionamos? ¿Tenemos temor?
El miedo a la libertad es la manifestación de una crisis profunda que abarca los cimientos mismos de nuestra nación. Para fortalecer nuestro espirito democrático debemos reemplazar la manipulación impune y el enfrentamiento
permanente, dinamos de la anarquía, por la cooperación activa e inteligente
extendiendo el principio del gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo involucrando a todas las esferas sociales para de esa forma tener condiciones políticas, sociales y económicas dirigidas al desarrollo pleno de nuestra nación. Debemos unirnos, solidificando la conciencia colectiva para marchar como un ente único contra el despotismo.
Para quien carece de poder, la justicia y la fortaleza moral que deriva de la
defensa de la verdad constituyen las armas más importantes en la rebelión
dirigida a defender la democracia y la libertad.
La victoria sobre todas las formas de sistemas autoritarios será únicamente
posible si la democracia no retrocede, asume la ofensiva y avanza para realizar
su propio fin, tal como lo concibieron aquellos que lucharon por nuestra libertad.
Democracia y Revolución en Venezuela: ¿Un fraude?
No existen sistemas de gobierno que necesiten tanto de grandes líderes
como la democracia, básicamente porque esta no se ejecuta por sí misma; es
necesario el liderazgo para hacerla nacer y desenvolverla. Los grandes líderes
democráticos son visionarios. Poseen un instinto para el futuro de sus naciones, un rumbo a seguir e un puerto a alcanzar.
La Venezuela democrática ha sufrido en carne propia esa ausencia de liderazgo
viendo como frecuentemente ese papel ha sido asumido por seudo-líderes , muchas veces con falta de preparación y conocimientos para la tarea de gobernación y otras veces por caudillos populistas que se enquistan como un tumor carcomiendo los pilares morales y políticos de la nación jugando con sus sueños y esperanzas.
Desde Páez hasta Chávez este país ha sido cubierto por la maldición de la incapacidad de sus dirigentes políticos. Nos han vendido ilusiones y nos han timado. Se ha jugado con la ignorancia e ingenuidad de nuestro pueblo. Hoy,
solo quedan frustraciones y rencores. Una nación astillada y sumergida en la
mas profunda crisis moral y financiera que jamás haya conocido.
Por eso no se entiende que el pueblo no acabe de despertar: Hombres como Chávez se encaraman al poder con el objetivo de satisfacer sus deseos de poder y sus proyectos megalómanos. Hay que apearlo del caballito de su seudo revolución. Una revolución que no pasa de un gigantesco fraude: mas hambre, mas pobreza, mas injusticia, menos desarrollo, castas sociales (los militares) privilegiados por encima del resto de la sociedad civil: ¿son estos los predicados de la revolución?
Debemos despertar nuestras conciencias. Cuando nuestro pueblo asuma intrínsicamente su lucha por la libertad y el verdadero espirito democrático, a ese pueblo, no lo parará nadie. Y nuestro primer grito de rebelión debe ser lanzado para luchar por nuestros derechos y nuestras libertades.
Los déspotas no sobreviven a la férrea voluntad democrática de los
pueblos. Pero esa voluntad solo se construye con conciencias limpias y libres;
con hombres que crean y luchen por sus principios. Que defiendan sus derechos
practicando sus deberes. Así, seremos verdaderamente libres e iguales
fortaleciéndonos como nación cumpliendo con él autentico sueño de Bolívar.
El pueblo aguarda con serenidad. La serenidad es, sin dudar, el primer
paso para suprimir toda forma de miedo.
En Ciencia Política la idea de participación tiene un profundo significado e especial importancia a la hora de analizar, interpretar y valorar la democracia como sistema de gobierno y forma de vida social. En efecto, no se puede soslayar que la participación es consubstancial con la democracia, al punto de afirmarse que la existencia, desarrollo y perfectibilidad del régimen democrático depende del grado de participación que en él se observe.
En Ciencia Política la idea de participación tiene un profundo significado e especial importancia a la hora de analizar, interpretar y valorar la democracia como sistema de gobierno y forma de vida social. En efecto, no se puede soslayar que la participación es consubstancial con la democracia, al punto de afirmarse que la existencia, desarrollo y perfectibilidad del régimen democrático depende del grado de participación que en él se observe.
Valga significar, no se concibe la genuina democracia sin la participación activa de los ciudadanos; de ahí que (por muy buena intención que se tenga) se incurre en un pleonasmo cuando se habla y escribe sobre la llamada democracia participativa: la democracia para que sea tal, requiere –necesaria e indispensablemente- de la participación (activa y efectiva) de los ciudadanos, no sólo en el mero conocimiento de los asuntos públicos sino en lo que atañe a la búsqueda y concepción de métodos o vías destinadas al tratamiento de los mismos, esencialmente en orden al examen y puesta en práctica de las soluciones efectivas a los problemas (comunales o sociales) inherentes a tales asuntos.
Por otra parte, conviene subrayar: una cosa es contentarse con una participación aislada o limitada de los ciudadanos en lo atinente a los asuntos comunitarios; y otra, muy distinta, es propugnar y lograr mayor participación del pueblo con el propósito de perfeccionar la democracia. El papel y la función del pueblo, en el ejercicio activo de la democracia, no debe circunscribirse a ser mero espectador de los hechos, decisiones y acontecimientos de los que es esencial protagonista. En otras palabras, lo reiteramos: la mera democracia representativa (el solo hecho de convocar periódicamente a los ciudadanos para que elijan a sus representantes), constituye una limitación al ejercicio del régimen democrático. Y, el hecho de que se procure y propugne una expansión de la participación cívica o que se luche por ampliarla, no significa –en puridad de verdad- que estemos en presencia de una evolución de la democracia representativa o indirecta: la representatividad, es un elemento de la democracia (muy importante, por cierto); y la participación es otro elemento, en nuestro concepto, de mayor trascendencia.
Las raíces del concepto de participación cívica y su relación consubstancial con la democracia, las encontramos en la antigua Grecia. La Política, entendida como todo aquello que se relacionaba con la vida de la polis (la ciudad), interesaba sobremanera al hombre libre. Mucho le debemos al interés de los atenienses, digamos, a sus inquietudes acerca del principio, finalidad y trascendencia del hombre en todos los órdenes y aspectos. En ese contexto se hallaba la preocupación de los grandes pensadores griegos por la búsqueda de un paradigma en lo atinente a la vida en sociedad, dentro de la cual se ubicaba el orden que debía concretar la estructura política en general. Ellos tenían claro, según su creencia, que los dioses inspiradores de su conducta y comportamiento también aseguraban la vida en un clima de paz, armonía y sana convivencia entre los hombres; por consiguiente, cualquier evento o amago que violentara esa “especial concordia” era estimado como estigma maligno, así la guerra como los ímpetus de los jefes que sólo querían concentrar el poder para sí. De este modo, desde entonces, se asentaban las bases para considerar la democracia no sólo como una de las formas puras de gobierno, de las que hablaba Aristóteles, sino como sistema de vida comunal, en especial como la única modalidad de gobierno en la que el hombre tenía abierto y garantizado el objetivo de participar no solo para su beneficio particular sino –lo que se estima más importante y significativo- para lograr y ampliar el progreso colectivo.
Con gran razón y sentido analítico y visionario, el gran tribuno Pericles proclamó (en su oración ante la tumba de los atenienses caídos en la guerra del Peloponeso):“Consideramos al ciudadano ajeno a los asuntos públicos no como un amigo de la quietud, sino como un ser inútil”. En esa frase encontramos, la ratio essendi de la participación ciudadana como elemento clave para la cabal comprensión del ideal democrático. Fijémonos: los asuntos públicos, por su naturaleza y proyección, atañen por igual a todos y cada uno de los componentes de la comunidad. Evidentemente, la participación e intervención consciente –en sentido constructivo y positivo- reviste especial significado para la creación, el progreso y el avance de la sociedad en todos sus órdenes y aspectos.
De ahí que la democracia, se recalca, más que una forma de gobierno constituya un estilo de vida en la que el ciudadano tiene la obligación de participar. Por eso, tiene el derecho de estar informado de las cosas que atañen a la vida comunal. En la participación activa ubicamos la esencia de la democracia. Por eso, el mismo Pericles en aquella misma ocasión, puntualizó:"La administración de la república no está en pocos sino en muchos. Por eso, cada uno de nosotros, de cualquier estado o condición que sea, si tiene algún conocimiento en virtud, está tan obligado a procurar el bien y honra de la ciudad como los otros. Y no será nombrado para cargo alguno, ni honrado por su linaje ni solar, sino tan sólo por su virtud y bondad". En tal sentido, quien no participaba se convertía prácticamente en un ser sin sentido lógico de la vida, en un parásito, mudo o algo parecido, pues faltaba a un especial deber por no intervenir en el conocimiento y solución de los problemas que eran comunes a todos los integrantes del grupo social. Evidentemente, entonces como ahora, era conveniente y necesario buscar en el seno de la sociedad a los más capaces, a los mas idóneos (no necesariamente los aristócratas clásicos) para asumir la conducción de lo asuntos públicos; individuos que justamente por su conocimiento y preparación, estuvieran prestos a buscar a oportuna asesoría, la cabal consulta y, sobre todo, que tuvieran por norte el respeto a la plena independencia de las distintas funciones y poderes públicos, o que implicaba (e implica) huir de la concentración del Poder Público en una sola mano; tal situación estaba y está en abierta contradicción con la democracia y un contrasentido respecto de la necesaria participación del pueblo en los asuntos que directamente le atañen.
Estas ideas (reflejo de realidades), nos indican que el afán a favor de la instauración de un régimen autocrático, esto es, que se trace como meta la concentración, el control y dominio de todas las ramas y funciones del Poder Público en una sola persona, se tropieza de plano con la genuina esencia de la democracia. Existe una antinomia entre democracia (régimen de libertades) y el empeño por dominar todas las instancias del poder en función bien de un ímpetu exclusivista o egoísta o bien con el propósito de satisfacer planteamientos ideológicos totalmente desfasados y comprobadamente inviables.
En Venezuela, nuestra amenazada democracia aún contempla formas que buscan una mayor participación del pueblo en los asuntos públicos: los planteamientos, por ejemplo, a favor de los referéndums (como medios de expresión de la democracia semidirecta), expuestos con motivo de la Reforma Constitucional formulada desde 1989, fueron acogidos favorablemente en la Constitución de 1999. Dentro de estos mecanismos, encontramos el Referéndum Revocatorio, previsto en el Art. 72 de la Carta Magna.
El pueblo reclama y exige, de modo firme, consecuente y patrióticamente reiterado, la aplicación de esta modalidad de participación cívica, como una salida constitucional y pacífica a la extrema crisis (política, social y económica) que nos afecta. Estamos en camino de hacer realidad esa diligencia. A quienes no beneficia el Referéndum no les falta la intención y el empeño para torpedearlo, dilatarlo y sabotearlo, no importan los medios. Para ellos, poco importa la voluntad mayoritaria del pueblo; para ellos la democracia, en su genuina significación, es un obstáculo para sus fines inconfesables de dominación.
Siendo el Referéndum Revocatorio una clara expresión de un derecho constitucional, una modalidad de la participación política, debe ser respetado en toda su extensión: es cobarde avalar y, por tanto, no se justifica ninguna traba, maniobra o inconveniente de parte del sector que trata de pertrecharse en los parapetos del poder, intentando demorar y obstaculizar por todos los medios a su alcance la libre y legítima aspiración de las grandes mayorías nacionales. Se quiere impedir, a toda costa, una salida democrática. Frente a esa absurda e ilógica pretensión, el pueblo puede levantarse con ímpetus de impredecible proporción y consecuencias. Estamos al lado de la expresión mayoritaria del pueblo amparado en la justeza de su lucha y contra ese empeño no se pueden afincar las garras de la opresión y la tiranía.
Nos solidarizamos con los que consideran que el Referéndum Revocatorio es un primer paso para enrumbarnos por senderos que nos conduzcan –de modo más seguro y efectivo- hacia la superación de los grandes problemas nacionales y, esencialmente, un instrumento (de especial significado y trascendencia) para el perfeccionamiento de la democracia.
Reinaldo Ramírez Méndez
reiramm@hotmail.com
Con la certidumbre de estar representando el sentir de una mayoritaria corriente de opinión democrática en la sociedad venezolana, expresamos el profundo disgusto que, en el actual contexto nacional y regional, produce la presencia, la prédica y lo que hoy encarna -como doctrina y como acción- el Presidente Hugo Chávez.
Con la certidumbre de estar representando el sentir de una mayoritaria corriente de opinión democrática en la sociedad venezolana, expresamos el profundo disgusto que, en el actual contexto nacional y regional, produce la presencia, la prédica y lo que hoy encarna -como doctrina y como acción- el Presidente Hugo Chávez.
Festejan su presencia aquellos sectores que están coaligados con el Partido Comunista y la más arcaica izquierda, el movimiento ex guerrillero “Tupamaros” y en general los grupos marxistas y filomarxistas que fieles a su perversa ideológica, antinatural e injusta, propugnan y defienden sistemas totalitarios, liberticidas y criminales.
Pero los auténticos demócratas, vemos en el Presidente Chávez al impulsor de un proceso de cubanización de Venezuela. Su identificación ideológica con el tirano cubano nos provoca el más enérgico repudio.
Del mismo modo, nos causa rechazo profundo su vínculación con los más siniestros regímenes comunistas y con promotores del terrorismo mundial. Son elocuentes las fotografías que muestran efusivos abrazos del Presidente Chávez con “Tirofijo”, el dirigente de la criminal narco-guerrilla marxista de Colombia, con Khadaffi y con Saddam Hussein, entre otros.
El populismo demagógico del Presidente Chávez quiebra la integración armónica de la sociedad al fomentar el odio y la lucha de clases. Atenta, además, contra la Iglesia Católica y contra el sector privado de la economía, justificando expropiaciones, confiscaciones e invasiones de tierras privadas. En suma, desconoce el derecho de propiedad y la libre iniciativa de los particulares y fomenta un intervencionismo estatal asfixiante y liberticida.
Miles de cubanos, formando una especie de ejército de ocupación en suelo venezolano, con el pretexto de ser educadores, médicos o deportistas, ya se han infiltrados en la población e integran el aparato gubernamental del Presidente Chávez que viene desmantelando las Fuerzas Armadas para transformarlas en milicias revolucionarias.
Debe agregarse a ello, las amenazas del gobierno de Presidente Chávez a sus oponentes pretendiendo además amordazar a los medios de comunicación. Casi veinte mil funcionarios de PDVSA han sido destituidos injustamente por él.
El régimen del Presidente Chávez entrenó y puso en acción a grupos patoteriles que infunden terror en la población: son los denominados “Círculos Bolivarianos” que actúan brutalmente (al estilo de los “Comités de Defensa de la Revolución”, CDR, cubanos). Recuérdese que ya han muerto decenas de opositores pacíficos en Venezuela.
No puede perderse de vista que el hoy Presidente Chávez fue golpista y declara “día de júbilo” el 4 de febrero de cada año por ser la fecha de su frustrado golpe de Estado.
Por último, no es justo olvidar a los millones de venezolanos que resisten heroicamente la embestida del autoritarismo gubernamental y arriesgan sus vidas cada día. Esos millones de venezolanos -desde dentro y fuera de su Patria- confían ver muy pronto a Venezuela libre del autoritarismo.
Desearíamos ver que los derechos y libertades cobren vigencia plena, real y efectiva en Venezuela, incluyendo la inmediata realización del Referéndum Revocatorio que demostrará fehacientemente el rechazo mayoritario de la sociedad venezolana al régimen del Presidente Chávez y hará evidente la ilegitimidad de su gobierno autoritario.
Gaspar Rizzo
Kyres@mail.pt